“Locos de amor, odio y fracaso” (Planeta) es la primera novela del periodista Edi Zunino, un ejercicio de ficción política, donde la realidad nacional se filtra a cada paso.  Desde la construcción del personaje principal, Anselmo Valdivia, un periodista exitoso, admirado y obsesivo que está terminando su obra cumbre: la Primera enciclopedia del fracaso nacional, hasta figuras como La Jefa y El Ingeniero, los dos líderes antagónicos, o la figura de El Procurador, que muere misteriosamente cuando se preparaba para presentar la evidencia irrefutable que condenaría a La Jefa, la novela nos invita a pensarnos como sociedad, interrogando a la política, pero también reflejando la crisis de credibilidad que atraviesa el periodismo en esta etapa.

Para conocer detalles de esta obra, Palabras dialogó con Zunino en una charla donde el autor junto a cada respuesta, nos planteó un nuevo interrogante.

¿Por qué luego de afirmar en reiteradas oportunidades que en nuestro país la realidad supera a la ficción decidiste escribir una novela?

En verdad, es una muletilla bastante usual decir que en Argentina la realidad supera a la ficción, por esto lo que planteo es que, si eso es cierto, y siendo periodista, volcándome a la literatura puedo ver si la ficción le da una manito a la realidad.

Pero concretamente creo que hay varias razones que me han empujado a escribir la novela, y a la hora de enumerarlas sin duda, en primer lugar, pesó que soy lector desde siempre.

También me parece gravitante, que si bien soy parte de una generación que se formó en el periodismo con algunos modelos de escritores que lo ejercían como modo de supervivencia, como una suerte de arte menor, eso fue algo que definitivamente cambió con el nuevo periodismo norteamericano de finales de los 50, inicios de los 60, con Tom Wolfe, Truman Capote o Gay Talese; un movimiento que en América Latina tuvo su versión con autores como García Márquez, que siempre dijo que el periodismo era el mejor trabajo del mundo, pero se volcó del periodismo a la literatura. Aunque, finalmente, el realismo mágico propone una mirada que también supone realismo.

Finalmente, creo que haciendo periodismo escrito, que es mi especialidad, muchas veces sentí que estaba haciendo ficción. Justamente esos baluartes del nuevo periodismo nos enseñaron a utilizar técnicas y tretas de la literatura para contar la realidad, que, por otra parte, todos sabemos puede ser contada de muchas maneras.

¿Por qué en la presentación del libro planteaste que Anselmo Valdivia, el personaje central de la novela, personifica la crisis que atraviesa la profesión periodística?

Porque creo que hoy lo que está en juego es la materia prima original del periodismo que es la credibilidad. El poder siempre confrontó con el periodismo, siempre hubo un conflicto entre el poderoso y el que tiene de contar lo que hace el poderoso, pero la explosión tecnológica, y de las redes sociales a nivel global, le brindaron a las audiencias cierta sensación de liberación, las liberaron, entre otras cosas, del editor.

Hoy, dependiendo de la capacidad del caño o del smartphone que tengas, podes editar tu propio medio, recortando a información que te gusta, del lado que te gusta. Y en las propias redes se manifiesta la confrontación de las audiencias con el periodista, el editor y el medio, donde ese “me liberé de vos” aparece como un “no te creo”. Ahí hay una crisis de credibilidad.

También me parece que hay una crisis de identidad porque hay códigos de comunicación que en plena era de las redes sociales no se han terminado de definir, pero mucho no se emparentan con el lenguaje periodístico tradicional del siglo XX. Hoy todo es on line, todo rápido, todo ya.

Finalmente está el futuro, ¿cómo va a ser el negocio periodístico en el futuro? Todas las grandes empresas periodísticas están discutiendo eso, y en los foros y asambleas anuales un año van con una idea, el otro con la contraria, luego con un mix de las dos, y finalmente vuelven a la primera, lo que indica mucha desorientación en torno a cómo lograr que la empresa periodística subsista como editor elegido por esas audiencias dispersas y liberadas.

¿Te molestan aquellas lecturas de la novela que rápidamente plantean que Valdivia sos vos, el  ingeniero Macri, la jefa Cristina Kirchner, y el procurador el ex fiscal Nisman?

No me enojan porque el primero que se metió en este juego soy yo. La obra es una novela periodística anclada en el hoy, en el presente continuo del hoy, por eso, al igual que cuando uno lee o ve periodismo, creo que cada cual va a sacar su propia conclusión.

Además, ¿nosotros informamos a las personas o les confirmamos lo que creían previamente? Me parece que hoy el juego de la comunicación y la información pasa más por la confirmación de la creencia emocional previa, que por la información como valor en sí.

Este es el debate filosófico del momento: ¿quiénes somos en función de a quien elegimos para que nos cuente la realidad? Y, obviamente, la discusión filosófica de ¿qué es la realidad? Yo creo que la obsesión por la verdad del periodista no es por la verdad filosófica del sentido de la vida, eso es filosofía, es universal, y atraviesa los tiempos dejándonos encerrados en la misma duda: ¿cuál es el sentido de la vida?

Pero cuando nosotros hablamos de la verdad,  hablamos de los hechos, de las cosas, de que vos no podes haber estado en Mar del Plata y en Mendoza al mismo tiempo. Son los hechos los que nos determinan en el ejercicio de nuestra profesión, cosa que está desvirtuada también por el peso de la propia creencia.  La grieta es eso, si estoy en un lado, si me enrolo allí, por lo que sea, estoy recortando mi punto de vista en función de esa opción, y eso desnaturaliza el trabajo periodístico.

¿Qué cambió en tu mirada entre aquel trabajo periodístico donde planteabas “Cerrar la grieta. Ideas urgentes para el reencuentro de los argentinos” y este donde hablas de la “construcción obsesiva de fracasos”?

Yo creo que un oncólogo, cuando le dice al paciente “usted tiene cáncer”, no es pesimista. Le está diciendo la verdad, si el diagnóstico es bueno. Entonces, lo optimista es reconocer la verdad y operar sobre ella.

Creo que nosotros venimos formateados por una ideología instaurada como cultura en los años 90, donde el éxito es la razón de ser, el sentido de la vida. Pero yo creo que lo más optimista que podría pasarnos a los argentinos, si tenemos algún sentido trascendente de la argentinidad todavía, es mirarnos a la cara y reconocer que fracasamos, que lo hicimos mal. Reconocer el problema y pensar qué tenemos que hacer.

Yo creo que después de 34 años de democracia la solución no puede seguir siendo negar al otro, y seguir con la lógica clausewitziana, donde la política es la continuación de la guerra por otros medios. Hemos construido una democracia que no da respuesta a los problemas esenciales de sus componentes, que son los ciudadanos.

¿Cómo llevaste todos estos planteos a la ficción?

En principio,  Anselmo Valdivia como periodista se topa con estas nuevas realidades y actores, y le pasan muchas cosas vinculadas a la crisis que atraviesa la profesión que antes mencionábamos, así como también es partícipe de situaciones y encuentros con  personajes más antiguos, más analógicos.

Por otra parte, él busca el éxito, y espera encontrarlo a través de la escritura de la obra cumbre de su vida: la primera enciclopedia del fracaso nacional, donde va por la página 3512, aunque cada vez que entrega el último volumen, debe plantearle a su editor la necesidad de abrir uno nuevo.

Valdivia busca la solución en el registro periodístico e histórico de las distintas razones que componen la genética del fracaso nacional. Esa es la obsesión de este hombre, que de alguna manera también es un resignado, porque tiene 55 años,  y vio caer muchas cosas, el Muro de Berlín, vio muertos, vio toda una generación diezmada por la violencia política. Y de alguna manera todo aquello que lo empujaba a querer cambiar el mundo, ahora lo empuja a tratar de entender cuál es la razón para que finalmente el mundo siga andando.

¿Cómo fue personalmente correrse del periodismo, donde tenés un espacio ganado, para incursionar en la literatura? 

Tratando de ser brutalmente honesto debo reconocer que después de haber transitado más de dos décadas y media de ejercicio periodístico, aferrado a los manuales de técnica periodística, a la deontología y la ética periodística, al chequeo de fuentes, y a todas esas cosas que componen nuestro trabajo, esta obra  me permitió desconectarme de cierta fatiga,  que en este contexto de crisis de credibilidad se venía profundizando.

Por otro lado, yo he sido novelado: Menem me dijo delincuente periodístico, y me pasé la década de los 90 recorriendo juzgados federales, pintándome los dedos. Tenía la salida del país prohibida por hacer notas periodísticas. En la misma época Cavallo me decía idiota útil del narcotráfico, mientras que Yabrán planteaba que formaba parte de una mafia, junto con Duhalde y la policía bonaerense. Los kirchneristas me trataron de gorila, de destituyente, y vende patria; y los macristas me tratan de kirchnerista. Para los que no entienden nada me paga Massa, y si no me paga ninguno de los tres, soy un mercenario y me paga cualquiera, un día cada cual. Entonces, si yo he sido novelado con tanta arbitrariedad, porque no animarme a novelar, y llenar algunos huecos del chequeo de las cosas desde el punto de vista periodístico con ficción.

Porque finalmente, qué es la ficción, es el razonamiento, la imaginación, que en un periodista surgen de haber visto la historia, de haberla documentado, de haberla ido contando desde el inicio, porque yo creo en un periodismo que es la primera versión de la Historia aferrado a los hechos. Entonces, creo que haber hecho esto durante dos décadas y media también le da a mi imaginación algún sentido de realidad o de interpretación de la realidad, al menos eso quiero creer.

Locos de amor, odio y fracaso

Sinopsis

Anselmo Valdivia está terminando su obra cumbre: la primera enciclopedia del fracaso nacional. Es un periodista exitoso, admirado y obsesivo. Le dicen “Mito”. A poco tiempo de producirse la muerte de El Procurador, que preparaba la presentación de la evidencia irrefutable que condenaría a La Jefa, cree tener resuelto un dilema que divide al país en dos: ¿El Procurador fue asesinado o se suicidó? Gracias a su método inigualable, Valdivia reúne pruebas con detalles estremecedores y descubre alternativas inéditas de la guerra entre La Jefa y El Ingeniero, dos líderes antagónicos a los que ha visto con sus propios ojos en circunstancias que nadie se atreve a contar. La antinomia, como siempre, reina en el país, tensada hasta límites inconcebibles.

Nadie diría que existe un “Mito” Valdivia oculto, desconocido para su público. Años atrás, planificó matar a un presidente de la República. Ahora alterna con una logia secreta de viejos conspiradores, al mismo tiempo que intima con un grupo de jóvenes cibermilitantes, que lo conmueven con su mirada infantil de la historia. Se divierte en Twitter, en Facebook, en Instagram y sale de levante por WhatsApp. Adicto a todo y a sí mismo, aprendió a soñar para desterrar pesadillas, sin perder una buena cuota de saludable escepticismo. El desesperado Valdivia es la metáfora viviente de un periodismo en crisis. Sin embargo, entre sus sueños anticipatorios, hay uno que ilumina el devenir nacional y no es nada descabellado.

Edi Zunino dirige la revista Noticias. Ha recibido premios nacionales e internacionales por sus investigaciones periodísticas y se destaca por su labor en televisión. Con este, su cuarto libro, debuta en el género de la novela política.

Locos de amor, odio y fracaso es la ficción documentada de un país que parece elegir como destino su persistente capacidad de autodestrucción.