Hasta el 22 de septiembre en Galería Mar Dulce se presenta Vermont, muestra de Sofía Wiñazki, que invita a descubrir a través de sus obras, los mágicos paisajes de ese territorio ubicado a pocos kilómetros de la frontera entre Estados Unidos y Canadá.

“El mes de febrero en Vermont es pleno invierno. Cuando Sofía Wiñazki llegó desde el verano de Buenos Aires, el paisaje helado creó un golpe para sus sentidos. Se podía ver a Sofía caminando afuera en todas direcciones, explorando los numerosos senderos, puentes, ríos, colinas y campos, todos cubiertos entre hielo y nieve. Su primera pintura fue una cascada congelada. Regresó muchas veces al mismo sitio para observar, a medida que la temperatura subía, el hielo que comenzaba a desprenderse, para finalmente ver como todo aquello se deshacía en grandes pedazos que se perdían con la corriente del río. El paisaje y el modo en que este se modificaba se volvieron el tema de sus obras”, relata en el texto de presentación de la muestra Joe Rudko, compañero de Wiñazki durante la residencia en Vermont Studio Center, donde nacieron las pinturas que hoy se exhiben en Mar Dulce.

Pero además, el tiempo, la distancia y el nuevo escenario fueron los ingredientes para que la artista, que hasta aquí trabajaba centralmente con pasteles y carbonilla, comience a experimentar con óleo, un camino de experimentación creativa que planea continuar cimentando. Para conocer algunos detalles más sobre el origen de esta serie, y el proceso que implicó el cambio de técnica Palabrasdialogó con Sofía Wiñazki.

¿Cómo nace Vermont?

Vermontse origina en una residencia que realicé en febrero de este año en Vermont Studio Center, un lugar increíble ubicado a pocos kilómetros de la frontera entre Estados Unidos y Canadá,junto a unos 50 artistas de todo el mundo, cuyo núcleo, además del intercambio, era la posibilidad de contar con un taller y tiempo para producir obra.

Yo hace tiempo venía trabajando con acuarelas y pasteles, y casi sin usar color, y tenía ganas de cambiar el material, pero o no tenía, o no me hacía el tiempo para hacerlo, así que la residencia me pareció una oportunidad única en ese sentido. Antes de ir, y a partir de las fotos que pude ver del lugar, decidí comprar los óleos, comprar el papel – que me gusta mucho más que en tela porque es un material muy cálido- para luego de mucho tiempo poder dedicarme solo a pintar.

Una vez allí, los primeros días me dediqué a caminar mucho, desde temprano, y fui tomando muchas fotos, de la nieve, de los bosques, etc. y luego me metía en el taller a pintar. Así fui haciendo esta serie que presento en Mar Dulce.

En la serie más allá del cambio de técnica reafirmás tu interés en la naturaleza y los paisajes, aunque aquí como tercer elemento también aparece fuertemente reflejado el cambio y la transformación.  

 En relación a eso lo que me sucedió es que entre el inicio y el final de la residencia, justamente, el paisaje iba cambiando, al punto de que en el mismo lugar donde solo se veía nieve en febrero, en marzo había una cascada y un lago. Afortunadamente creo que en la muestra se puede ver ese proceso porque pintando el paisaje fui representando ese cambio.

¿Cómo fue la decisión de cambiar de técnica tan lejos de casa, porque en principio, en situaciones así uno suele aferrarse antes que abandonar sus puntos seguros?

Yo estudié en el IUNA, y desde siempre fui a muchos talleres donde aprendí y trabajé con diferentes materiales, conocía la técnica del óleo, pero hace muchos años que no lo utilizaba, y me pareció que en Vermont, al tener tiempo, lo ideal era hacer lo que acá no estaba pudiendo: experimentar, y fui decidida a eso.

Mi mayor temor era que mi inglés no era muy bueno, eso me daba más miedo que cambiar los materiales, pero la experiencia fue excelente, el intercambio me sirvió mucho porque aprendés, consultás, probás, de hecho uno de mis compañeros de taller es el que escribió el texto de la muestra, porque quise que alguien que haya visto el proceso sea quien lo cuente, además, yo soy una obsesiva de los materiales y el óleo es perfecto porque siempre se puede seguir retocando y experimentando.

¿Cómo fue la respuesta de quienes conocían tu trabajo anterior ante este nuevo cuerpo de obra?

Esa fue una de las cosas que más me gustó, porque yo fui a la residencia pensando en trabajar, no en volver y hacer una muestra, pero centralmente a través de Instagram (@sofiwini) fui mostrando el proceso, y recibiendo comentarios muy buenos, que me alentaron no solo a seguir, sino a imaginar esto que es hoy Vermont en Mar Dulce.

Y hacia adelante, ¿cuáles son tus proyectos? 

Vine con muchas fotos de allá así que en principio quiero seguir pintando algunas imágenes que me quedaron pendientes, y seguir experimentando con óleo, un material que te da un placer enorme, por eso es uno de los más usados por los artistas de todos los tiempos, y que a mí en particular me abrió diversos escenarios sobre los que me tienta mucho seguir indagando.

Vermont, óleos de Sofía Wiñazki, puede visitarse hasta el 22 de septiembre en Galería Mar Dulce, Uriarte 1490.