Con tan solo 10 años de existencia el acroyoga constituye una nueva práctica que cada día suma más adeptos, combinando ejercicios físicos y emocionales, que sintonizan con las necesidades y expectativas del redescubrimiento del “buen vivir” que para muchos es un signo de este tiempo.

Yoga, acrobacia y masajes combinados en una nueva disciplina, constituyen la base del acroyoga, una práctica que nació en San Francisco en el año 2003 y, que desde 2006 se ha comenzado a difundir por todo el planeta.

Juan Pablo Restrepo, forma parte del selecto grupo que asistió al primer profesorado internacional de acroyoga de 2006, y es uno de los responsables de la difusión de la actividad en Sudamérica. Radicado en nuestro país desde 2010, este colombiano, Licenciado en Filosofía, graduado con honores en la Universidad del Valle, describe el acroyoga como “una práctica compleja, que en la confluencia de la acrobacia, el yoga y los masajes ofrece a quienes la practican beneficios físicos y emocionales”.

“Por su constitución la práctica de acroyoga puede tener foco en lo solar, centrándose en lo acrobático, o en lo lunar, poniendo eje en lo terapéutico. Igualmente, más allá de esta opción una clase acroyoga constituye un espacio de juego, que nos permite divertirnos con otros y nos invita a generar un encuentro, por lo que siempre decimos que la dimensión interpersonal, el grupo, es un elemento central en la disciplina”, explica Restrepo.

Justamente, esta característica grupal, que propicia un aumento de la seguridad y el conocimiento personal a partir de incentivar la interacción con el otro, y “fortalecer nuestra capacidad de relacionarnos desde las diferencias”,  es una de los puntos que diferencian a esta disciplina de la práctica de yoga más tradicional.

Toda esta filosofía del encuentro se pone en acción durante los ejercicios, especialmente, durante los vuelos, que suponen para los participantes la ejercitación y el perfeccionamiento de tres roles intercambiables: el de volador, que baila en el aire; el de base, que da sostén,  y el de cuidador, que es quien se encarga de que toda la práctica se desarrolle en un entorno seguro.

En general, a partir de estos tres roles, durante un encuentro de acroyoga se desarrollan tanto vuelos acrobáticos como terapéuticos, combinando momento de gran dinamismo con eje en el fortalecimiento y la tonificación muscular y otros que estimulan un encuentro “más reflexivo y sanador”.

Si bien por la complejidad de muchas de las figuras que contempla la disciplina podemos pensar que tener un estado físico óptimo, o determinada edad, es condición para su práctica Restrepo asegura que esto no es así, “Justamente, explica, una de las cualidades del acroyoga es que es una práctica inclusiva, con ejercicios que se adecúan a todas las posibilidades, y que no suponen ni roles fijos, ni estándares ideales en torno a la edad o a la condición física para iniciarse”.

“Además, asegura el profesor, muchas veces lo que más dificultades supone no es realizar tal o cual acrobacia, sino confiar en el otro, aprender a contactarnos. Desarrollar la flexibilidad emocional, en general, cuesta más que mejorar nuestras posibilidades físicas”.

Para quienes decidan practicarlo Restrepo asegura que el acroyoga supondrá, “la posibilidad de reencontrarnos con nuestros aspectos lúdicos y aumentar nuestra confianza y nuestra capacidad de conexión con el otro, además de expandir la capacidad de nuestro cuerpo físico, mejorando nuestra flexibilidad y fuerza, e incrementando nuestra coordinación motriz y nuestra agilidad”.

En http://www.acroyoga.com.ar se puede encontrar un directorio completo de las distintas opciones que existen en nuestro país para empezar a practicar esta disciplina.