“Cerrar la Grieta. Ideas urgentes para el reencuentro de los argentinos”, de los periodistas Edi Zunino y Carlos Russo, es una de las interesantes novedades editoriales de este 2016, no solo porque propone una serie de agudas reflexiones en torno al pasado reciente, sino porque lo hace, a partir de la reivindicación de la entrevista periodística, género clásico, que los autores manejan con oficio, ofreciéndole al lector la posibilidad de una lectura que conjuga profundidad con dinamismo, a la hora de analizar uno de los fenómenos más controvertidos y resonantes que para muchos dejó como legado la “década Kirchnerista”.

Como explicitan en el prólogo, Zunino y Russo se propusieron “indagar las razones profundas del conflicto argentino y buscar ideas de las más variadas sobre cómo procesar el pasado cercano y encarar lo que, se supone, está por venir”. Como parte de esa búsqueda, “Cerrar la grieta” nos ofrece la posibilidad de encontrarnos con las experiencias y reflexiones de un importante y variado conjunto de figuras,  “desde el nuevo presidente de la Nación y el titular de la Corte Suprema hasta representantes de la izquierda y el sindicalismo combativo, pasando por intelectuales, científicos, empresarios y periodistas, todos de primera línea”, que, como los autores destacan, le aportan a la obra la tan necesaria “diversidad de voces”.

Y tal vez sea, justamente, en esa diversidad, junto a la apuesta dialógica que supone el recurso a la entrevista, donde debamos buscar las claves que Zunino y Russo ofrecen como parte de las “ideas urgentes” que prometen brindarnos en el título de la obra. Entrevistar supone, en definitiva, como alguna vez definió Jorge Halperin, desarrollar “la más pública de las conversaciones privadas”, apostando a un porfiado ejercicio de escucha, una de las capacidades que “la grieta”,  tal vez,  más lesionó a nivel social e individual.

Pocos días después de asumir la dirección periodística de la agencia Telam, Carlos Russo, ex Editor General de Perfil.com, premio Konex 2007 en el rubro investigación periodística, y autor junto a Zunino de esta obra, dialogó con Palabras sobre el libro, aportando su visión sobre la grieta y, también, algunas de las claves para ese deseado “reencuentro”.

P: Leyendo el libro, a lo largo de las entrevistas, uno encuentra, como se encargan de dejar claro en el prólogo, que mientras algunos entrevistados tienden a pensar la grieta en clave histórica, quitándole de alguna manera mérito al kirchnerismo, otros la piensan como un artificio mediático, una suerte de “elaboración intelectual de la élite ilustrada”, ¿cuál es tu postura frente al fenómeno? 

C.R.: En principio, si me preguntas si para mí la grieta existe, te debo decir que sí. Fue un fenómeno que viví en carne propia, no sólo por las dificultades para el ejercicio de mi vocación periodística, que implica, siempre un cierto distanciamiento crítico del poder, sino por la manera en que la división tajante que se dio entre los argentinos, afectó mi cotidianeidad, y la de muchos que me rodeaban, impidiendo desde la realización de una comida familiar, hasta mantener una conversación distendida con un grupo de amigos. No recuerdo si luego de la edición del libro, esto aparece o no, aunque hay varios ejemplos, pero por darte uno, Daniel Hadad, entre las cosas que cuenta, relata lo extraño que le resultaba verse en medio de alguna reunión de amigos organizada en su casa, evitando hablar de política para no confrontar. Es decir, una de las características que creo que tuvo esta grieta, sea o no una reactualización de fracturas históricas, fue su capacidad para permear la cotidianeidad y la intimidad de las personas. Además de un nivel de violencia, que creo solo es comparable al que se vivió con la caída del primer peronismo, obviamente, una violencia absolutamente distinta, en este caso simbólica, pero de una intensidad inusitada.

P: ¿Y cuál fue para vos el rol del kirchnerismo en ese fenómeno?

C.R.: Yo creo que, justamente, el kirchnerismo encontró en el enfrentamiento y la negación del otro, a partir de la lógica amigo-enemigo, una forma de construcción deliberada del poder, donde el Estado en vez de ser un mediador se encargó de profundizar las contradicciones y los conflictos de intereses, que como bien explicita Sarlo en el libro, son inherentes a toda sociedad democrática.

P: ¿Y cuál sería para vos un ejemplo válido de otra forma de construcción del poder, Alfonsín por ejemplo?

C.R.: Si puede ser, especialmente, a partir de la segunda etapa de su gobierno cuando realiza lo que yo creo uno de sus planteos más profundos, que es conjugar las ideas de modernización del estado y profundización democrática. Hoy, en un contexto histórico absolutamente diferente, uno puede encontrar en ideas como la de eficiencia y profesionalismo, por ejemplo, pistas para pensar un modelo de construcción del poder que no se base en tensionar permanentemente las contradicciones.

P: Igualmente, es difícil pensar que una idea como la de eficiencia pueda adquirir un sentido épico.

C.R.: Obviamente, pero si uno escucha y afina la mirada, reclamos como el de mayor seguridad, son en definitiva, reclamos de más  eficiencia. Además, esa idea no viene sola sino que también se habla de pobreza cero, por ejemplo. Aquí creo que una de las dificultades, es que el cambio en las formas también nos obliga a afinar la escucha. Nos acostumbramos a que todo se diga gritando. Y aunque estoy seguro, que para la mayoría ese rasgo se terminó volviendo casi sofocante, aún es difícil volver a escuchar.

P: ¿Frente a las dificultades que enumeras, crees que cerrar la grieta es posible entonces? 

C.R.: Creo que la posibilidad existe, pero que en gran parte está condicionada con las actitudes que tome la dirigencia política. Cuando uno lo ve a Moreno, por ejemplo, después de años de silencio, reaparecer en primer plano hablando de gobierno oligárquico, y llamando a enfrentar al gobierno de Macri como si fuese una dictadura, no puede sino entrever un intento deliberado por reinstalar y profundizar la grieta, antes que de saldarla. Igualmente yo creo que hoy, como sociedad, tenemos la posibilidad de ir hacia una construcción más armoniosa, más cívica y, definitivamente, más democrática.