En el año 1976, la máxima expresión de la música popular uruguaya, Alfredo Zitarrosa, debió abandonar su país perseguido y prohibido por la dictadura militar. Luego de la sorpresiva muerte del cantautor, las memorias de su exilio quedaron preservadas en decenas de cajas resguardas durante más de 25 años por su familia, hasta que a fines de 2014, el Estado uruguayo comenzó un proceso de catalogación, rescate y preservación que aún sigue en marcha.

Cientos de horas de material fílmico, más de 3000 fotos y diapositivas, objetos personales, cartas, poemas y audios contenidos en aquellas cajas conforman la trama de Ausencia de mí, el documental de Melina Terribili que sumergiéndose en el dolor de aquel exilio recupera parte de la historia de uno de los artistas más importantes del siglo XX.

Para conocer algunos detalles más de esta obra, Palabras dialogó con su directora.

¿Cómo surge tu interés por la historia y la obra de Alfredo Zitarrosa?

Vengo de una familia donde el arte siempre estuvo muy presente. Mi viejo era artista plástico y en casa siempre había arte por todas partes: venían músicos, actores, cineastas, escritores. En ese mundo me crie, y como nací en la década del 70, quienes me rodeaban eran de la generación de Zitarrosa.

Con el tiempo, cuando ya tenía 20 años, mientras empezaba a estudiar cine, comencé también a escuchar su música más concientemente, a interiorizarme en la música latinoamericana, en sus artistas. Mi viejo me había armado un compilado donde obviamente estaba Alfredo, y todavía recuerdo como me impactó y me emocionó escucharlo. Así fui construyendo un vínculo con su obra, que profundicé bastante tiempo después, cuando al leer sobre su vida se despertó en mí el deseo de hacer una película sobre sobre su historia.
¿Cómo fue el encuentro con su familia?

Cuando el deseo se transformó en una intención y una idea más clara, allí por 2009, lo primero que hice fue viajar a Montevideo, y previa comunicación por mail pude encontrarme con Serena y Moriana, sus hijas, y Nancy Marino Flo, la mujer de Alfredo.

Nos juntamos y charlamos. Recuerdo que había llevado una carta contándoles por qué quería hacer la película, y desde ese momento se estableció un lazo muy lindo, que fue creciendo con viajes continuos hasta convertirse en una relación muy hermosa.

¿Ellas te contaron de la existencia de las cajas?

Luego del primer viaje, comencé a ir periódicamente a Montevideo, a charlar con gente, a escribir, y a filmar algunas cosas, y así ellas me cuentan que tenían en su casa cajas y cajas de materiales guardados con una delicadeza y un amor total, repletos de recuerdos de Alfredo, y que estaban esperando una ayuda del Estado para organizarlo y preservarlo, pero que no les llegaba.

En las cajas había manuscritos, algunos realizados a mano, otros mecanografiados, escritos realizados en servilletas, más de 3000 fotografías y carpetas con diapositivas, cientos de cartas hermosas que le mandaba desde el exilio a diferentes personas, películas en súper 8, filmadas por él y su familia en el exilio, cintas abiertas, más de 1000 horas de audio, y todo tipo y cantidad de objetos: desde su máquina de escribir, su cámara, agendas, posters, elementos de su escritorio, de todo.

Al enterarme lo primero que hice fue ofrecerles mi ayuda para conseguir el mecenazgo, que finalmente llegó en 2014, en el marco de un proceso que todavía continúa, y donde hay muchas cosas por resolver. A su vez, al presenciar el traslado inicial de esos materiales, que quedaron bajo custodia compartida del Centro de investigación, documentación y difusión de las artes escénicas del Teatro Solís, entendí que definitivamente había encontrado el hilo de la película.

¿Por qué?

Porque siempre me interesó que el foco fuera el exilio, pero también quise que la película tenga algo del hoy. Porque me costaba pensarla solo con materiales del pasado, y me pareció claro que esos materiales, esas cajas, hablaban de su historia, de él, de lo que dejó y de quien fue, de toda esa vida que había quedado como entre paréntesis en el exilio; de la imposibilidad de reconstrucción que vino con la vuelta, pero también, al haber quedado suspendidas durante tantos años, hablaban de la imposibilidad de cerrar las heridas, además del proceso posterior de rescate.
Esa decisión, ¿implicó tomar cierta distancia del Zitarrosa cantante, o de sus temas más conocidos?
A medida que la película fue tomando forma, tuve muy claro que Guitarra Negraiba a estar presente en la película, pero también que debía ser fiel a su relato. Porque Alfredo es quien narra a partir de esas grabaciones inéditas, realizadas de manera casera, y durante toda la película, él está contando que está lejos de su tierra y no puede componer, con lo que era absurdo llenarle de música la película.

Hay bocetos de canciones, atisbos que no llegaban a conformarse. En un momento dice: “tengo un cassette lleno de silbidos”. Como no sabía escribir música la silbaba, luego le ponía la letra y se la pasaba a los guitarristas, pero ahora no podía completar el proceso. La palabra en el exilio, con el valor que para él tenía, no surgía.

Entonces, salvo algunas excepciones, que prefiero no describir porque son parte de la trama, no lo veremos cantando, porque la columna vertebral de la película es el exilio, allí está su foco, y creo que va hasta el fondo allí, y pone en el centro al Alfredo político, el exiliado, el militante, dando total dimensión, también desde la imposibilidad de su música, de lo que significó y significa el destierro.

Ausencia de mí puede verse en el Cine Cosmos UBA, Avenida Corrientes 2046,de miércoles a domingos a las 15:00 y a las 19:50, y en el cine GAUMONT, Av. Rivadavia 1635, todos los díasa las 15:45 y las 21:00 hs.