Con una trayectoria de 50 años dedicada a difundir el mejor cine del mundo, la sala Leopoldo Lugones del Complejo Teatral de Buenos Aires es uno de los espacios de referencia para los amantes del séptimo arte en nuestro país.

Ciclos especiales, retrospectivas, y estrenos de películas nacionales configuraron durante 2018 una programación de excelencia que convocó a muchísimos cinéfilos ávidos de conocer las propuestas ideadas por el equipo conformado por Luciano Monteagudo, y Diego Brodersen, los reconocidos programadores de la Lugones.

Para conocer su evaluación de lo realizado durante este año, y las propuestas para 2019, Palabras dialogó con Diego Brodersen.

¿Cómo evaluás lo que ha pasado en la Lugones durante 2018?

La sala Lugones no funciona en base a números, es decir, no programamos pensando solo en que vaya mucho público aunque, obviamente, es algo que nos encanta cuando sucede, y en ese sentido este año tuvimos ciclos que funcionaron realmente muy bien, como el de Ingmar Bergman, que funcionó a sala llena prácticamente en todas las funciones, incluso en aquellas con horarios más complicados como las de las 14 hs;  el ciclo de clásicos italianos restaurados, que tuvo una dinámica  extraordinaria, y también el ciclo de Ozu, que tiene muchos seguidores en el campo cinéfilo, aunque es un poco más duro para el público en general, y nos sorprendió muy favorablemente por la gran cantidad de público que se acercó para ver ese ciclo, el tercero que se hace en la sala dedicado a este director, con el que creo completamos la proyección de casi todas las películas de Ozu que se conservan.

Junto a esos tres ciclos otra línea que este año potenciamos, aunque se venía haciendo desde hace años, e incluso desde antes de la reapertura,  es el estreno de películas nacionales, tuvimos una docena de estrenos aproximadamente, entre ellos el de La Flor, la película de Mariano Llinás que tuvo la primera exhibición comercial de su versión completa en la sala Lugones, en paralelo a su circulación por muchísimos festivales del exterior, y fue uno de los estrenos más exitosos en cuanto a público.

También, dentro de los estrenos nacionales, fue muy interesante lo que sucedió con El silencio es un cuerpo que cae, la opera prima de una directora llamada Agustina Comedi, con la que hicimos 7 u 8 funciones, y llenó todas las funciones; y con el film Teatro de guerra, que exhibimos en coincidencia con la reposición de la obra Campo minado, también de Lola Arias, en la Sala Casacuberta del Teatro.

Luego, tuvimos un ciclo de cine rumano, ahora estamos cerrando con uno de cine nórdico, con películas de Dinamarca, Suecia, Finlandia, etc., hicimos una retro Artur Brauner, un productor alemán, estructurada en dos partes, la primera, que realizamos con el instituto Goethe, con sus películas más prestigiosas, por lo general ligadas a temas históricos como el holocausto, la segunda guerra mundial; y una segunda parte, que llamamos Lado B, con sus películas más comerciales, y entre muchísimas otras cosas, otro ciclo que nos gustó muchísimo hacer, y lo hicimos en conjunto con el British Council, fue la retro completa de los largometrajes de Derek Jarman, que fue acompañada con presentaciones especiales, charlas, recitales de poesía.

¿Dentro de todas esas propuestas cuáles entendés fueron aquellas que funcionaron mejor en términos de formación y atracción de nuevos públicos?

Ese es un tema que nos interesa mucho, y que es realmente complicado. Nosotros siempre estamos en contacto con las escuelas de cine, de la Universidad del Cine suelen venir muchísimos alumnos, y, en general, el cine más reciente, sobre todo el argentino, es el que suele capturar un poco más su atención, aunque nuestro desafío es que también se acerquen a ver ciclos como el de Ozu, que en este caso funcionó muy bien, pero es siempre un desafío importante, porque hoy por hoy la batalla la está ganando el streaming,  junto a otro tipo de formas de ver cine.

En la presentación de la programación de 2019 Jorge Telerman destacó que la política, y lo político serán los grandes ejes que cruzarán la programación del complejo ¿cómo se cristalizará eso en la Lugones?

Yo diría que todo cine es político, algo un poco ambiguo,  un poco amplio, pero también cierto, porque por ejemplo este año uno de los ciclos que hicimos a fines de octubre principios de noviembre  fue La tierra tiembla: retrospectiva Terratreme un ciclo dedicado a Terratreme Filmes, una cooperativa portuguesa, con la que hicimos un ciclo de 8 películas representativas de su producción que en todos los casos estaban ligadas directa o indirectamente al tema del trabajo, y especialmente, a la falta de trabajo, con lo que fue un ciclo de contenido político muy fuerte, donde se discutieron muchísimas cosas ligadas al tema, desde la relación con el trabajo tradicional que se transmite de generación en generación, hasta la pérdida de trabajo a partir del cierre de una fábrica.

Ese fue un ciclo extremadamente político, pese a que en general al hablar de cine político solo se piensa en un cine de propaganda política, o realizado en torno a ciertos acontecimientos políticos. Igualmente, en relación a ese segundo enfoque, tuvimos un ciclo dedicado al mayo francés, por ejemplo, pero también tomado de manera amplia, porque aunque hubo películas y documentales y registros directos del mayo francés, también hubo muchas películas donde aparecía de manera indirecta. En este sentido, para nosotros, porque aquí entiendo que también hablo por Luciano Monteagudo, la idea de cine político, o de la política en el cine es algo que siempre está presente.

¿Ya con vistas a 2019 qué nos podés adelantar de lo que tendrá la sala?

Solo puedo adelantarte algunas cosas, porque hay muchas ideas y muchos ciclos, pero la dinámica de la sala, por la gran cantidad de títulos que implica, hace que en estos momentos muchos proyectos estén pasando por distintas instancias. En ese marco, sí puedo contarte que en 2019 como todos los años tendremos una o dos retrospectivas de cine japonés: una de Kenji Mizoguchi, que hace mucho que no se hace, aprovechando también que hay muchas versiones restauradas recientemente a partir de los negativos originales; y la otra, que es un deseo personal, que espero podamos cumplir es hacer un ciclo dedicado a un género muy japonés que se conoce como “Roman Porno”, que no es porno, sino que en realidad es un género que surge en los 70 cuando se producen una suerte de apertura o liberación de la censura en Japón y varios estudios, sobre todo uno llamado Nikkatsu, se dedican a hacer cine erótico pero con ciertas ambiciones artísticas, con  muchos directores interesantes de los que aquí se ha visto poco y nada.

También tendremos un ciclo dedicado a Pasolini, focalizado en el trabajo de los mitos en su cine; trabajaremos con el Goethe institut con un ciclo de clásicos restaurados mudos, y, finalmente, cine argentino, con la idea de seguir en 2019 estrenando una película nacional por mes.