Por Marcela Bernis

Beatriz Di Benedetto es licenciada en escenografía de Universidad Nacional de La Plata, y vestuarista  de cine. Asesinato en el Senado de la Nación, Felicitas,  Wakolda, La helada negra, Lulú, y la recientemente estrenada, Quienes aman odian, son solo algunos de los incontables films que dan cuenta de su oficio y trayectoria.

Considerada una de las referentes del vestuarismo cinematográfico local, di Benedetto dialogó con Palabras sobre las particularidades de su trabajo en una de las áreas nucleares del lenguaje cinematográfico.

¿Cómo se origina tu relación con el vestuarismo cinematográfico?

Creo que el vestuarismo siempre fue mi vocación inconsciente. Mi abuelo era sastre y crecí en su negocio entre muestras y telas; luego estudié escenografía, porque la carrera tenía cuatro años de historia de la moda y diseño de vestuario,  y después vinieron las películas y las experiencias, el desafío de relatar al personaje comprando ropa o usando ropa que ya existía, que es donde uno se termina formando a fuerza de ensayo y error, y analizando mucho lo realizado.

En general se te caracteriza como experta en vestuario de época, ¿qué films ingresan en esa categoría, y cuáles son las particularidades de ese trabajo?

Yo denomino así al vestuarismo que recrea la indumentaria que se utilizaba durante el siglo XIX y hasta el año 50 del XX aproximadamente, ya que fuera de ese período la realización implica un proceso diferente porque existen fuentes de información mucho más accesibles.

Además, en nuestro país las realizaciones de época presentan dificultades adicionales por la falta de materiales. En otros países si para una película necesitas medias de seda de los años 30 las encontrás: la industria las necesita y las tiene. Aquí como no tenemos la fluidez de producción que tienen otros países tenés que reinventar, y nunca hay demasiado presupuesto para vestuario, entonces manejamos la creatividad desde un lugar muy diferente.

En ese contexto con películas como “Felicitas”, por ejemplo, que recrean un período que va de 1860 a 1874, las cosas se complican realmente, porque en esa época los cambios en la moda eran impresionantes. Era una época en que la moda llegaba inmediatamente, especialmente de Francia, y sobre todo la clase alta la vestía. Cuando comenzamos con la realización vimos que no había registros de películas locales que hayan abordado la época, y tuvimos que realizar el 90 % del vestuario.

¿Cuáles son las claves para el diseño de un personaje?

El vestuario siempre debe coincidir con el alma del personaje, y para esto la investigación es esencial, hay que documentarse, mirar fotos, leer, desentrañarlo. Obviamente, también es importante saber quién va a ser el intérprete, porque uno puede tener una idea muy romántica, pero finalmente tiene que trabajar sobre un actor, y nuestro trabajo no es ponerle el vestuario y que salga. Cuando el actor interviene, modifica cosas, pide, tiene exigencias.

Finalmente, nunca podemos olvidar que nosotros trabajamos para la iluminación, para la fotografía, y en el momento de filmar es el director de fotografía el que va a decir: “Está muy bien, esto es correctísimo lo puedo iluminar”, o “¿Quién hizo este vestuario? Este material está brillando y me impide contar la historia”.

Los factores que el vestuarista debe conocer y entender antes de realizar son realmente incontables, los que comentaba antes, pero también cuántos  personajes tengo, cuántos cambios van realizarse, cuál es la cronología de la historia, o si la película se va a  hacer o no en HD, son cuestiones centrales.

Los últimos que enumeraste tienen incidencia presupuestaria directa además

Exacto, y eso es vital. Yo  estoy muy acostumbrada a transitar este camino, y trato siempre de poner lo mejor a la vista, lo que a veces implica crear una atmosfera de extras que ayudan a vestir la escena, y otras veces centrarse en la ropa de los protagónicos. Hay que evaluar y balancear, y de ahí sale el presupuesto, y para cada monto hay películas posibles y también otras imposibles de realizar. En el medio todo es un desafío. Cada película es una caja de pandora y uno busca recursos inauditos a la hora de trabajar.