“Uno escribe sin saber muy bien por qué o para qué, pero se supone que tiene que ver con las cosas en las que más profundamente cree, con los temas que lo desvelan. Escribimos sobre la base de algunas certezas, que tampoco son certezas full-time” nos dice Eduardo Galeano desde “El cazador de historias”, su última y entrañable obra, disponible desde abril en todas las librerías.

Así, con ese tono exacto, a veces austero, siempre rítmico, reflexivo e irónico, y cuando acaba de cumplirse un año de su fallecimiento, Galeano regresa, para entregarnos su última obra.

En “El cazador de historias” podremos encontrar aproximaciones a los temas clásicos de Galeano como el fútbol, el amor, la memoria, pero también anécdotas y vivencias personales, textos autorreferenciales donde cuenta historias sobre sus primeros viajes por América Latina, sobre su relación con Juan Carlos Onetti, historias que se generaron a partir de sus relatos y un poema de despedida.

“El siglo XXI no está resultando ser un gran siglo. Los abusos de un sistema formado por ricos cada vez más ricos y jodidos muy jodidos están a la orden del día. Siguen soñando las pulgas con comprarse un perro y los nadies con salir de pobres”, dice la contratapa de esta obra en la que, según Carlos Díaz, su editor, “Galeano sale a cazar en esa jungla para mostrarnos –con crudeza, con humor, con ternura– el mundo en que vivimos, desnudando ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver”.

Pero junto a los relatos, “El cazador de historias”, agrega allí Díaz, devela también al narrador que acecha detrás ellos. Y así, aunque siempre fue reticente a hablar de sí mismo, Galeano cierra este libro con un puñado de bellas y poderosas historias que sorprenden tanto porque ofrecen pistas de su biografía, de sus años de infancia y juventud, de los primeros viajes por América Latina, de las personas que marcaron su vida y su escritura, como porque expresan sus ideas sobre la muerte. Lejos de cualquier lamento, con el puro impulso de la curiosidad y la imaginación, se pregunta cómo será el final, qué deseos, afectos o necesidades aparecerán entonces”.

“El Cazador de Historias”, que ya se traduce al portugués, inglés y chino, se divide en cuatro secciones: Molinos de tiempo, Los cuentos cuentan, Prontuario y Quise, quiero, quisiera, nombre del poema navajo que cierra la obra y que junto a la incorporación de unos 20 textos pertenecientes a Garabatos, obra en que Galeano trabajaba al momento de su muerte, son las únicas modificaciones realizadas y no revisadas por el autor.

“Es una obra de madurez y de cierre. Él tenía claro que éste sería su último libro. Así lo pensó, por todas las decisiones atípicas que tomó, como la supresión de adjetivos en las contratapas y el poema final que añadió, Quise, quiero, quisiera, que cuando lo leí no le di importancia, pero con el tiempo le he dado un gran valor, porque es como su testamento”, destacó Díaz en la presentación de la obra.

 

Quise, quiero, quisiera

Que en belleza camine

Que haya belleza delante de mí

y belleza detrás

y debajo

y encima

y todo a mi alrededor sea belleza

a lo largo de un camino de belleza que en belleza acabe

 

El cazador de historias/ E.Galeano. (Siglo Veintiuno)