El 30 de julio de 1971, treinta y ocho presas políticas, pertenecientes al movimiento Tupamaros se escaparon de un penal de Montevideo en el marco de una acción conocida internamente como Operación Estrella. Un hecho que constituye, hasta hoy, la mayor fuga de un penal de mujeres de la historia.

Pese a la espectacularidad del suceso, los detalles de aquella fuga, y las historias de sus protagonistas cayeron durante más de 40 años en el olvido, hasta que en 2011, Josefina Licitra, de manera totalmente casual, recibió un comentario sobre la operación casi al pasar por Lucía Topolansky, actual vicepresidente de Uruguay, compañera de Pepe Mujica y una de las protagonistas del escape.

Hoy, justamente, la historia de ese evento carcelario y político constituye el cuerpo de 38 estrellas (Seix Barral), una obra donde Licitra reconfirma su manejo de la crónica, para ofrecernos un relato policial sorprendente.

Para conocer algunos detalles más de esta obra, y de su proceso de investigación y escritura Palabrasdialogó con la autora.

¿Cómo fue tu primer contacto con la historia que desarrollás en 38 estrellas?   

Allí por 2011 estaba haciendo un trabajo sobre Pepe Mujica, y le realicé una entrevista a Lucía Topolansky, la actual vicepresidenta de Uruguay, que en ese entonces era lo más parecido a la figura de una primera dama. En un momento de esa charla, y muy al pasar, ella menciona la Operación Estrella, que fue el nombre interno que los Tupamaros le dieron a la fuga, y si bien no se detiene mucho en ese hecho, a mí inmediatamente me pareció muy interesante, por eso, solo por curiosidad, decidí buscar en internet algún dato más sobre el suceso, y me sorprendió que realmente no había mucho material disponible.

Esa falta, obviamente me generó otras dudas: ¿Por qué no se había hablado del tema? ¿Por qué no esa historia no había generado interés cuando tenía muchos elementos muy impactantes?, y en ese proceso comencé a pensar que, definitivamente, podía ser yo la encargada de reconstruirla.

¿Y a partir de allí cómo fue el proceso de trabajo?

El proceso de trabajo fue muy rico porque el libro está basado en el relato de muchas de las fugadas, así que, aunque inicialmente costó un poco convencerlas de hablar, tampoco fue extremadamente complicado; básicamente luego de entrevistar a la mayor cantidad de mujeres posibles, el proceso supuso identificar las historias narrativamente más ricas, y aquellas que también incluían las historias de otras mujeres, que tal vez no iban a tener un lugar importante en el libro, pero que formaban parte del colectivo que se fugó, y debían aparecer. Así que fue un proceso de muchas, muchas entrevistas, y mucha selección de material, y de ver cómo hacer para que todas esas voces se intercalaran de manera tal que no abrumaran dentro del texto.

Y en ese proceso, que entiendo te llevó unos cuantos años, ¿qué elementos te fueron reconfirmando la decisión de continuar con esta historia?

La fuerza de estos relatos, más allá de la historia, el contexto, y de que los tupamaros tienen como toda una épica muy atractiva, está en los detalles. Dialogar con mujeres que podían evocar con detalle ciertos momentos de la fuga y de sus vidas, que nunca estaban libres de una carga simbólica, o estética, me reconfirmaba paso a paso en la tarea.

Detalles como que los elementos que utilizaron para medir el lugar en que se tenía que hacer el boquete fueron elementos de costura: centímetros, hilos, todas las cosas que les daban en la cárcel para coser, y cumplir con aquellas tareas que se le atribuyen al género femenino por cuestiones de mandato, me pareció poderosísimo, por ejemplo, y eso tuvo distintas réplicas a lo largo del libro y la investigación que me permitieron visualizar como esas mujeres reescribían los mandatos de la época de una manera tan poderosa y beligerante para dar batalla por un ideal, por un futuro en el que creían.

Todas las mujeres que se fugaron eran muy jóvenes, en promedio tenían unos 25 años, había chicas 18 años, otras de 27, y aún desde esa juventud tenían un pasado personal, político, muy rico y con mucha épica, y creo que algo de la épica de cada una, y de la de todas en conjunto, me fue dando siempre ánimos y fuerza para sostener el libro a lo largo de los años.

¿Una de las claves posibles para la omisión o el olvido de la Operación Estrella está en que fue una fuga protagonizada por mujeres que ocupaban un lugar marginal en esas organizaciones surgió esto en las entrevistas? 

Yo creo que esas organizaciones respondían a la lógica de la época en que se desarrollaban, no eran más ni menos machistas que su contexto. Pensar que la izquierda va a quedar por afuera de las coordenadas de época es un error, también la izquierda respondía a los mandatos del momento; y las mujeres, consecuentemente en ese momento, no se hacían planteos en ese sentido. No se hablaba de género, ni de igualdad de género: una duda burguesa, un dilema de café. Las tupamaras habían elegido un movimiento que era de lucha armada, y pensaban que lo que había que hacer era pelear por ese futuro en que todos los tupamaros creían.  En ese sentido, esas reflexiones cuando surgían tenían más que ver con hipótesis ligadas a la actualidad que a su percepción del suceso en aquel momento.

¿Cómo fuiste organizando la información en el proceso de escritura para mantener atrapado al lector pese a que el final de la historia está claro desde el inicio?

Eso fue algo que me tomó mucho trabajo, un trabajo muy arduo de balance, de intercalar información más dura, más histórica, que es fundamental para poder entender el proceso de una manera más compleja, y también de tratar de componer y desarrollar los momentos más ricos narrativamente de una manera que sea no solo verdadera sino también verosímil, para que el lector pueda sentir que está ahí adentro.

Fue un gran desafío contar y darle vértigo a una historia de la que todos sabemos el final, porque todos sabemos que se fugan, y lo que terminé entendiendo en ese proceso fue que una cosa es conocer la historia, sin saber sobre la vida de sus protagonistas, y otra es esa misma historia sabiendo sobre sus vidas.

A medida que el libro avanza y uno va conociendo más a fondo a algunas de las mujeres que formaron parte de esa fuga: sus orígenes, sus búsquedas, sus situaciones sentimentales, sus miedos, sabiendo cómo les funciona la cabeza a cada una, e imaginándolas hasta físicamente, la fuga que termina de contarse hacia el final del libro tiene otro peso, porque se fugan mujeres que conocés.

Entonces, se llega al final de la historia con una sensación de vértigo, aún sabiendo que se van, porque esas extrañas que al principio se fugaban, hacia el final del libro son mujeres reconocibles en las que uno se puede reflejar, mujeres que se están yendo, y los nervios de esa huida aparecen también para el lector.

¿Cómo te sentís hoy con este trabajo ya en manos de los lectores?

El libro me gusta, siento que hay mucho trabajo, y estoy muy contenta con los comentarios que me van llegando, aunque todavía estoy muy pegada al proceso porque fue mucho más largo que el de mis libros anteriores, pero lentamente estoy empezando a relajarme al ver que gusta, porque finalmente uno siempre tiene dudas, y el encuentro con el lector es el momento en que se pone en juego todo aquello que pensaste, y ves si pensaste bien o pensaste mal, si la historia era realmente universal, o si no lo era tanto, pero tampoco eso es importante.

Además, todavía no tengo la respuesta de las tupamaras que formaron parte del libro, que seguramente lo estarán recibiendo en estos días, así que estoy pendiente de eso, porque es un libro con muchos datos, muchas historias, y más allá de mis buenas intenciones siempre nos podemos equivocar, así que la devolución de las estrellas para mí es muy importante. Tal vez después de eso, definitivamente, ya me quede del todo tranquila.