24 autores, nóveles y altamente reconocidos, 24 textos inéditos, 24 o más formas de mantener viva la memoria  a cuarenta años del golpe militar del 24 de marzo de 1976 es la propuesta de “Golpes. Relatos y Memorias de la Dictadura”, la  obra editada y prologada por Miguel Dalmaroni y Victoria Torres y recientemente lanzada por Seix Barral.

Juan José Becerra, Eduardo Berti, Gabriela Cabezón Cámara, Sergio Chejfec Mariana Enriquez, Carlos Gamerro, Fernanda García Lao, Inés Garland, Aníbal Jarkowski, Federico Jeanmaire, Martín Kohan, Alejandra Laurencich, Laura Lenci, Julián López, Esteban López Brusa, Sebastián Martínez Daniell, Sergio Olguín, Mario Ortiz, Patricia Ratto, Carlos Ríos, Ernesto Semán, Patricia Suárez, Paula Tomassoni y Alejandra Zina, son los autores que Dalmaroni y Torres seleccionaron y convocaron para este trabajo. Todos ellos, entre el golpe y la guerra de Malvinas tuvieron una característica común: cursaban los primeros años de la escuela primaria o el final de los estudios secundarios, “momentos de la vida en los que las experiencias personales y colectivas ganan intensidades únicas y significados perturbadores”,  explican los editores en el prólogo.

Para conocer algo más sobre esta obra Palabras dialogó con Miguel Dalmaroni, en una charla donde el ensayista, crítico literario y especialista en literatura argentina y teoría literaria, brindó además de detalles sobre el libro profundas reflexiones sobre las relaciones entre literatura y memoria.

¿Cómo nace el proyecto de este libro?

Con Victoria Torres quisimos explorar cómo la literatura argentina rememoraría una vez más, ahora tras 40 años, el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976. Los dos veníamos escribiendo desde hace años sobre las relaciones entre literatura y dictadura, literatura y memorias de la violencia política y del terrorismo de Estado. La idea del libro se nos presentaba como un proyecto propio de nuestras trayectorias e intereses críticos y a la vez propio del presente, como es obvio. Fue por eso que pedimos a los autores textos inéditos, escritos especialmente para este libro -que en ese sentido no es una “antología”, las antologías son selecciones de textos editados previamente, y este no es el caso- y les dimos pocas restricciones a los autores: podían elegir la forma,  el género, escribir episodios autobiográficos, recuerdos, ficciones, ensoñaciones poéticas…

¿Cómo realizaron la selección de los autores/textos que conforman Golpes?

Decidimos convocar a escritores que hubiesen nacido entre 1957 y 1973, años más, años menos, son las generaciones que no fueron típicamente las de los militantes de los 70, ni la de sus hijos. Es decir, los que entre 1976 y la Guerra de Malvinas tenían entre 8 y 19 años de edad, y que por tanto estaban finalizando la secundaria, los más grandes, y entre segundo y cuarto grado de la Primaria los menores. Apuntamos a quienes tuviesen recuerdos menos “épicos” o menos trágicos, por así decirlo -aunque toda la microscopía de la vida de millones, en dictadura, tuvo su constante lado trágico, temible, tenebroso, desde ya. Recuerdos de las rutinas de lo cotidiano durante el golpe y la dictadura: la familia, los juegos, el barrio, la escuela, las calles. Por supuesto, al mismo tiempo convocamos escritores que nos interesan, nos gustan, es decir que Victoria y yo hicimos jugar nuestras preferencias literarias. Por eso la mayor parte pero no todos tienen varios o muchos libros ya publicados en editoriales prestigiosas, y mucho reconocimiento; pero también hay firmas en las que apostamos por la potencia y la calidad de lo que escriben, aunque todavía no tengan un reconocimiento público tan alto como otros que escribieron para el libro.

¿Por qué “Golpes”, contanos un poco la historia de este plural que nos trae el título?

Cuando revisamos por enésima vez el índice, volvimos a reparar en el título del relato de Eduardo Berti, “Golpes”, y advertimos que cada uno de los 24 autores, a su manera, contaba “su golpe”, qué y cómo había vivido o procesado imaginariamente una experiencia a la vez común y singularísima. El último texto, que es una cronología muy particular del día del golpe escrita por la historiadora Laura Lenci, llevaba como subtítulo el verso de Machado “golpe a golpe” (que tantos recordamos por la musicalización de Serrat). Y fuimos advirtiendo que el libro narraba “el golpe militar” pero a la vez muchas otras clases de golpes asociados al golpe, como los que parece reunir el verso de Vallejo en “Los heraldos negros”: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”. Con ocasión de memorar o de ficcionalizar “el” golpe, en el libro se narran muchos golpes.

¿En términos generales como describís aquello que podemos encontrar al leer “Golpes”?

Voces escritas. Lo que va a encontrar el lector son voces que -como en la vida- son diferentes siempre: no hay una voz idéntica a otra. Cambian los tonos, los timbres, las velocidades, los ritmos, las alturas… Y a la vez, cada voz escrita en el libro es un punto de vista, una posición desde la que se recorta un aspecto de la memoria, un momento, un clima en particular. El predio de la literatura es lo particular, como dijo Saer. Lo que la literatura sabe o lo que explora en la historia, en lo social, en lo ético -en fin, en lo antropológico-  son siempre puntos, singularidades, casos, granos de realidad que suelen escapar de la mirada ordinaria, del discurso pragmático y del sentido común.

¿Cómo caracterizás entonces el aporte que la literatura puede hacer al mantenimiento de la memoria sobre nuestro pasado reciente?

Justamente porque se trata de literatura, esas voces que te decía están habitadas por muy diversos modos, rincones y escalas del trauma del terrorismo de Estado. Por eso los plurales del título: “golpes”, “recuerdos” y “memorias”. Que el libro no esté habitado por cualquier ideología ni por todas, no quiere decir que entregue una versión de “la” memoria. La literatura es siempre lo contrario de algo semejante. Es cierto que cualquier política de memoria necesita momentos de definición, de toma de posición (por más que sean decisiones provisorias). Pero la literatura, de un modo irreductible, le recuerda a la historia y a la política que todo lo que tenemos o conservamos  del pasado está atravesado por el sueño, la pesadilla, las imágenes de lo inimaginable, las fugas y lagunas de la subjetividad, de la cultura, de los lenguajes disponibles. En ese sentido, la literatura y el arte (como los sueños) son insistencias acerca del carácter provisorio, construido, situado y siempre fragmentario de cualquiera de nuestras memorias. Nos recuerdan que siempre conviene desconfiar de nuestras propias representaciones.

¿Quiénes crees que deberían leer este libro?

Imagino que Golpes es un libro que va a interesar a muy diversos lectores, no solo argentinos. Pero si tengo que particularizar, creo que les va a interesar mucho a los maestros y profes de literatura de la escuela, digamos entre los dos últimos años de la primaria y la secundaria; casi todos los textos del libro pueden leerse de una sentada, algunos en unos pocos minutos, de modo que tienen una economía muy apropiada para la lectura en común en las aulas. Mientras recibíamos los originales, Victoria y yo, de hecho, no pudimos dejar de imaginarnos clases o talleres, situaciones colectivas de lectura y debate de estos escritos. Pero es apenas algo que nos imaginamos los editores. Después, ya se sabe, los lectores hacen siempre cosas incalculadas con lo que leen.