En el cruce entre las propuestas closed door y el concepto de espectáculo a ciegas, el músico y compositor Shoni Shed creó en 2008 “Club Silencio”, una experiencia musical onírica y sensorial estructurada en dos etapas: “Un sueño a ojos cubiertos, y un despertar visual donde lo surreal se intensifica”.

Guiño y homenaje a aquella magistral secuencia de la película  Mulholland drive, de David Lynch, donde se ve aquel perturbador club llamado Silencio, la creación de Shoni Shed trascendió en 2009, solo un año después de haberse iniciado, cuando un periodista del diario británico The Guardian lo incluyó entre los lugares imperdibles para visitar en el barrio de Villa Crespo, junto a La Cocina Discreta y el bar 878.

“La nota, que realmente me sorprendió, tuvo un efecto inmediato, no solo porque la gente comenzó a interesarse y acercarse aquí, sino porque también llegaron propuestas desde países como México, Chile, Colombia y Costa Rica”, le cuenta  Shed a Palabras.

“La gente llega, se la recibe de una manera especial, y luego se le cubren los ojos invitándola  durante una hora  a disfrutar y sumergirse en un ambiente fuertemente onírico, estructurado con sonidos, canciones, aromas, etc. Es una experiencia muy introspectiva, que dispara recuerdos, emociones y sensaciones únicas”, explica Shed, cuidando cada una de sus palabras para mantener vivo el misterio que es también “uno de los pilares principales del show”.

“La estimulación sensorial es intensa, pero todo se realiza con suma delicadeza y cuidando a cada persona individualmente, porque el objetivo es que disfruten y realmente puedan relajarse.

La segunda etapa, agrega, es el despertar, obviamente  más visual y unplugged, ideal para disfrutar de tomar algo con amigos, aunque igualmente sorprendente por el juego que se genera entre la realidad espacial y aquello que cada uno  imaginó durante la primera etapa.

La curiosidad, inicialmente, pero también la necesidad de conectarse internamente con el disfrute, en una época donde la estimulación, especialmente visual, es permanente y por momentos nos deja vacíos son los dos grandes motores que sostienen esta experiencia, que obviamente, implica de parte de todos los que la hacemos mucho trabajo y el desafío de renovarnos constantemente.”

En cuanto a las edades, y aunque el músico reconoce que en general mayoritariamente el público es joven, la experiencia no reconoce limitaciones. “En todos estos años se han acercado personas de todas las edades, padres con chicos, pero también muchos adultos mayores, que disfrutan muchísimo la experiencia y se conectan con sucesos y sensaciones que tal vez ya no recordaban, o no tenían tan presentes, porque finalmente, y más allá de la edad, la idea de Club Silencio es dinamitar la rutina en un espacio íntimo, cálido con mucha música y buena energía”, concluye Shed.