Dos años después de Un culo en mi ventana, el periodista y escritor Eddie Fitte, presenta Punguéate este libro. Cuentos psiquiátricos (Emecé) una selección de cuentos provocadores, que interpelan los límites del lector a través de una prosa cuidadosamente trabajada y un lenguaje que, como describe Eugenia Zicavo, es simplemente “rabiosamente contemporáneo”.

Para conocer la génesis y las características de esta obra, e indagar en el universo literario de su autor, Palabras dialogó con Fitte.

¿Contanos en principio qué podremos encontrar en los cuentos de tu nueva obra?

En Punguéate este libro, como en el libro anterior, podrán encontrar una serie de cuentos curados, seleccionados entre los más de 100 que tengo escritos, algunos viejos, algunos nuevos, porque escribir para mí es un ejercicio permanente y súper terapeútico. y bastante autorreferencial, porque la ficción como algo puro no existe.

En cuanto al tono, también este es un libro que mantiene esa incorrección política que me gusta y me caracteriza, aunque reconozco que es absolutamente innecesaria y muchas veces súper incómoda, pero que igualmente aquí se ha profundizado bastante, porque en Punguéate intenté llevar lo irrisorio al extremo, traté de no autocensurarme, y me dí la libertad de molestar con absolutamente todo. No solo hacer chistes, sino molestar al lector, interpelarlo, como para ver hasta dónde llega su tolerancia con el escritor, hasta dónde se bancan mi costado más enfermo.

Otra de las características que también creo está muy marcada, salvo en el último cuento que es algo más personal, es que mi personajes no tienen un denominador común, como si fueran parte de un disco de una banda que transita por muchos géneros, y por eso este es un libro que no tenés que leer necesariamente en orden y, de hecho, está planeado considerando la posibilidad de que la gente decida saltarse algunos cuentos, porque tenés muchos estrictamente soeces, y algunos políticamente muy incorrectos, y escritos para molestar, cuentos de ciencia ficción, de futurismo absurdo en su fase más absoluta, y también mucho humor.

Igualmente, un humor también muy border en términos de incorrección ¿no?

Yo hago chistes sobre personas, sobre todas las personas, porque estoy convencido que no hay nada más democrático que el humor. Entiendo que eso es provocador porque los argentinos tenemos una tolerancia para el humor muy baja, y por eso el que más prima es el costumbrista, que es el menos útil, porque el humor tiene una función social absolutamente sanadora.

Creo que el límite del humor en mi escritura, porque yo no soy humorista, es ir hasta donde considero que una herida esta sanada. Como decía Woody Allen: “El humor es tragedia más tiempo”, y por esto hoy mientras se liberan genocidas no haría humor sobre desaparecidos, porque creo que es una herida que no cicatrizó y que además se está volviendo a abrir.

Recién hablabas de los argentinos y sus características, y en algún punto tus personajes juegan bastante con ciertos arquetipos de la argentinidad

La argentinidad es algo que a mí me seduce mucho, aunque me gusta más hablar de los porteños, porque lamentablemente la ciudad de Buenos Aires y el interior del país muchas veces son dos países separados. Y en esa diferencia, yo entiendo que el porteño tiende a ser mucho más fascista, falangista, reaccionario, intolerante y xenófobo, y a tener reacciones muy adversas ante lo distinto, sea alguien que practica otro culto religioso, o alguien que tiene otras capacidades físicas o intelectuales. Y esas voces xenófobas y reaccionarias son las que me gusta poner muchas veces en boca de mis personajes.

¿En ningún momento te genera temor que asocien esos personajes o sus opiniones con la imagen que fuiste construyendo desde el periodismo?

Aunque este es mi segundo libro, realmente me da mucho miedo publicar, porque si bien mi laburo como escritor es el que más me gusta y el que más disfruto, y que me digan escritor es lo que mejor me hace, no dejo de ser un periodista de un medio muy masivo.

Sé que soy un tipo simpático, y me considero mayormente buena persona, porque tengo la convicción de no haber cagado nunca a nadie. Entonces, a la hora de presentar estos cuentos estoy planteando una ruptura con esa imagen, y desde ya me da temor que asocien el humor del libro y lo provocador que es con mis ideas, que son diametralmente opuestas a las que plasmo.

De hecho, hay tres cuentos que estuvieron a punto de no entrar hasta último momento, porque pensaba: mmm… la gente se va a enojar conmigo, que es una consecuencia más que posible de la lectura, y un riego que uno toma cuando provoca, pero a diferencia del primer libro en este caso decidí probar, porque pasaron dos años, y en ese tiempo me pasaron muchas cosas, entre ellas un crecimiento de la exposición de mi trabajo en la televisión y las redes, y como la gente me conoce un poco más, tal vez ahora sí está más claro qué es lo que hago cuando me siento a escribir.

¿Además desde la edición hay un cierto marco que van armando las reseñas y los comentarios? 

Desde ya, tanto las lecturas de Santiago Calori, Eugenia Zicavo e Ingrid Beck, van en esa línea, como también la bajada, que es cuentos psiquiátricos, y la elección de Sebastián Wanraich para la escritura del prólogo, que hizo un texto que en su primera oración dice: “Eddie Fitte es un pobre pibe”. Todos esos elementos dejan muy en claro que cuando el lector entra al libro está decidido a conocer otra faceta mía, que no es la del chico que habla de redes sociales, o presenta informes de personas que hacen trabajos sociales y demás.

¿Más allá de esos temores crees que el hecho de que seas un personaje conocido puede acercar a la lectura a personas que tal vez de otra forma no lo harían?

Yo creo que sería buenísimo que por ahí alguien que me conoce de la tele o de las redes me tome como primera experiencia literaria, y eso lo lleve al infinito mundo de la literatura. Eso es algo soñado, que ojalá sea posible. El libro de hecho, tiene varias advertencias del autor, y entre las que planteo de entrada está que mi escritura es una emulación, una coctelería de todo lo que yo leí.

Yo soy un enfermo de la lectura, me fascina leer, leo muchísimo y cito los autores de los que tomé recursos estilísticos, o licencias literarias, los elementos con los que fui armando mi propio trago, siguiendo con la metáfora coctelera. Realmente me encantaría que alguien termine de leer este libro y diga: vamos a las fuentes. Como empezar por un disco de Viejas locas y terminar escuchando a los Stones.

¿Y cuáles son tus fuentes?

Yo creo que necesariamente, y aunque parezca un lugar común Bukowski, también Burroughs, Kerouac, Allen Ginsberg, la generación beat me influenció muchísimo. También siempre me atrajo mucho la literatura japonesa, esa cuota de oscuridad que tienen los japoneses al escribir, y su concepción de lo roto, porque ellos valoran mucho más lo roto y rearmado que lo antiguo, si hay algo que es antiguo, se rompió, y se volvió a arreglar, tiene en Japón 15 veces más valor, y yo soy una persona que se considera rota y reparada.

Obviamente, me gusta mucho el existencialismo ruso, por esa cosa retorcida de los monólogos internos, y esa navegación en la propia psiquis, y por eso trato de tirar centros, porque Dostoyevski puede sonar como algo re pesado, y es verdad que si agarras Los hermanos Karamázov te puede espantar al inicio, pero luego de un par de intentos difícilmente no te des cuenta que está buenísimo. Es como la cerveza en los primeros tragos, que es amarguísima, y es raro que a uno le guste inicialmente, pero después es un elixir.

Así que en el fondo tengo esa fantasía que por ahí, Memorias del subsuelo, que es el libro que a mí más me gusta, y siempre recomiendo, pueda llegar a más personas, porque sé que lo van a disfrutar mucho, como también sé que no hace falta haber pasado 9 años en Puán para disfrutar Guerra y Paz de León Tolstói.

¿Y además de todo ese camino por autores y lecturas, hay elementos de tu escritura con un origen más cercano al periodismo que a la literatura?

El periodismo me ha dado una posibilidad enorme de viajar, de conocer gente, de ampliar las fronteras de mi cabeza, y ha sido la fuente de mis diarios de viaje, textos donde plasmo las experiencias que he tenido la suerte de vivir en los distintos recorridos que hice por más de 60 países de mundo de los 5 continentes. De hecho, me encantaría que mi próximo libro sea la publicación de esos diarios, para ponerle cierta cuota de periodismo a la escritura y probar como confluye con lo literario.