Por Alba Piotto

Un siglo atrás, nació una nueva manera de pensar las formas, la funcionalidad de la arquitectura, la estética, el diseño y los objetos industriales. Ocurrió cuando “la Bauhaus” abrió sus puertas. La emblemática escuela alemana fue fundada por el arquitecto, diseñador y urbanista Walter Gropius, en Weimar, en 1919. Con la idea de influir en todos los ámbitos de la vida de las personas, desde la silla donde se sientan hasta las páginas de un libro, el movimiento que se generó alrededor de la Bauhaus todavía tiene su expansión.

Si bien existió hasta 1933, cuando el nazismo cerró sus puertas, el tiempo fue suficiente para que ser considerada la escuela más influyente en el campo de la arquitectura y en todas las artes liberales y aplicadas. Su resonancia sigue caracterizando el diseño alemán.

Su credo fue -es- “menos es más”. Y el concepto: “La forma sigue a la función”. En efecto, “la Bauhaus” tiene sus raíces en el expresionismo alemán. Para el creador de la escuela, había como tres círculos concéntricos: lo internacional (el más externo) contenía lo nacional y personal. Y la integración de ellos, se engloban por la innovación en las comunicaciones, el transporte moderno y la tecnología.

Staatliche Bauhaus fue su nombre original: ”La casa de la construcción estatal”, su traducción. Pero quedó en la historia simplemente como “la Bauhaus”. El momento en que empezó a funcionar fue en la caída del Viejo Orden en Europa y el paso de la primera gran guerra. La búsqueda era las nuevas formas de convivencia. Y con ese vector se alimentó una nueva concepción del proletariado y sus alcances en los objetos cotidianos, sea un edificio o una silla. La mítica tipografía sans-serif fue el símbolo de esta escuela. La currícula empezaba con un curso cuyos tutores eran -nada menos- que los artistas Paul Klee y Wasily Kandinsky. Con ellos, los aspirantes se interiorizaban sobre estudio de materiales, teoría de los colores y una introducción a estudios especializados.

En 1928, Gropius le pasó la dirección de la escuela a Hannes Meyer quien puso el énfasis en la función social de la arquitectura y el diseño. Pero los problemas con el gobierno alemán empezaron y Meyer tuvo que renunciar. Se hizo cargo Ludwig Mies van der Rohe, que fue el tercero y último director de la Bauhaus, creando el departamento de diseño de interiores. Los problemas políticos sumados a los financieros hicieron que la escuela se mudara a Berlín, en 1930. El devenir la terminaría cerrando tres años más tarde.

La propuesta de la Bauhaus fue unir la creatividad y la producción, esto es, crear un diseño cotidiano. La preocupación de ese momento era que lo industrial, los objetos en serie, hiciera perder la originalidad de los productos, un punto muy estudiado por muchos teóricos de las ciencias sociales y el arte durante gran parte del siglo XX.

Las ideas de este movimiento influenciaron más allá de una época histórica y aún hoy, se pueden apreciar sus diseños.

Bauhaus en Argentina

La Argentina no se quedó afuera de ese influjo que venía de Alemania.

En 1968, Gropius estuvo en Buenos Aires, para colaborar en el diseño de lo que sería la nueva embajada de la República Federal de Alemania. El proyecto no se llevó a cabo, pero la maqueta ocupó un lugar preferencial durante la exposición por los 50 años de la fundación de la Bauhaus, en el Museo Nacional de Bellas Artes.

¿Qué relación existe entre esa escuela y la Argentina? En 1910, Gropius ya en sus conferencias y artículos mencionaba a los silos de granos de la Argentina para demostrar, de alguna manera, sus aspiraciones: esas formas lograban ir más allá de lo material y funcional. Alcanzaban un valor-objeto que simbolizaba la era de la máquina.

Algo menos conocido, quizás, es que el creador de la Bauhaus colaboró en los primeros números de la emblemática revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, con quien se encontró en Buenos Aires a fines de los ‘60. En efecto, en el número 1 de la revista se publicó el artículo “El teatro total” y en el número 3, “Arquitectura funcional”, donde Gropius exponía sus ideas. Pero, además, entre 1931 y 1935, con el objetivo de la arquitectura al servicio de la vida, estableció junto a Franz Möller un estudio en Buenos Aires. Las casas económicas del Bauatelier Gropius de Berlín, se desarrolló en la capital argentina adecuándolas a las condiciones del desarrollo de esta ciudad, que comenzaba a poblarse de inmigrantes.

Por entonces, el fotógrafo Horacio Coppola -que estudió en la Bauhaus- documentó el borde urbano junto al arquitecto Alberto Prebisch en 1936, a pedido del gobierno de la ciudad de Buenos Aires de ese momento. Coppola y su colega, Grete Stern, habían llegado a la Argentina escapando del nazismo. Y ese año, en el marco del IV Centenario de la Ciudad de Buenos Aires, Coppola realizó una reseña fotográfica, donde aparece el contraste entre la ciudad que iba desarrollándose y los arrabales que quedaban atrás.

Luego de la II Guerra Mundial, también vino a la Argentina, Marcel Breuer, otro de los diseñadores de la Bauhaus. De su ingenio salieron varios modelos de sillas y mesas económicas y ligeras, que aún hoy se sigue reproduciendo. Luego, Breuer se fue a vivir a Harvard -en el Graduate School of Design- por donde pasaron algunos argentinos para su formación. Breuer siguió en contacto con el país. En 1947, trabajó en un proyecto de urbanización en la zona de Casa Amarilla (La Boca) y junto a arquitectos locales diseñó el Parador Ariston, en Mar del Plata. El parador fue un éxito rotundo por su doble función, de restorán de día y discoteca por las noches. En su apogeo, en los años 50, el Ariston tenía una pista de baile giratoria. Y a los clientes, se les daba una bolsita de talco para los pies, así podían bailar descalzos. El tiempo, el olvido y la desidia fueron impiadosos con el parador.

Por lo demás, la influencia de la Bauhaus en la Argentina es más por traducción de las ideas originales que por las formas puras que perseguía aquella escuela. Algunos intentos en edificios estatales y escuelas dan esa idea de una arquitectura con centro en el individuo y sus actividades cotidianas.