El 12 de marzo de 1927, hace ya 90 años, nacía en Chascomús  Raúl Ricardo Alfonsín, el primer presidente elegido por el pueblo argentino luego de la caída de la última dictadura militar.

También en marzo, pero de 2009, una multitud de personas despedía en el Congreso Nacional al por aquel entonces considerado unánimemente el padre de la democracia.

Entre esas fechas, la historia. La historia del hombre pero también la del país y la región: la de la transición democrática y el Juicio a las Juntas, la de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, la de los levantamientos carapintadas, y la hiperinflación, la de la salida anticipada del poder, la del Pacto de Olivos, y la del primer traspaso democrático en 60 años de vida institucional.

Todos esos momentos, plagados de claroscuros, llegarán al cine en 2019 con lo   que por el momento se llamará: “Alfonsín, la película”,  una biopic  sobre la vida del líder radical, escrita por Claudia Piñeiro, y producida por Luciano Olivera, Rafael Veljanovich y Ricardo “Titico” Alfonsín, nieto del ex presidente.

“Después de una investigación muy intensa el guión está prácticamente terminado, nos falta ahora el proceso de elección del director y los actores, pero estamos muy conformes porque empezar por la investigación y la escritura fue una decisión muy pensada.

Nosotros vamos a hacer una biopic, es decir una ficción que recorrerá la vida de Alfonsín desde su infancia y hasta su muerte, de ninguna manera un panegírico, ni un material que solo refleje los aspectos públicos del personaje. Entonces, abreviar, lograr seleccionar y plasmar esa serie de momentos que en dos horas te permitan recuperar al hombre y a la época no era una tarea fácil. Claudia (Piñeiro) lo logró, sin concesiones, y con el oficio por el que se la caracteriza como una de las escritoras indispensables de la literatura argentina contemporánea”, le cuenta a Palabras Luciano Olivera.

El productor recuerda que vio por primera vez a Alfonsín en la adolescencia, exactamente a los 13 años, cuando se escapó de su casa para ir al acto de cierre de campaña para las elecciones de 1983.

“Llegué a las 18 hs, más o menos, porque estaba a unas cuadras, y fui viendo como se armaba todo, como llegaba la gente, como se iba juntando una multitud, y fue impresionante a las 20, cuando Alfonsín comenzó a dar su discurso, el silencio que se generó. Eran miles de personas y no volaba una mosca, me impactó esa atmósfera, y me atrapó el magnetismo que tenía al pronunciar su discurso. Al otro día fui a la escuela, yo estaba en primer año, y comencé a militar en el Centro de Estudiantes dentro de Franja Morada”, recuerda.

Sin embargo, ya en su rol de productor, y dedicado a descubrir la historia, Olivera confiesa que, esta vez, no fue el brillo discursivo lo que lo sorprendió del líder, sino su faz humana y “un aspecto intrépido que desconocía”.

“Haciendo las entrevistas, fue interesante ver como cuando hablábamos con la familia solían aparecer ciertos reclamos de mayor presencia. Uno desde afuera no podía dimensionar como la entrega y el compromiso político que todos le admiraban, tenía en el círculo familiar esa otra cara.

También me sorprendió descubrir que Alfonsín no solo era arriesgado con la palabra. Tenía un aspecto intrépido que yo desconocía, y que descubrí a través de distintas historias. Una vez, por ejemplo, estaba viajando al Chaco en helicóptero, y como había una tormenta muy fuerte le plantearon que había que regresar. Alfonsín se negó a dejar plantados a los militantes que lo esperaban, hizo aterrizar el helicóptero en medio de la ruta, y siguió camino haciendo dedo. También, durante el copamiento de la Tablada (1989), en una de las revistas que hizo acompañado por la policía y el Ejercito, como las balacera seguía dan la orden de cuerpo a tierra: él siguió caminando, porque un presidente no hace cuerpo a tierra”.

En la madeja de esas historias Olivera asegura que la película permitirá “conocer a fondo a un hombre que tenía la obsesión de legar la democracia, que es aquel que todos conocen, pero también, y al mismo tiempo, otro totalmente desconocido”.

“En un momento de muchos desprestigio de la política, y donde se repite insistentemente que los políticos no logran nada, me parece que la figura de Alfonsín nos permite reencontrarnos con alguien que consiguió su objetivo más importante.  Nadie desconoce los problemas, y en la película aparecerán obviamente, pero su obsesión era mantener la democracia, en un momento donde  el riesgo institucional era serio y constante.

Entonces, aún con un montón de problemas, con aquello que no quiso, no supo o no pudo,  Alfonsín fue un político que logró alcanzar la meta más importante que se propuso: ponerle la banda a otro presidente democrático”.