El domingo 10 de noviembre, abriendo la Competencia Argentina del 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se presentó La botera, opera prima de Sabrina Blanco, que cuenta la historia de Tati, una niña de 13 años de la Isla Maciel, que transita el pasaje de la niñez a la adolescencia, en medio de las complejidades de un entorno hostil, y persiguiendo un sueño poco habitual: ser botera en las aguas negras del Riachuelo. 

Con estreno comercial previsto para el próximo 5 de diciembre, la Botera es un film que corriéndose de los lugares comunes, logra retratar, en un mismo movimiento, un universo bien concreto, un momento preciso de la vida y –sobre todo– a una protagonista magnética, que es el alma de la película y que encarna a la perfección el tránsito convulso que implica inventarse a una misma.

Para conocer algunos detalles más de esta historia, sus sensaciones con la presentación y los proyectos que vendrán, Palabras dialogó con Sabrina Blanco, directoral del film.

¿A días de la presentación de La Botera cuáles son tus sensaciones con lo que ha pasado con la película?

Siento que todo esto es como un regalo, porque en esta presentación, que fue el primer contacto de La Botera con el público, la película tuvo muy buena repercusión, todas las funciones estuvieron llenas, el público amoroso y súper amable y la crítica también. Realmente el recibimiento ha sido muy bueno, y eso es algo que te entusiasma y te da mucha felicidad, porque además cuando empezaron a llegar las críticas, las reseñas y demás, me sorprendió que fuera tan valorado, y se hayan visto algunas cuestiones, que para mí eran centrales, pero que no se si eran tan evidentes.

Realmente, me llamó mucho la atención que politicen tanto la película, que era algo que me había pasado a mí al hacerla, al punto que una de las cosas que más intenté cuidar fue lo ideológico, tanto en los procedimientos, en la forma de acercarme a los actores, en la escritura, en la realización, porque para mí era muy importante no traicionar mis ideas, pero insisto, la película no remarca eso, hay muchas cosas que están medio fuera de campo, porque tienen que ver con todo el proceso de realización, y, sin embargo, la crítica las capturó.

¿Cómo fue ese proceso? 

Fue un proceso muy largo, muy humano, un trabajo mucho más parecido al procedimiento documental que al habitual para una ficción. Trabajé mucho tiempo en la Isla Maciel, conociendo a la gente, buscando los actores en el lugar. Hice un trabajo muy de otro registro, que, por eso, implicó tres años, mas allá de la escritura. 

Todo comenzó con 10 páginas, un borrador que quedó seleccionado para una clínica de nuevas miradas en San Antonio de los Baños, en Cuba. Viajé con esas páginas, y allí arrancó un camino de desarrollo, todos los años con una clínica, fue una ópera prima que se fue haciendo.

En el momento que empecé a escribir hacía trabajo social, trabajando con chicos y preadolescentes, y desde la relación que establecí con ellos pude ver con claridad, y más allá de mi propia experiencia, la complejidad que supone crecer para las mujeres, algo que en general se aborda desde un lugar idílico, muy decorado. Entonces, me pareció interesante poner una mirada íntima dentro de un proceso que es difícil para todas las mujeres, pero ubicándolo, además, en los márgenes. 

Con esa idea conocí el barrio, la Isla Maciel, que me pareció un lugar muy especial, porque está frente a La Boca y es como La Boca, pero olvidada, estigmatizada; y es un barrio a la vera de un río podrido, que es algo muy simbólico. Por eso pensé ¿qué pasa si la protagonista vive acá?

Luego, conocí a los boteros, que están allí resistiendo con un trabajo que es obsoleto, pero también muy pintoresco, y esa idea de remar en un río podrido me pareció una metáfora perfecta de lo que yo estaba planteando que le pasaba a la protagonista. Además, hablando con los boteros descubrí que era un trabajo muy masculino, y me pregunté ¿qué pasaría si una nena quiere remar en un río podrido? Esa fue la imagen que terminó de articular la película.

Con una historia tan sólida, tan profunda, por qué tomaste el riesgo de llevarla a la pantalla con actores naturales?

Al inicio hice un casting medio abierto, y sinceramente sentí que todas las personas que participaban tenían algo de impostura, de impostar algo que no tenían, y frente a eso decidí no caer en cierto facilismo usual en el cine de poner las mismas caras, sin importar que eso vaya en contra de la situación cultural de cada lugar.

Yo quería respetar la jerga, la forma de hablar, y como en la Isla Maciel no había actores, el trabajo fue hacerlos y animarnos a trabajar con improvisación, porque la idea era contar el lugar desde la verdad, una verdad que ellos conocen, y creo que por eso La Botera tiene una autenticidad que no se podía lograr de otra forma.

¿A partir de aquí, qué?

El estreno en salas comerciales será el 5 de diciembre, así que la idea es, luego de Mar del Plata, descansar un poco, y ponerle todo a ese estreno, acompañando la película, y capitalizando la experiencia para la que viene, que ya estoy escribiendo. 

Nuevamente será una historia social, de inmigración, que toca muchos temas que me interesan, porque el proceso es largo, y requiere una motivación real para sostenerlo. De hecho, yo no quería ser directora de cine, quería ser la botera…

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=rqYslDuAr4k&feature=emb_title

Sabrina Blanco

Nació en Buenos Aires y estudió Realización Cinematográfica en el CIEVYC. En 2013 ganó el primer premio del concurso de guiones de Patagonik con La niña. Su proyecto La botera fue ganador del Concurso Raymundo Gleyzer 2015. Actualmente trabaja en producción de contenidos como guionista de UNTREF.