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Luego de dos semanas intensas, este 16 de febrero el Festival de Teatro Temporada Alta finaliza su quinta edición consecutiva en Buenos Aires,  dejando como balance preliminar la posibilidad de haber disfrutado 12 días de mucho y  muy buen teatro, con obras provenientes de Cataluña, Perú, Chile, Uruguay y Argentina.

En lenta retirada hasta el próximo año, el martes 14 y el miércoles 15 de febrero desde las 21 hs se realizarán las dos últimas funciones de Esto se iba a llamar Proyecto Chejov (work sin progress), del director chileno Felipe Rubio, una intensa búsqueda escénica sostenida sobre tres ejes: el amor, el teatro y el origen.

Para conocer más sobre esta obra, a horas de su presentación en la sala Timbre 4, Palabras dialogó con Felipe Rubio.

¿Cómo surge Proyecto Chejov?

Específicamente, la obra es el producto de una residencia artística que desarrollé en Espacio Granate; una instancia de trabajo y aprendizaje colectivo muy intensa a la que accedí como premio por la presentación de la performance “MARTA”, un acto de memoria para dos mujeres asesinadas por la dictadura chilena, en el Festival LODO, que organizó el Club Cultural Matienzo en 2015.

Por otra parte, yo soy actor, y desde 2008, ya casi hace 10 años, encontré en la dirección el camino que quería seguir. En esa búsqueda, hace unos 4 años me mudé a Buenos Aires, y comencé a trabajar una línea más cercana a la performance, algo así como un cruce entre el lenguaje teatral y el performático, y Proyecto Chejov, es también parte de esta larga investigación que aún estoy desarrollando.

¿Específicamente qué temáticas aborda la propuesta?

La obra trabaja sobre tres temas: el teatro, el amor, y el origen o la memoria, un eje en el que hablo directamente de mi padre, a partir de una historia que me relató hace unos años sobre nuestros antepasados irlandeses, la primera generación de mi familia que se radicó en Chile, y que es una línea que me permite reflexionar también sobre la inmigración, una temática hoy tan discutida, porque yo también soy inmigrante.

Sobre esa estructura, Proyecto siempre está cambiando; de hecho, hay escenas que reescribo la noche anterior a la función. Y es que la obra en el fondo soy yo, entonces me puedo dar el lujo de decir aquello que voy necesitando.

Frente a una impronta tan personal y autobiográfica ¿cuál es la reacción del público?

Al principio tenía mucho temor porque Proyecto surge en un momento donde sentía que necesitaba hablar desde mí y atravesar mi biografía,  pero al comenzar a hacerla, afortunadamente, de manera inmediata observé que se planteaba una comunión profunda con el público, y que había mucha empatía. Y es que en definitiva, todos tenemos, o hemos tenido un padre, también el corazón roto, etc. Entonces, desde allí, se establece esa comunión que es algo muy lindo, casi una especie de ritual. Gaudí alguna vez dijo que la originalidad consiste en volver al origen, yo creo que con esta obra logré volver al origen, y ver cuál es mi forma de hacer teatro, mi forma de ser único.

¿Qué diferencias encontrás entre la escena teatral chilena y la que se desarrolla en Buenos Aires?

Cuando llegué a Buenos Aires a los veintitrés días estrené una obra, fue algo fantástico, sentí que estaba en un lugar donde las puertas estaban abiertas para realizar aquello que deseaba. Santiago, tiene un medio teatral muy pequeño;  antes de partir me sentía aburrido, y por eso entendí que debía partir hacia Buenos Aires, una ciudad que es, sin duda, la capital latinoamericana de la cultura, donde está todo sucediendo, donde siempre hay cosas que hacer. El recibimiento de mi trabajo fue excelente, hoy siento que Buenos Aires es mi casa, mi lugar.

Sin embargo, en obras como Marta, donde trabajas sobre el período dictatorial, o en Proyecto, donde destacas tu condición de inmigrante, Chile evidentemente reaparece   

Es que, justamente, aquí en Buenos Aires pude empezar a mirar a Chile desde lejos, a hablar de Chile desde otro punto de vista. Chile es un país sin memoria, como un cuerpo con alzhéimer, y la distancia me permitió hacerme cargo como artista de mi parte.

Esto se iba a llamar Proyecto Chejov (work sin progress): 14 y 15 de febrero en Festival Temporada Alta en Buenos Aires.  Sala Timbre4, Boedo 640.