Pinélides Aristóbulo Fusco trabajó como fotógrafo en el equipo de la Subsecretaría de Informaciones del Gobierno Nacional a cargo del legendario Raúl Apold  entre los años 1948 y 1955. Desde ese lugar fue el autor de las imágenes más icónicas del primer peronismo, las de la actividad política del gobierno, las de la obra pública, y las de la intimidad del matrimonio de Perón y Evita.

Una interesante selección del archivo personal del fotógrafo llega ahora a nosotros con “Fusco. El fotógrafo de Perón”, obra recientemente lanzada por Aguilar, escrita por el periodista Matías Méndez, nieto de aquel fotógrafo, que como expresa Marcos Zimmermann, en la sinopsis de la obra “fue el primero en transitar por el mundo del periodismo gráfico y el del arte sin las contradicciones que a veces parecen enfrentar a esos universos»

Para conocer la historia de Fusco, de sus fotografías, pero también la del homenaje personal e íntimo al abuelo Pinucho que está en la base de este libro Palabras dialogó con Matías Mendez.

¿Cómo surge la idea de realizar este libro?

La idea de realizarlo viene desde hace unos cuantos años, aunque concretamente hace unos tres presenté el proyecto. En principio quería homenajear a mi abuelo, y a la gran cantidad de fotógrafos anónimos que construyen la memoria cotidiana con sus imágenes, y sin embargo, entre los artistas, siempre son los más olvidados, los que no firman y no cobran derecho de autor.

Por otra parte quería hacer el trabajo bajo el concepto de obra, no como un repaso de piezas sueltas sino construyendo un cuerpo donde quede claro que esta es la obra de Fusco. Durante muchos años las fotos de mi abuelo se usaron sin que se reconozca su firma, aún cuando su trabajo y su nombre eran conocidos antes de ingresar a trabajar en el gobierno. Ya en el 45, por ejemplo, tenía una página propia en la Rico Tipo, una revista de humor de aquella época, para la que producía con tono humorístico fotos de una página solo ancladas en una palabra, que aparecían firmadas.

Así, con la colaboración de Marcos Zimmermann, fuimos dándole forma a este libro que reúne la obra fotográfica sobre el peronismo que realizó entre 1948 y 1955, presentada en conjunto por primera vez.

Pese a tu relación familiar con Fusco entiendo que el camino para encontrar estos materiales no fue tan directo

Mi abuelo murió en el año 91, cuando yo tenía 18 años. Hasta ese momento, y desde siempre, cada tarde iba a su casa a visitarlo. Vivía en un departamento que tenía un ambiente ocupado por su estudio, con todas sus cosas: cubetas, frascos de vidrios para los químicos, la  ampliadora, fotos, pilas y pilas de fotos; y  aunque siempre escuchaba historias sobre las del peronismo, esas no estaban. Realmente no había ninguna, así que en algún momento llegué a pensar que eso de que fue el fotógrafo de Perón era en realidad un mito familiar.

Después me enteré que en realidad, unos meses antes del golpe del 55 mi abuelo, presintiendo lo que podía pasar, había llevado todo ese material a Pompeya, y lo había escondido en la curtiembre de su hermano, donde estuvo guardado por casi 30 años, para pasar después a manos de mi tío, que hizo muchísimo por trabajo por preservarlo y difundir su obra. Cuando él murió, hace unos 4 años, su viuda le dio las fotos a mi mamá y ella me las dio a mí. Ahora unas 150, de ese conjunto de más de 500 fotografías, forman el cuerpo del libro.

¿Y cómo presentas a tu abuelo y a su trabajo a partir del encuentro con ese material?

Mi abuelo fue fotógrafo, docente, maestro y profesor de letras. Como mi bisabuelo es uno de los fundadores del partido socialista argentino, políticamente mi abuelo venía de ahí, de chico había leído la biblioteca obrera socialista y fue uno de los socialistas seducidos por el peronismo.

En la década del 40 comenzó a trabajar como fotógrafo pero también como periodista, estuvo en Vosotras, en Radiolandia  y luego a Rico Tipo, y entre el año 48 y el 55 trabajó como fotógrafo en la Subsecretaría de Informaciones del Gobierno Nacional. Formaba parte de un equipo de unos 54 fotógrafos que trabajaban ahí, dependiendo de  Raúl Apold, y bajo las órdenes directas de Emilio Abras.

Según documentó Luis Priamo, un gran investigador de la fotografía, el equipo estaba dividido entre los que hacían fotos de obra pública y los que hacían fotos de gestión, como sesiones del Congreso, actos y visitas oficiales, pero como lo demuestran sus fotos, mi abuelo era uno de los que además de hacer ambas cosas también hacía fotos de la intimidad.

¿Cómo estructuraste la obra para dar cuenta de la diversidad de ámbitos que comprendía su trabajo?

El libro propone un recorrido con diferentes focos, en el primer capítulo, por ejemplo, Juan Domingo Perón es el protagonista, y vas a encontrar fotos de actividades oficiales, en el balcón de la Casa Rosada, en la intimidad de su despacho o viajando.

En el segundo, en tanto, están las coberturas sobre el ingreso de inmigrantes a la Argentina, la obra pública, o el mundo del trabajo, que dan cuenta de todo el trabajo que se realizó al servicio de la construcción del imaginario peronista, y donde hay fotos inéditas de Eva Perón junto a un grupo de cocineras, por ejemplo.

Eva, por otra parte, es la figura central de otro de los capítulos, en el que junto a diferentes retratos de la pareja, también está la crónica de una extensa jornada en la quinta de San Vicente, donde se realiza aquel retrato con pelo suelto que aún hoy es utilizado como un ícono.

Por supuesto están también las fotos a color tomadas a Perón en el despacho presidencial, y por las que se considera a Fusco como uno de los pioneros de la fotografía color en Argentina, o la cobertura que realizó del velatorio de Eva en julio de 1952 que se desarrolló en el Congreso de la Nación, donde se incluyen una serie de fotos aéreas en las que se aprecia la multitud que la despidió y fotos premiadas, entre muchísimo material más.

¿Qué pasó con la carrera de tu abuelo después del golpe?

Mi abuelo trabajaba como fotógrafo y maestro, con el golpe pierde el primer trabajo, y además lo dejan cesante de la escuela, con lo que se abrió una etapa dura, donde se la va rebuscando: vendió su cámara, luego se dedicó a vender porcelana en once, y en paralelo se montó un estudio de fotografía publicitaria.

Además, inmediatamente después del golpe, lo detuvieron dos veces. Lo acusaban de pornógrafo, decían que tenía unas lentes infrarojas que podían atravesar la ropa y con las que había fotografiado a Gina Lollobrigida desnuda.

Casi dos años después del golpe lo reincorporan en la escuela y como trabajaba desde muy joven, también muy joven se jubila, y termina trabajando en una concesionaria de autos importados, aunque también exponiendo, y participando de grupos como  la “Carpeta de los Diez” y el Grupo Forum, de los que era fundador, y planteaban cuestiones absolutamente vanguardistas en relación al rol de la fotografía.

¿Cómo periodista qué diferencias encontraste en el uso de la fotografía política entre aquella época y la actual?

Creo que el trabajo que realizó mi abuelo fue absolutamente novedoso para la época. Perón, realmente, fue uno de los primeros que dimensionó el valor de la imagen, ya que como se plantea en el prólogo las famosas fotos de Kennedy y su familia realizadas por Jaques Lowe, por ejemplo, fueron tomadas prácticamente una década después.

Además, por una cuestión técnica no se podían realizar 500 disparos para obtener una foto como ahora, sino que solo tenías cuatro o cinco oportunidades, pero en relación al mensaje, a lo que se busca transmitir, creo que las cosas no han cambiado tanto: sentimientos, esperanzas, en ese punto, todo es bastante similar.