Periodista, crítico e investigador teatral, Federico Irazábal, actual director artístico del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) es, sin lugar a dudas, uno de los nuevos funcionarios que más expectativas ha generado con su nombramiento.

Esperando la próxima edición del Festival, que será en 2017, Palabras dialogó con Irazábal para conocer sus planes para el FIBA, y los avances que ha podido realizar desde la conducción de un espacio, reconocido entre los festivales de artes escénicas más importantes de América latina, que el próximo año celebrará su 11° edición.

Hace unos meses, a pocos días de asumir como director artístico del FIBA, habías planteado que  tu “objetivo a corto plazo era comenzar con reuniones con toda la comunidad teatral y de la danza para reestablecer vínculos”, ¿hubo avances en ese sentido, qué nos podes contar sobre los mismos y, en todo caso, qué inquietudes y receptividad encontraste?

Si bien por el corto tiempo desde mi designación todavía no pude hacer algo más de tipo sistemático, sí he comenzado a conversar con una parte de la comunidad de manera absolutamente informal acerca de sus perspectivas con relación al FIBA, sobre cómo lo vivieron y cómo lo viven en el presente, y especialmente, sobre qué tipo de festival les parece necesario.

Dialogar sobre esos temas para mí es fundamental, sobre todo en este momento en el que todo se encuentra en proceso de diseño. Yo creo que un trabajo de gestión tiene que combinar el sistema verticalista propio de la creación de un modelo de gestión, que es singular y responde a los intereses de quien cubra el rol, y una puesta en diálogo y tensión de ese sistema con lo que la propia comunidad requiere. Más aún en un festival de artes escénicas y en una ciudad con tanta producción y desarrollo como Buenos Aires.

¿Y en ese camino que mencionas, cuáles son las preguntas o inquietudes que estas planteando?

Para mí hay una serie de preguntas que son fundamentales: ¿para qué sirve un festival que cada dos años se instala en la ciudad con producciones extranjeras y locales? ¿Qué capacidad de incidir en la cartelera local tiene?, ¿Debe hacerlo?, ¿Cómo se piensa un festival desde una zona tan distante de los grandes centros urbanos escénicos? No es lo mismo diseñar un festival en Berlín, que está a escasas horas de Londres o París, que hacerlo en Buenos Aires. Si un festival es un fenómeno que pone en circulación cierto tipo de productos, ideas, imaginarios, hay que ser consciente que cuando se está tan alejado de esos lugares considerados “centrales”, ese es el único modo de garantizarlo.

También para mí es muy importante el trabajo conjunto con los hombres y mujeres de la escena que han generado una fuerte vinculación con el público local al tiempo que han logrado generar para sus productos una fuerte imbricación con el afuera. Esto te diría tiene más que ver con tratar de comprender los sistemas de influencia y de diálogo que ellos viven cada vez que giran por festivales y ciudades, por lo que se encuentran con productos que su público local ignora, justamente, por no haber tomado contacto con ellos.

En ese sentido, creo que hay una especie de asimetría entre los consumos culturales del artista y los del público local que un festival podría tratar de saldar. Por supuesto que esto es un punto de vista muy singular y que puede ser discutido fuertemente, pero hasta el momento yo creo que hay algo de eso, aunque estoy dispuesto a discutirlo.

¿Se alimenta esa perspectiva también desde tu experiencia personal?

Seguro, ya que a mí en lo personal me sucedió. El FIBA me permitió en su momento comenzar a reconocer las génesis de las teatralidades que yo consumía con asiduidad en Buenos Aires. Me permitió salir de una perspectiva insular para comenzar a trazar redes, recorridos, distancias y cercanías.

En tal sentido yo creo firmemente que hay al menos dos festivales posibles en los extremos, con todas las variantes intermedias, que garantizan los polos: uno que prescindiendo de las estéticas locales no busque el diálogo sino el impacto y la sorpresa de producciones extranjeras; y otro que trate de curar espectáculos que estén en diálogo con el teatro local. Entre esos dos extremos puede haber muchas posturas intermedias. Eso es para mí lo interesante que tiene este lugar en el que estoy hoy. Pero no creo que deba ser yo quien de la respuesta, si es que la hay, sino que eso saldrá de esos diálogos con la propia comunidad.

Otra de las cuestiones que habías planteado  al asumir y que generó mucha expectativa fue que tenías “libertad creativa para hacer borrón y cuenta nueva con el Festival”, en ese camino, ¿qué ideas o iniciativas son las que más te interesa implementar?

Mi postura es que el FIBA ha llegado a la mayoría de edad. Para cuando tengamos la próxima edición celebraremos los 20 años de existencia del FIBA (1997-2017), y será la primera de una nueva década para el festival (XI). Esto amerita un trabajo de reescritura y es lo que se me pidió desde la dirección de festivales. Sobre los lineamientos de esa reescritura, puedo decirte que estamos partiendo de las preguntas que te mencioné antes para ver hacia dónde nos llevan y luego ver de qué modo se plasman en productos concretos y singulares.

Entonces, más allá de los productos concretos y singulares ¿cómo imaginas el espíritu o la impronta de este nuevo FIBA?

No sé si hablaría de espíritu o impronta en esta altura de la organización. Si sé qué cosas desearía que tenga pero que no obedecen únicamente al festival en sí sino a cuestiones culturales mucho más amplias. Para mí uno de los factores más interesantes que el festival tuvo en su momento fue su carácter festivo. Pero eso es algo que en términos generales se ha ido perdiendo, que no le pasó sólo al FIBA. Si se pudiese recuperar algo de todo eso para mí sería fabuloso. Pero lo que más quiero y pondré mucha energía en eso es generar un área académica dentro del festival que lo ponga en relación con todos los espacios de formación escénica, universitaria, o no, para que el festival llegue a las aulas.

Creo que en lo que ocurre con el público el FIBA ya está instalado. Todos los años ocurre algo más o menos semejante: se inician las ventas y en los primeros días se agotan las localidades para las producciones europeas. Luego para el resto de las producciones extranjeras, aunque suele quedar para el final lo latinoamericano. Pero a la larga se agotan todas. Esto significa que el FIBA tiene ya una inscripción en la cartelera de Buenos Aires, que la gente lo disfruta. Yo quisiera lograr que el FIBA entre a las aulas y para ello estoy trabajando para poder generar un diálogo con esas instituciones. Creo que el Estado debe optimizarse a sí mismo, y al generar ámbitos de formación públicos y gratuitos, debe lograr que esos ámbitos estén incluidos en el FIBA de alguna manera.

¿Junto a la faz educativa y de formación cuáles son las otras necesidades de la comunidad teatral y el público a las que el nuevo FIBA está decidido a responder?  

Una muy concreta tiene que ver con la fecha de realización, porque, en general, el año que tiene FIBA suele ocurrir algo muy sintomático: los teatros se vacían luego del festival. Esto es un fenómeno que está estudiado y que tiene que ver con razones tanto económicas como de otro tipo. El público va tanto al teatro durante el festival que luego parece tomarse un descanso. Y eso perjudica a los teatros locales, por sobre todo a los independientes que son los que comparten público con nosotros. Por eso estamos viendo si podemos dentro de la agenda de festivales llevarlo lo más tarde en el calendario posible. Eso es un deseo personal. Ojalá pueda cumplirlo. Pero eso, claro está, debe ponerse en diálogo con toda la agenda cultural de la Ciudad, que es mucha por suerte, y con las agendas de las compañías internacionales que también es compleja.
¿Podes ya brindarnos alguna precisión en torno a los sistemas de curaduría que van a implementar?

En ese punto todavía no tengo una propuesta cerrada. En lo internacional trabajaré muy próximo a mi productora general, Cecilia Kuska, junto a la asesoría de esos artistas que desde siempre colaboraron conmigo diciéndome qué hay que ver, desde su punto de vista, en distintos lugares del mundo. Esos artistas que viajan y giran mucho, ven mucho también. Ahí hay un potencial que yo no pienso desperdiciar, más allá de que luego la costura final obedezca a las necesidades puntuales del entramado de este festival, y a un acomodamiento de agendas, de números, en fin, a toda una serie de cuestiones muy prácticas pero a las que hay que atender. En lo nacional estimo que se seguirá por la misma vía: se abrirá la convocatoria y un comité de selección será el encargado de seleccionar los espectáculos que participen. Pero todavía este comité no está conformado más allá de que estoy pensando en ciertos nombres que me gustaría que participen dándole todo ese conocimiento sobre la escena nacional que han adquirido con el correr de los años.