Cecilia Vázquez es Coordinadora General de Cultura de la UBA y Directora del Centro Cultural Ricardo Rojas, donde trabaja hace más de 10 años. Hoy conduce el desafiante proyecto colectivo de reinventar uno de los espacios míticos de la cultura porteña.  Palabras dialogó con Vázquez sobre pasado, presente y futuro de la institución.

Hagamos un breve repaso por la historia del Centro Cultural Rojas

El Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, que actualmente es parte de la Secretaría de Relaciones Institucionales, Cultura y Comunicación de la UBA, nació en 1984 como parte de la Secretaría de Extensión Universitaria.

La Universidad de Buenos Aires creó este espacio con la vuelta de la democracia, para generar un ámbito de expresión, experimentación y pensamiento, donde puedan habitar los protagonistas universitarios y culturales del under porteño de mediados de los 80, siempre con un espíritu festivo y en una atmósfera sin censuras.

Así, durante la década del 80, el Centro Cultural se constituyó en semillero de la vanguardia artística, con una apertura por fuera de los márgenes establecidos, que incluyó el apoyo a todos los segmentos del arte, como a los grupos de Batato Barea, Las Gambas al ajillo o Los Macocos.

En ese entonces, también se implementaron los primeros cursos de enseñanza no formal, en un contexto donde la oferta de capacitación artística de calidad era inexistente. Con el paso del tiempo, y el crecimiento constante de las propuestas, esos cursos se transformaron en un modelo novedoso de inserción de la cultura en la comunidad.

¿Y qué pasó durante los 90, cuando el fin de la primavera democrática decantó en el neoliberalismo? 

En los 90, a partir del desarrollo de las artes visuales y escénicas, el Rojas funcionó como un faro de tendencias. A fines de los 80, se inauguró la mítica Galería del Rojas -transformando un pasillo que daba a un baño en un espacio para las artes visuales- y desde allí Jorge Gumier Maier y Magdalena Jitrik fueron desarrollando un estilo inconfundible en contraposición a  la estética predominante de esa década.

Yo creo que hoy, en un contexto sumamente diferente, el Rojas se destaca por seguir siendo el espacio institucional  donde miles de jóvenes artistas dan sus primeros pasos, ya que nuestra apertura a la búsqueda y a la experimentación nos permite apostar a una propuesta cultural donde hay lugar para la prueba y el error, y aunque siempre perseguimos la calidad, inclusión y riesgo artístico son las claves de la identidad del Rojas.

¿Bajo esos parámetros, qué rol ocupa actualmente el Rojas en la oferta cultural de la Ciudad?

Desde sus inicios el rol del Rojas fue facilitar la búsqueda de nuevos diálogos a partir de actividades para diversos públicos: expresiones artísticas, cursos y espacios de reflexión. Siempre permeable al cruce, la mezcla y el encuentro, el Centro es un verdadero puente entre la universidad y la comunidad.

Bajo esa lógica contamos con una amplia oferta de programación artística, sumada a una gran variedad de cursos. Los departamentos de Artes Escénicas, Artes Visuales y Nuevas Tecnologías, Ciencia y Cultura Sostenible, Cosmos Rojas, Cultura Urbana, Letras y Pensamiento, confluyen junto a los Programas Especiales.

Además, se generan diversos contenidos que circulan en diferentes formatos: libros y revistas, cinco emisiones radiofónicas llamadas “Noches Rojas”, que se sintonizan por Radio UBA (FM 87.9),  y también un Programa de Comunicación y Reflexión Pública sobre la Ciencia y Nautilus Sonora,  ambos disponibles en la web del Rojas.

¿Cuál es el perfil del público/usuario que consume esas propuestas?

Cada año el Rojas inscribe a más de 30 mil alumnos en alrededor de 700 propuestas por cuatrimestre, abarcando una franja etaria de tal amplitud que  los jóvenes de 14 años pueden encontrar propuestas y los adultos mayores de más de 65 también.

En este sentido, la pluralidad de voces que reúne el Rojas tiene como contrapartida la pluralidad de públicos que es capaz de convocar. De alguna manera es como si la  idea de un perfil de usuario te devolviese miles de rostros diferentes, con diversos intereses, posibilidades e inquietudes que, sin embargo, son y se sienten público y usuarios de este Centro Cultural.

Seguramente, aún en el marco de las continuidades que marcaste al inicio, durante los últimos años algunas modalidades y criterios cambiaron ¿qué modificaciones y tendencias te parecen destacables? 

Obviamente, muchísimas cosas han cambiado, y entre ellas me parece destacable que desde hace más de un año, luego de varios intercambios internos y con otras instituciones, decidimos retomar los conceptos de trabajo de interáreas. Eso implicó que hoy hablemos, por ejemplo, de “Artes Escénicas”, que incluye al teatro, la danza y la música. Pero, más allá del cambio de  nombres, lo que esta nueva modalidad permite es ampliar horizontes y propuestas a partir del trabajo entre artistas de diferentes disciplinas, otorgándole a la programación el dinamismo que reclama el cruce contemporáneo de estéticas y sensibilidades.

Dentro de las áreas de desarrollo ¿cuáles son las que más han crecido o se han incorporado en los últimos años y que consideras marcan tendencias en términos de producción/consumo cultural?

En los últimos años ha tenido un importante espacio el área de Cultura Sostenible, orientada a generar mecanismos para evaluar acciones, implicancias y responsabilidades del Centro Cultural con el medio ambiente. Creamos el área porque una de nuestras preocupaciones es generar un espacio de reflexión y acción para mejorarlo, y entre las acciones que han puesto en marcha se cuenta un nuevo espacio de exhibición, un ciclo de cine temático, seminarios y cursos, y también  un programa de recolección diferenciada de residuos y una serie de reformas edilicias.

Junto a Cultura Sostenible, otro de los nuevos proyectos que implica grandes cambios y desafíos es el Ciclo Puentes, que articula los cursos y la programación, y permite ver las propuestas de los docentes en la agenda del centro cultural. Como explicamos en la presentación del proyecto, Puentes es una apuesta a generar sinergias entre el saber hacer de unos y otros, trazando espacios de comunicación y diálogo entre aquello que se enseña, que se aprende y aquello que se muestra.

¿Qué es y en qué estado está el proyecto del Rojas Virtual?

El Rojas virtual es un espacio que estamos terminando de desarrollar para que por medio de la web se generen nuevos encuentros y actividades. La propuesta es poner las nuevas tecnologías al servicio de la creación cultural y artística. En ese camino ya hemos puesto en marcha el nuevo sistema de inscripción y compra de entradas on line y la Plataforma Virtual a través de la cual alumnos y capacitadores ven facilitado y enriquecido su intercambio.

¿Cuáles son las metas para 2016?

Cecilia Vázquez (CV)- Para 2016 esperamos poder lanzar los cursos virtuales que hemos estado preparando, seguir trabajando sobre el Proyecto Puentes, implementar los tres proyectos de Rojas Virtual del que hablamos, desarrollar el Festival Sustentable y el Concurso de Juegos Sustentables. También esperamos que el Cosmos Rojas se reinstale como alternativa en cine, y queremos diversificar la oferta de cursos, seminarios y clínicas.

Tomando en cuenta que actualmente el Centro presenta por año unas 6 muestras de artes visuales , alrededor de 13 piezas teatrales y un número similar de propuestas de danza; además de 25 conciertos y 10 ciclos y festivales, entre otras actividades, plantearnos seguir creciendo puede parecer ambicioso,  pero para nosotros crecer y diversificarnos son premisas de una agenda posible y, sobre todo, receptiva de los desafíos que implica la búsqueda artística contemporánea, porque en definitiva el arte siempre es movimiento, motivo de creación y de búsqueda.