Un detallado recorrido por la esencia de nuestra contemporaneidad a través de 64 fotografías de diversas fachadas urbanas es la propuesta de Frontalismo, la última obra del reconocido fotógrafo Facundo de Zuviría, con textos de Adrián Gorelik, lanzada esta semana por Ediciones Larivière.

Después de Siesta Argentina, la serie que presentó en Rolf Art, llegó a la Fundación Cartier de París, y de la que más de 30 piezas fueron adquiridas por el MOMA y el MET, en Frontalismo de Zuviría reafirma su persistente obsesión por las “líneas simples y austeras” que dibujan una “suerte de argentinidad manifiesta en los frentes urbanos”.

Para conocer algunos detalles más de esta obra, sus proyectos para 2019, y su mirada sobre el estado y los desafíos de la fotografía contemporánea Palabras dialogó Facundo de Zuviría.

¿Por qué frontalismo?

El concepto de frontalismo surge en 2010, cuando a partir de un trabajo que me encargaron, recorrí las 23 capitales del país, y comencé a fotografiar las fachadas de las casas de las ciudades por las que pasaba desde un punto de vista frontal. Allí surgió esta idea, casi como iniciando un movimiento del cual soy el único miembro y seguidor. Luego, me concentré en Buenos Aires, porque la Ciudad siempre fue mi tema, y ya hace 8 años la estoy fotografiando, desde distintos aspectos, y siempre de manera frontal, la característica común es la frontalidad, por eso el nombre.

Y a partir de esa opción para estructurar tus tomas, ¿qué fue lo que te atrajo de las fachadas?

El tema de las fachadas en particular se relaciona con la intención de buscar un orden que me resulta sugerente, significativo, y me parece también lo suficientemente autónomo.

Es un tema que me encanta y me obsesiona de una buena manera, porque cada vez que puedo encontrar en esas fachadas una composición y un orden formal que me resulta particularmente atractivo disfruto mucho, aunque me resulta muy difícil explicar exactamente por qué, tal vez es algo diferente en cada caso,

¿Cuál es el rasgo que caracteriza a las fachadas de la Ciudad?

Creo que hay una gran austeridad, las fachadas argentinas tienen una austeridad muy propia de la llanura.

En la primera edición de Evaristo Carriego de Borges, hay dos fotografías de Horacio Coppola de unas fachadas en el barrio de Palermo, donde también puede verse esa austeridad criolla, con una pared blanca de 2,5 o 3 metros de altura, una puertita, y, a veces, una ventana. Todo mínimo y muy recatado, algo que creo se mantiene como una constante, aunque le pongas venecitas, marmolados, etc, hay una austeridad esencial en los rasgos de todas las fachadas de la Ciudad y también del país.

¿Austeridad como opción o para ocultar?

En general las fachadas son muy cerradas a la calle y, por supuesto, separan la vida pública de la vida privada, detrás de esa parecita de 20 o 30 cm ocurre toda una vida distinta a lo que yo registro, que es la cáscara de cada manzana, y me arroja esa austeridad.

Igualmente, creo que antes que un signo de ocultamiento es una manera de ser. Salvo en el caso de ciertos personajes públicos, el argentino tiende a ser recatado, no vemos bien el alarde, y, definitivamente, no somos tan faroleros.

¿Entonces pese a que en tus fotos la gente no aparece definitivamente esos frentes hablan mucho de nosotros?    

Creo que estas fachadas y muchas otras fotos que hago de la Ciudad sin gente nos reflejan mucho como sociedad, a partir de pequeños hábitos sociales y culturales, que no percibimos como tales, porque nadie percibe como cultural que determinada fachada tenga una venecita, o que tenga una puerta y una reja, o dos macetitas puestas en el borde, pero visto con otros plazos, esos hábitos creo  hablan bastante de quienes estamos detrás, y son también un retrato de época, aunque para corroborarlo debe pasar el tiempo.

¿Luego de 8 años de trabajo cómo fue el proceso de selección para publicar esta obra?

Fue arduo pero necesario, porque el proyecto general se compone de unas mil tomas, que conforman una colección personal completa y exhaustiva, pero que si la ves toda junta puede ser abrumadora. Así que en Frontalismo hice una selección de 64 fachadas, basada en distintos criterios, siempre tratando de no repetir esquemas, o de seguirlos, pero con variantes.

Por ejemplo, un esquema típico de los frentes que se suele repetir en la Ciudad, sobre todo para los comercios, es puerta en el medio y las dos vidrieras en los laterales; otro, ya hablando de viviendas, es puerta y ventana, o puerta y portón de garaje. Luego tenés las ochavas, que son muy especiales, y te ofrece un plano distinto, a veces son completamente mudas, solo la pared, pero otras tienen ventanas, y, aunque raramente, también puertas. A partir de allí surgen una cantidad diversa de combinaciones impensadas, la realidad siempre te sorprende.

Antes hablabas de estas fotos como un retrato de época, y justamente, pensaba en los frentes enrejados, relacionado al tema de la seguridad, que aparece actualmente entre las preocupaciones más importantes de mucha gente   

Dentro del libro hay varios enrejados que efectivamente entiendo reflejan tanto una temática que nos preocupa como una época, porque muchos frentes antes no las tenían, y ahora todo tiene rejas, y rejas sobre rejas. De hecho, sobre esta temática estoy realizando un trabajo especial que se va a presentar en abril mayo en el CCK.

¿Y qué pasa con los frentes y la crisis?

Cuando allí por 2003 hice Siesta Argentina venía fotografiando toda una serie de frentes de negocios de barrio cerrados por la crisis, pequeños comercios que habían quebrado: la carnicería de barrio, la ferretería, el bar de la esquina, casi como una metáfora de la crisis, pero llamé la obra así, porque tenía una mirada que en el fondo era optimista, pensaba que era una siesta de la que nos íbamos a despertar y a resurgir.

Desgraciadamente con los años creo que fue una mirada excesivamente optimista, ojalá no fuera así, pero la crisis de 2003, la de 2008, la actual, son episodios recurrentes de una decadencia que nos duele a todos, pero que parecer ser parte del país. En el negocio cerrado, en las rejas, en las casas nuevas sin ventanas al frente podemos ver reflejada una evolución triste, o una involución de la situación económica y social de nuestro país.

¿A partir de todos estos aspectos cómo imaginás al lector de tu obra?

Nunca tengo claro mi interlocutor, aunque obviamente el hecho de publicar el libro, hacer la muestra, exponer, da cuenta de mi necesidad de compartir esto con otro, y realmente me encantaría que la gente encuentre en estas fotos alguna belleza extraña, o algo interesante.

Siempre, desde cuando daba clases hace muchos años, traté de influir para que la gente mire su entorno encontrando belleza, armonía, o estructuras en las líneas que ve todos los días, y las fotografíe, aunque sea con el celular, porque entiendo que es una manera enriquecedora de percibir la realidad, y que si ves lo de todos los días con algo de poesía en la mirada, la pasás mejor, sin que por eso te tenga que interesar ser fotógrafo o artista.

Es decir que frente a quienes se empeñan en marcar los límites entre lo profesional o lo artístico te entusiasman las posibilidades de acceso que implica lo digital  

Creo que la fotografía digital, y sobre todo la fotografía con el celular, que se puede subir inmediatamente a las redes, es la gran revolución en el campo de la fotografía dese su invención, no hay algo más grande que esto. Hasta internet y los celulares inteligentes la fotografía fue una cosa, y este es el cambio más grande y revolucionario porque pone la foto al alcance de los miles de millones de personas que vivimos en el planeta, trascendiendo las clases sociales, los países, etc.

Hoy mostramos la comida que preparamos, el rostro de la amiga con que nos reunimos, el paisaje que miramos, la puesta de sol, y la luna con el eclipse, y me parece una maravilla que todos podamos hacerlo. Luego haremos fotos mejores o peores, y el ejercicio del lenguaje nos llevará a perfeccionarnos.   

En relación a lo artístico, en tanto, es muy difícil discernir cuál es la línea que separa al que es un artista del que no lo es, pero yo creo que la diferencia no está en el medio técnico. Podés ser un artista extraordinario, y hacer todo con el celular, como hoy plantean muchos fotógrafos o cineastas, el tema del medio es irrelevante, lo importante está en la mirada, en tener claro qué es lo que querés mirar, cómo lo recortás, qué es lo que querés decir, y, sobre todo, en qué lugar te plantás con tu obra.

Si vos crees que tu obra tiene algo especial, y lo querés comunicar en el plano del arte hacelo, que sea buena o no, que funcione o no es otra historia, pero todo empieza por saber dónde uno se coloca, y también por la generación de algún tipo de relato a lo largo de tu obra, para que pase a ser reconocible por una suerte de persistencia en tus mismas obsesiones: Seguís haciendo lo mismo, seguís haciendo lo mismo, bueno o malo, en algún momento te van a reconocer como el fotógrafo que retrata puertas y ventanas.   

¿Finalmente, además de acompañar a Frontalismo qué otros proyectos tenés para este año?

Realmente estoy muy contento con este inicio de año porque además de acompañar el libro, y entre muchos proyectos todavía en proceso, ya tengo confirmada  la realización de una muestra antológica sobre mi obra que se presentará entre abril y mayo en el CCK, una exposición muy importante que va a curar el francés Alexis Fabri, el más prestigioso en fotografía latinoamericana contemporánea; y también estoy trabajando como curador para una muestra de fotografía argentina moderna, que va del 27 al 62, para Malba, un proyecto que se va a presentar el 21 de marzo, fue un desafío muy interesante, y me fascinó realizar.