Entre el 17 de agosto y el 17 de septiembre se encuentra abierto el plazo para aplicar en la Primera Edición del Premio de Artes Visuales Kenneth Kemble, organizado por la Municipalidad de San Isidro.

De alcance nacional, gratuito, con importantes premios en efectivo, y un jurado de notables integrado por Eduardo Basualdo, Andrés Labaké y María José Herrera, el premio Kenneth Kemble nació con el objetivo de fomentar el desarrollo y producción de obras y proyectos en una amplísima gama de disciplinas, desde instalaciones en el espacio público, pintura, fotografía, gráfica/grabado, dibujo, video y nuevas tecnologías hasta performances, sonido y poéticas de ensayos vinculares, entre muchas otras.

Para conocer algunos detalles de esta iniciativa y comprender su inserción en las políticas culturales que promueve ese municipio de la zona norte bonaerense Palabras dialogó con Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

¿Cómo surge esta iniciativa?

Nuestros premios nacen desde una vocación de servicio, porque sea en el ámbito del arte o en el de la literatura, nuestro objetivo siempre es servir a quienes producen en esos campos.

Por otra parte, específicamente el Kenneth Kemble se inserta de lleno en las políticas culturales del municipio de incentivo, apoyo y acompañamiento de la producción poética, artística, reflexiva y crítica, donde el Premio de literatura  Mujica Laínez, que hoy está en su XI edición, constituye una referencia indudable.

Cuando hace más de 10 años creamos ese premio fue porque entendíamos que existía un espacio que nadie estaba ocupando. El Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, que había sido tan prestigioso, con galardonados como Cortázar o Borges, había desaparecido, y en su lugar se habían generado otros, como el premio Planeta o el Premio Clarín, con foco en la novela e impulsados por entidades privadas. El cuento, los cuentistas y lo público se habían quedado sin lugar. Nosotros lo construimos, y ya vamos a cumplir 10 años.

En el caso del Kenneth Kemble pensamos en esa misma sintonía. Nos preguntamos ¿qué estímulo sería valioso  e interesante para los artistas?,  y entendimos que la clave estaba en darles la posibilidad de producir con una libertad y a una escala a la que en general no acceden.

¿Y cómo fue la decisión de hacerlo nacional?

Estamos convencidos que generar un proyecto como este desde una mirada federal es un factor de enriquecimiento inmenso. Por esto también en el marco de un jurado de notables, la presencia de Andrés Labaké es clave, porque tiene un recorrido de más de una década en el Fondo Nacional de las Artes, caminado la Argentina entera, y nos interesa muchísimo esa mirada.

¿Qué datos nos podes adelantar en torno a la dinámica del Premio?

La idea del Kenneth Kemble es que un artista, o un colectivo de artistas presenten un proyecto, que pueden haber tenido desde siempre, o ser muy reciente, o especialmente pensado para esta instancia, y después acompañar a los seleccionados en todo el desarrollo del proyecto, con financiamiento, obviamente, pero no solo con eso, porque el acompañamiento en el desarrollo para que el proyecto se convierta en realidad es un factor tan vital como el dinero.

Concretamente, los premios serán tres, dirigidos a artistas o colectivos de artistas: el Gran Premio ($100.000); el Premio Beca Joven, hasta 35 años ($40.000), y el Premio Beca Residente ($40.000), exclusivo para vecinos del partido de San Isidro, además de tres a seis Menciones Honoríficas del Jurado. El Reglamento General de Bases y Condiciones se puede consultar en cultura.sanisidro.gob.ar y, para recabar más información pueden escribir a: premioartesvisualessi@gmail.com.

En todos los casos, las propuestas deberán ser desarrolladas entre el 5 de octubre de 2017 (ése día se informará vía electrónica a los premiados) y el 15 de mayo de 2018, y presentadas y/o inauguradas en junio de 2018.

Más allá de esos aspectos formales ¿cuáles crees son las características diferenciales de este premio, frente a otros también prestigiosos, organizados, por ejemplo por fundaciones ligadas a entidades financieras?

Para empezar este no es un premio adquisición, la obra se realiza y queda en poder del artista, no apuntamos a construir una colección municipal, sino que nuestra propuesta apunta a construir sentido en y desde el arte.

Además de esta iniciativa dentro del campo de las artes visuales tenemos un proyecto en marcha que se llama Arte Público, donde trabajamos con distintos artistas para hacer obras a gran escala, que se emplazan en vía pública, y por esto son a medida. Como parte de ese proyecto les pedimos a los que participan que trabajen ciertos temas o ciertas identidades, que entendemos en su hibridación dan cuenta de la identidad de San isidro.

Desde que iniciamos ese trabajo nos encontramos con que para muchos artistas era muy difícil resolver desde la escala, los materiales, o los emplazamientos, aquellos temas que proponíamos, porque la gran mayoría no había tenido la oportunidad de trabajar con esas posibilidades. Entonces, la idea es siempre correr la vara.

En el caso del Kenneth Kemble muchos de los que nos consultan nos comentan que inicialmente no podían contestarse ¿qué hago con tanto dinero y tanta libertad? La posibilidad de desmarcarse, de pensarse como artistas desde otro lugar, creo que también es una característica muy valiosa de este premio, aún para quienes no ganen.

Junto a  las que se vislumbran en los premios ¿cuáles son las principales características de la gestión cultural de San Isidro?

Desde el primer día de nuestra gestión decidimos transitar dos caminos: por un lado el de hacer un trabajo en profundidad con los artistas, construir un mapeo claro de nuestros artistas y nuestros emprendedores culturales, y, paralelamente,  pensar de qué modo desde la cultura se genera comunidad.

Esos son nuestros dos valores: la promoción y la generación de oportunidades para nuestros artistas, y la generación de comunidad.

Nosotros hacemos eso, y fuera de eso no hacemos nada, porque lo elegimos. Claro que para concretarlo creamos ensaladas: tenemos un Festival de Jazz, por ejemplo, que convoca mil personas por función, donde mezclamos a los grandes artistas con los sitios patrimoniales, con el circuito de bares, con los artistas emergentes de San Isidro. Un gran batido del que resulta la puesta en valor del patrimonio, del circuito gastronómico y de bares, la generación de oportunidades para los artistas locales, y de intercambio y renovación para los consagrados, que además no pueden creer lo que aquí está pasando.

Todas las actividades que hacemos están atravesados por estas ideas. No hacemos mega eventos que nos coman el presupuesto del año, ni tampoco nos dejamos llevar por la locura del número: el “metí 20 mil” acá no existe. Para nosotros es “acá hay 5”, “acá 2500”. Pero cada una de esas cosas tiene sentido dentro de una programación anual que adoramos y consideramos muy coherente.

¿Y cuál es la respuesta de los vecinos?

La gestión es muy reconocida, y existe una fidelidad conmovedora en materia de público. Todo se llena todo el tiempo. Yo creo que es un pacto de confianza que ya está establecido. El público sabe que siempre desde algún lugar encontrará en lo que hacemos sentido, disfrute, y posibilidades de participación, porque también estamos borrando la idea tradicional del espectador.