Con una trayectoria de más de 30 años, Aldo Graziani, uno de los primeros y más reconocidos sommeliers de la Argentina, continúa hoy generando nuevos proyectos: Aldo´s, la  vinoteca y restaurant enclavada en pleno barrio de San Telmo, que marcó el definitivo inicio de su carrera solista hace unos 7 años; Casa Cruz, la brasserie porteña; Birkin, definido como “el lugar donde todos quieren ir a tomar un café”, y el Bebop, su club de jazz, son solo algunos de los nombres propios que atestiguan una obsesión “casi compulsiva”, como él mismo reconoce, por su trabajo.

Hacia fin del año pasado volvió a encontrarse con otra de sus grandes pasiones: la escritura y el periodismo, dando vida a El reporte del vino argentino (Planeta), un libro donde, además de reflejar el gran presente que vive el vino nacional, les ofrece a los consumidores una guía indispensable a la hora de elegir qué beber en medio de tanta oferta.

Recién llegado al país, luego de un viaje por Italia en familia, y a días de realizar una nueva presentación del Reporte, Graziani dialogó con Palabras sobre su libro, sus obsesiones y sus proyectos.

¿Después de 30 años trabajando sobre cuestiones que uno relaciona más con el placer que con lo laboral, qué te motiva a continuar?

A mí me gusta trabajar, definitivamente me gusta, y por suerte elegí un trabajo que está muy ligado al placer: los vinos, la música, la gastronomía. Obviamente, no niego que todo eso para mí es un laburo, y uno de verdad, con responsabilidades, estrés, y frustraciones, y en el que actualmente tengo más de 100 personas a cargo, pero también es lo que más me gusta hacer, y aunque es real que a veces ni mi viejo me entiende, y me dice: tenés que parar… Lo cierto es que si bien es mi trabajo, y hace muchos años que me dedico a él, la paso muy bien.

Ahora mi zanahoria es crear lugares, abrir espacios donde la gente la pase bien, en los que se sienta contenta, y de los que se vaya contenta.  Desde que abrimos tengo un cartel en la cocina de Aldo´s que dice: “Nuestro trabajo es darle alegría a la gente”, y realmente creo en eso, y encuentro una motivación casi obsesiva al hacerlo.

Por otra parte, también soy consciente de que hoy a mucha gente le cuesta bastante reservarse momentos para disfrutar un vino, una cena, o un show, que quienes gastaban 500, hoy tal vez no puedan, o no estén dispuestos a gastar 600, y frente a eso creo que hay que redoblar el esfuerzo e imponerse como desafío creativo no desconectar de la realidad, y siempre tener en cuenta que la visita a Aldo´s o la compra de un vino, puede ser uno de los pocos momentos de placer que una persona se reservó especialmente.

¿En medio de esta vorágine cómo fue reencontrarte con la escritura y embarcarte en la publicación de un libro?

Leer, escribir, hacer periodismo son otras de las cosas que me encantan, y a las que me dediqué durante bastantes años, con colaboraciones en distintos medios, notas especiales, un  programa de radio y otros proyectos, y si bien es cierto que un libro es diferente fue intensamente satisfactoria la experiencia del reencuentro.

Yo siempre digo que quienes estamos en el mundo del vino vivimos en un micromundo: conocemos todos los vinos, sabemos quiénes son los productores, percibimos la velocidad con que evoluciona la industria, y los cambios que se van generando; pero si nos metemos en la piel del consumidor, difícilmente podemos no darnos cuenta que está en el horno frente a todo esto.

Hoy existe una diversidad de etiquetas, de diferencia de precios, de regiones enorme, se habla de los enólogos, de los terroirs, de demasiadas cosas, entonces quise aprovechar todo esto que uno sabe, porque es el ambiente en que está metido, y compartirlo con el consumidor, que en definitiva es quien compra el vino, y darle una herramienta más.

¿En ese camino qué podremos encontrar en el Reporte como nota diferencial frente a la gran cantidad de guías que hoy existen en el mercado?

Una de las notas diferenciales es que mi paladar es local, y conozco el paladar local, entonces creo que desde allí puedo conectar con la gente y darle herramientas, luego podrán acordar o no, pero ese es un importante punto de partida.

Por otra parte, en el libro, nuevamente, van a encontrar muchísimo trabajo, ya que para hacerlo, entre muchas otras cosas, junto a Valeria Mortara realizamos más de 800 catas a ciegas, en sesiones de no más de 40 etiquetas por vez, organizadas por rango de precio y por regiones de las que finalmente en la obra presentamos y calificamos 424 vinos divididos por zonas y por sub zonas, también hay consideraciones sobre maridaje, un listado de gangas imperdible, diferentes aportes a cargo de referentes como José Alberto Zuccardi,  Edy del Pópolo, Sebastián Zuccardi, Matías Michelini, Alejandro Sejanovich, Thibault Lepoutre y Hans Vinding-Diers, y un análisis de Felipe Pigna sobre la historia del vino en nuestro país, y todo realmente realizado con un lenguaje franco y sencillo, para invitar a la gente a acercarse.

En línea con esa invitación, ¿cuál es una de las primeras claves que uno debe tener en cuenta a la hora de elegir un vino?

Lo primero es que te guste, eso es básico, no importa el bagaje con que vengas, siempre hay un primer paso frente a la copa que pasa por dar cuenta de si el vino nos gusta o no. A partir de allí, la idea es empezar a prestarle un poco de más atención al por qué nos gusta: es porque es liviano, porque es más fresco, porque es aromático, porque te deja textura en la boca. Creo que a partir de pensar en por qué te gusta o no, e intentar entenderlo, uno puede empezar a comparar, a probar otras cosas, en un camino que indefectiblemente es muy de cada uno, muy personal.

¿Qué nos podés adelantar sobre la presentación del 12 de mayo?

La idea del 12, con el evento que denominamos dÚvas, es juntarnos en Villa Wine, un hermoso lugar en Gonnet, charlar sobre el libro y ofrecerle a la gente la posibilidad de probar una variedad de vinos seleccionados de aquellos  que ofrezco en el Garage de Aldo,  mi distribuidora, que está enfocada en la comercialización y comunicación proyectos vitivinícolas pequeños y medianos, provenientes de distintas regiones del país, con una gama de precios muy interesante.

En síntesis, el encuentro es otra puerta para seguir sumando más gente a este gran momento que está viviendo el mundo del vino en nuestro país, que requiere de mucho apoyo, porque hace 30 años, cuando Argentina era productora de vinos de gama baja, el consumo anual por persona era aproximadamente de 90 litros, y hoy, que está en un camino de crecimiento, con vinos de gama media para arriba, está rondando sólo los 20, lo que implica un gran laburo para empezar a recuperar terreno, volver a acercar a los consumidores, y ganar nuevos con el que estoy comprometido y entusiasmado.