Cuando tenía 16 años, Ricardo Piglia, a modo de diario íntimo, comenzó a plasmar su vida en una serie de cuadernos, todos iguales, con tapas de hule negro, que 50 años después comenzó a revisar, y en el proceso, reescritura mediante, dieron origen a Los diarios de Emilio Renzi, tres volúmenes sobre aquel personaje, alter ego del escritor, que aparece y reaparece en muchas de sus obras.

Junto a esa obra, el proceso de revisión quedó plasmado en “327cuadernos”,  película de Andrés Di Tella que documentó, durante más de dos años, ese recorrido íntimo de alguien que reexamina su propia existencia.

La película, caracterizada por Di Tella como un “diario cinematográfico” se presentó en 2015 en la sección Zabaltegi del Festival de cine de San Sebastián, que este año, para su 64° edición convocó al director en un doble rol: para oficiar como jurado de la sección Horizontes, y para presentar en el Espacio Tabakalera, un moderno centro cultural inaugurado el año pasado, su instalación “327 cuadernos”, “cine desbordado”, explica Di Tella en diálogo con Palabras.

“Cuando empecé con la película me pareció que reducir todo el registro de una vida, de la vida de Ricardo Piglia reflejada en sus diarios, a un largometraje, era una tarea imposible. Cuánto, en definitiva  podía entrar, me preguntaba. Y en principio pensé hacer una película que sea siempre distinta.

Mi idea era armar unos treinta episodios, de los cuales  en cada función se proyecten unos diez, una idea un tanto loca que yo entendía me permitía recuperar en la experiencia cinematográfica algo de lo aleatorio que implicó el proceso de revisión, y que, al mismo tiempo, le brindara al espectador la sensación de que estaba viendo algo, pero se estaba perdiendo también un montón de otras cosas”, relata el cineasta.

Finalmente, como reconoce Di Tella, ese proyecto no perduró, pero la idea, la posibilidad de hacer algo más con ese proyecto fue una inquietud que lo siguió acompañando. “Es que últimamente, no solo con 327 cuadernos, sino también con otras de mis películas, estoy haciendo algo que el gran cineasta experimental de los 40 y 50, José Val del Omar, denominó “cine desbordado”, un cine que se vuelca haca otras expresiones, porque como un vaso, tiene demasiado adentro”, explica.

De hecho, en esa línea proyectos como “Fotografías”, de 2007, se encarnó también en una serie de performances, y  “Hachazos”, de 2011, en performances y un libro. “Parten del mismo universo, pero son otra cosa, se expresan desde otro lado”.

La instalación 327 se compone a partir de diez pantallas en las que se proyectan distintos episodios, a partir de escenas que pertenecen a la película y otras que no, poniendo de relieve la idea de diario como collage, de múltiples historias posibles  que pueden componerse de modo aleatorio. Además, en el centro de la sala, pero solo visible cuando ésta se ilumina podremos ver un objeto: los restos calcinados de uno de los cuadernos de Ricardo Piglia.

Así, quien entra a la sala puede hacer su propia lectura, sus propias asociaciones, armando relatos diferentes con los mismos elementos,  abriendo la puerta a imaginar las escenas casi infinitas de una vida entera.

“Por otra parte, como uno de rabillo puede mirar la pantalla del otro, logro recuperar aquella idea de que estás viendo algo, pero también algo te estás perdiendo. Esa experiencia de la simultaneidad es algo que pude plasmar en la instalación y que en la película no está”.

“Para mí esto implicó un desafío porque en las películas trabajo muchísimo sobre  el relato, sobre el arco narrativo que produce el viaje del espectador, y aquí, al sacarle ese arco, al armar una experiencia de pequeños episodios o fragmentos, logro recuperar el movimiento con el que trabaja la memoria, como por ráfagas, y escenificar también  como a veces un fragmento al que uno le otorga determinado sentido, termina cambiando en su asociación con otros”.

Coproducida por el Festival de cine de San Sebastián y Tabakalera en el marco de la sección conjunta Zabaltegi-Tabakalera la instalación continuará funcionando en ese espacio cultural hasta fines de septiembre, para luego, tal vez llegar a nuestro país, algo sobre lo que Di Tella aún no tiene certezas pero si grandes expectativas.