Durante sus casi tres décadas de trabajo periodístico, extensa trayectoria donde, partiendo de los semanarios locales Carta Abierta y Costa Norte, de su San Isidro natal, llegó hasta la revista Noticias, como redactor jefe, a la dirección periodística del diario El Cronista, y en la actualidad al diario Clarín, donde se desempeña como prosecretario general de Redacción, Fernando González nunca abandonó su pasión por la literatura, simplemente la puso en suspenso.

Hoy, decidido a reactivar ese universo de historias, donde la urgencia del cierre llega pero se dilata, presenta su primera novela El barrabrava (Sudamericana), en la que ofrece una radiografía del fanático, y del funcionamiento de las temidas barras del país, a través de la historia de Facundo Gómez Lara, un joven de familia acomodada, que luego de un tibio comienzo como barrabrava en Tigre, llega al mundial de Estados Unidos buscando cumplir su único sueño: vivir el fútbol en las grandes ligas.

Para conocer la historia detrás de esta obra, Palabras dialogó con el autor, sobre el libro, la violencia, y las obsesiones históricas de los argentinos.

Finalmente llegó El Barrabrava, un proyecto que entiendo tiene una larga historia

Sí, y es que aún antes de empezar con mi carrera como periodista yo me dedicaba a escribir, en 1996 presenté  mi primera novela, “La Batalla de Boulogne”, para el premio Planeta, y aunque la obra salió finalista nunca se publicó. Unos años después, allí por el año 2000, escribí El Barrabrava, mi segunda novela, la presenté en concursos, pero no funcionó, y durante un tiempo dejé de dedicarme a la literatura, hasta que hace dos años retomé, releí El barrabrava, la rescribí, la actualicé, le agregué 4 capítulos, y la presenté en Sudamericana, desde donde me llamaron a fines de 2016 para avisarme que les había gustado, y querían publicarla. En marzo terminamos con la edición y las correcciones, entró en impresión, y desde el 1 de junio, felizmente, ya está en las librerías.

Realmente estoy muy contento porque este es un viejo sueño que tardó en concretarse unos cuantos años, y recorrió una larga parábola, y además tengo muchas ganas de insistir, en principio rescribiendo aquella primera novela, y también embarcándome en algún otro proyecto, así que hoy paralelamente a mi intenso trabajo periodístico estoy decidido a hacerme un espacio para dedicarme a la literatura.

¿Qué tiene El barrabrava que te decidió a retomar la historia, pese a aquel fallido comienzo 

Creo que la violencia sin sentido en Argentina es una obsesión, y uno finalmente vive de obsesiones, y trabaja con temas que lo obsesionan.  Además, específicamente, la violencia barrabrava no desapareció ni se minimizó en todos los años que pasaron desde que escribí aquella primera versión, sino que fue creciendo cada vez más, haciendo inviable ir a ver tranquilo un partido, y disfrutar plenamente de esa pasión que es el fútbol para muchos argentinos.

Yo soy hincha de Racing, y la última vez que vi un partido tranquilo, con hinchas de los dos equipos juntos en una platea, y sin que se maten, fue en 1997 en la cancha de Independiente, nuestro clásico rival. Recuerdo que había una parejita, ella con remera de Racing y él con la de Independiente, abrazados, y cada uno gritó su gol, y no pasó nada, pero esa fue la última vez. A partir de ahí separaron a las dos hinchadas, había incluso un alambrado en el medio cuando se jugaba un clásico; y hoy ya ni van los visitantes, y los partidos los puede ver en vivo solo una parcialidad, porque el Estado no está en condiciones de garantizar que si están ambas las cosas se desarrollen de manera pacífica: la violencia barrabrava se incrementó y creció a niveles explosivos, y eso fue un elemento central para decidir continuar con esta historia.

En esa línea, si uno compara aquella versión del 2000 y la que finalmente salió publicada, el texto inicial parece naif, porque el comportamiento se volvió más violento, la influencia y el poder se acrecentó, y los barrabravas son hoy en general personas manejadas por dirigentes, políticos, sindicales, mafiosos, que los utilizan para fines muy diferentes a ir a alentar a una cancha los fines de semana.

En la caracterización del personaje central de tu historia Francisco Gómez Lara, te corriste del estereotipo que explica al violento a partir de su condición de clase, ¿por qué?

Me fui por el barrabrava de clase media alta porque conocí algunos personajes así, con características que me sirvieron para crear y armar a Facundo Gómez Lara y su universo; y también porque es la violencia más difícil de explicar. Aquella violencia que emerge en el fútbol y se explica por la marginalidad está claramente relacionada con las carencias, la pobreza, la falta de cultura de trabajo, la violencia doméstica en el hogar, las adicciones. En cambio, dilucidar por qué una persona que tiene las necesidades básicas satisfechas en demasía va a una cancha y se comporta de una manera radicalmente diferente a como lo hace en su casa, y en su vida en general, es algo más complejo. ¿Qué es lo que sucede con esas personas? Creo que es algo que excede a la marginalidad, y se relaciona directamente con la violencia social imperante en la Argentina.

Y ahí está Facundo que ingresa a la barra por la fascinación, por la aventura, siendo un adolescente, y en un club de primera B, pero que al salir de la adolescencia, al madurar un poco tardíamente, comienza a darse cuenta del negocio que implica manejar los hilos de la violencia barrabrava.

Claramente, gran parte del entramado que describís en el libro sobre la violencia barra habla de tu oficio de periodista, ¿dónde sentís que pudiste despegar de ese rol y dejar aflorar la literatura?

Creo que en las relaciones humanas, a la hora de crear el mundo del barra, de dar cuenta de sus dificultades para relacionarse con su novia, con su padre, su madre. En la exploración de sus inseguridades y su inmadurez, aquellas que quedan en evidencia cuando viaja a los Estados Unidos para el mundial y tiene que valerse por sí mismo, por ejemplo, aparece la literatura; y también en la “argentinidad”, en el intento de explicarla, y dar cuenta del porqué de la violencia mirando hacia el pasado de nuestro país, focalizando en las dificultades que nos atraviesan como sociedad. Yo creo que allí también voy más allá de las locaciones periodísticas que me llevaron a escribir la novela.

Y es que personalmente conocí la cancha de Tigre de chico, fui a cubrir un mundial para revista Noticias, conozco las ciudades, y viví el fenómeno que representó para el país ese mundial, que fue muy especial: recordemos que a Maradona le cortaron las piernas, fue una realidad muy rica en elementos de ficción; pero al margen de eso, creo que en el desarrollo de la relación del barra con sus afectos, y también con la argentinidad aflora definitivamente la literatura.

¿Y a la hora de pensar en el lector, cómo fue pasar del contrato de lectura periodístico a aquel que supone el universo literario?

Esa fue otra de las cosas en que creo despegué del periodismo, porque traté de no pensar demasiado en quién podía leer la obra, sobre todo porque no quería escribir una novela de fútbol, sino ir más allá, hacer que el fútbol funcionase como excusa, como gran excusa, porque es una pasión para una gran mayoría de argentinos. Entonces, a quienes les gusta el fútbol seguramente les va a interesar el libro, y van a encontrar elementos familiares, pero más allá de eso, una de las cosas a la que aspiro es a poder llegar con un mensaje en torno a la violencia a las personas de mi generación, a quienes tienen 10 años más o 10 años menos.

Soy parte de una generación que no es la de los 70, y no es de esa violencia de la que hablo, aunque hago alguna referencia. Soy de la generación de la democracia, la que se entusiasmó con la primavera de Alfonsín, se desilusionó con Menem, se volvió a entusiasmar, aunque un poco menos, con la Alianza, y después no se entusiasmó más, y me parece que todos los que formamos parte de ese universo en algún momento nos preguntamos ¿Argentina mejorará, o es definitivamente un país inviable? Creo que esa es la pregunta que nos hacemos muchos de los que tenemos entre 40 y 50 años,  que tal vez son los lectores más claros de la obra, aunque el fútbol es tan maravilloso, que seguramente muchos lectores más jóvenes también se van a interesar.

¿Y cuál es, al menos parcialmente, tu respuesta a ese interrogante?

Yo creo que hay opciones, y específicamente en relación a la violencia barrabrava, para nosotros y otros países que atraviesan situaciones similares, Inglaterra, el éxito que tuvieron combatiendo ese fenómeno a fines de los 80 debe ser una referencia. Allí se involucró el estado con mucha fuerza, con leyes, con cuerpos de policía entrenados especialmente, con toda la clase política involucrada, entre otros elementos, y lo resolvieron; y yo entiendo que por ahí es el camino.

Afortunadamente, ahora estoy viendo algunas señales interesantes, como las acciones que se vienen realizando desde el organismo que maneja la seguridad en el fútbol en la provincia de Buenos Aires, que entre otras cosas, estableció el derecho de admisión para los violentos, algo que siempre tuvo que hacer el Estado, porque no podes dejar en manos de los clubes esas cosas, ya que son parte del entramado, y o no lo hacen, o lo hacen a medias. Ese es un primer paso, que el Estado se involucre, porque sino, no se soluciona; y obviamente, luego o en simultáneo, viene un gran trabajo a nivel social, porque la sociedad muchas veces festeja y ampara esos comportamientos. Entonces, al igual que con Ni una Menos, y el trabajo contra la violencia de género y otros tipos de violencia, en el caso de la violencia barrabrava la solución requiere un involucramiento muy fuerte y decidido del Estado y la sociedad.

Sinopsis:

Facundo Gómez Lara es un joven de familia acomodada, que en una tarde cualquiera conoce la cancha de Tigre. Deslumbrado por el mundo del fútbol, hará lo posible por volver a los tablones todos los fines de semana, y así comenzará su carrera como barrabrava. Cuando llega el Mundial de Estados Unidos, buscará cumplir su único sueño: vivir el fútbol en las grandes ligas. Pero Facundo no ha pasado desapercibido y su excursión al escenario internacional será vigilada minuciosamente.

Sobre el autor:

Fernando González nació en San Isidro (Buenos Aires), es periodista y escritor. Inició su carrera en los semanarios locales Carta Abierta y Costa Norte. Después fue redactor jefe de la revista Noticias, director periodístico del diario El Cronista, y en la actualidad es prosecretario general de Redacción del diario Clarín. Desde hace quince años conduce “Mañana es mejor”, su programa de radio en FM Blue. También estuvo al frente, durante siete años, de “El Cronista TV” por A24, y produjo el programa de televisión “Rutas argentinas”. En 2010 recibió el Premio Adepa a la Libertad de Expresión. En 2014 publicó el ensayo Crónicas de un país adolescente. Antes escribió La batalla de Boulogne, finalista del Premio Planeta 1996, inédita. El barrabrava es su primera novela editada. Es hincha de Racing, lector agradecido de J.D. Salinger y religiosamente optimista.