Juanes, Roberto Carlos, Carlos Vives, Marilyn Manson, Placido Domingo, Phil Collins, Luis Miguel, Andrés Calamaro son solo algunos de los incontables artistas que confiaron el sonido y la producción de sus proyectos de estudio o en vivo a las manos del argentino Gustavo Borner, productor musical e ingeniero de sonido, con más de 30 nominaciones a los premios Grammy, y ganador de 16 (5 Grammys y 11 Latin Grammys).

Radicado en Los Ángeles desde hace casi 30 años, además de sus trabajos discográficos, Borner se ha consolidado como un referente para la industria del cine, trabajando el sonido de films como Birdman, Guardianes de la Galaxia, Watchmen, o Suckerpunch, entre muchos otros.

Cabeza de Igloo Music, estudio de grabación que fundó hace más de 20 años, entre sus trabajos más recientes se destacan la mezcla de la música para el show de Cirque du Soleil Séptimo Día, dedicado a Soda Stereo, y la producción musical de Cargar la suerte, el último disco de estudio de Andrés Calamaro.

Para conocer algunos detalles más de su trabajo y las claves en el desarrollo de su carrera, Palabras dialogó con Gustavo Borner.

Empecemos por los orígenes: ¿Cómo y dónde empieza el recorrido que te trajo hasta aquí? 

En 1985 terminé la secundaria en Buenos Aires, y en 1986 me fui a estudiar ingeniería de grabación, producción y música de películas a Berklee en Boston. Luego, ya en 1989, con mi mujer nos subimos a un camioncito con nuestras cosas y nos vinimos a Los Ángeles.

Una vez aquí, comencé lavando baños y pisos en los estudios, hice de todo hasta que me dejaron tocar una consola, y allí se empezaron a generar oportunidades. Así, ya a fines de los 80, tuve la suerte de trabajar con Bebu Silvetti, un productor muy reconocido, de origen argentino también, con quien hicimos desde Luis Miguel hasta Plácido Domingo, pasando por todo lo que era la música pop latina de esa época.

Luego, ya a principios de los 90, muchos artistas venían a grabar aquí. El primer trabajo que hice fue con Patricia Sosa y Oscar Mediavilla, su productor, para el álbum Luz de mi vida; y a partir de ahí vinieron Los Pericos, Los Enanitos Verdes, Manuel Wirtz, Los Piojos, La Renga, Los Decadentes, etc. Así me fueron conociendo en la industria en Argentina y el resto de Latinoamérica.

Igualmente, al estar en Los Ángeles, donde el negocio de las películas es muy importante, también me enfoqué en esa área, y afortunadamente tuve la oportunidad de trabajar en muchísimas producciones increíbles, con hitos recientes como Deadpool, o La La Land, entre otros.

¿Y en ese recorrido cuáles crees que fueron las claves para convertirte en un referente?

Creo que las claves fueron trabajar muy duro, de manera honesta, armar un equipo sólido y sostenerlo. Obviamente, con el tiempo se empezaron a generar relaciones de amistad, uno está tanto tiempo adentro del estudio que tus amigos terminan siendo de la industria, y el trabajo entonces se hace más divertido y llevadero. Y además siempre seguís conociendo gente nueva, como Abel Pintos, con quien este año hicimos La Familia Festeja Fuerte, o Andrés Calamaro, con quien recién terminamos Cargar la suerte, su último trabajo.

¿Y en ese recorrido hubo algún momento de click, en el que te detuviste y viste que estabas a otro nivel, porque ver los Grammys en tu estudio es realmente impactante?

Yo interiormente me veo como en los inicios, cada proyecto es una oportunidad de demostrar lo que sabés, de trabajar con gente y aprender mucho. Obviamente, los años te dan mucha cancha y mucha seguridad, pero creo que lo que cambia con los premios es la percepción de la gente para con uno, porque es innegable que a muchos eso les impacta, los premios son como una carta de presentación que demuestran que no estás empezando. Pero yo sigo haciendo todo tipo de proyectos, de alto o bajo perfil, y nunca le digo que no a nada.

¿Y todo lo que hacés te gusta?

Me gusta hacer lo que yo hago, me gusta mi trabajo, me encanta estar en el estudio, al punto que cuando me voy de vacaciones, luego de unos días ya estoy deseando volver. Obviamente, hay proyectos que en términos artísticos me parecen más simpáticos que otros, pero con mi equipo en Igloo Music le ponemos 100% a todo, ya sea Phil Collins o un proyecto pop, o de tv. En nuestro trabajo vamos con todo siempre.

Luego, claramente hay cuestiones presupuestarias que también influyen, las películas grandes de Hollywood, por ejemplo, no tienen límite de presupuesto, y podés hacer todo lo que quieras, tomarte el tiempo que quieras, y utilizar todos los recursos posibles; y con otros proyectos estás más limitado, y muy pendiente de la cantidad de horas que vas usando, pero en términos de importancia para mí, y para todo el equipo, todos tienen que salir con el mismo nivel.

¿Qué escuchás y cómo lo hacés a la hora de elegir? 

Los que estamos en la industria difícilmente podemos escuchar música como los civiles, porque de manera automática y constantemente te ponés a analizar todo lo que estás escuchando, en mi caso específico desde el punto de vista del sonido. Por eso en casa yo tengo los speakers más chicos que pude encontrar, o escucho desde el celular con los auriculares, como para separar un poco lo analítico del disfrute.

En cuanto a qué escucho, en el equipo tengo mucha gente joven, que siempre me está nutriendo, porque en este trabajo uno no puede quedarse estancado, también escucho mucho Spotify, me gusta eso de encontrar una canción y que te lleve por su camino, por las cosas que ellos están empujando; cosas que me pasan amigos, y otras que voy descubriendo, especialmente en Latinoamérica, que me gusta mucho porque me siento muy representado.

Ahora, de hecho, estoy trabajando con Mad Tree, una banda colombiana nueva, que escuchó el disco de Crique du Soleil de Soda, y me mandó un mail preguntando si veía alguna posibilidad de trabajar juntos. Me gustó lo que me mandaron y ahora estamos haciendo algunas cosas.

Uno va descubriendo música por todos lados, igualmente, los fines de semana, por ejemplo, cuando me meto en mi tallercito a restaurar autos viejos como para relajar, a la mañana escucho tango y a la tarde Frank Sinatra, que tal vez porque son cosas más lejanas, me permiten escuchar sin estar analizando.

¿Entonces, más allá del disfrute, todo esto también tiene su lado estresante?

Obviamente, estás haciendo proyectos que generan cierta presión y otras veces tratando con artistas complicados.  Mi terapia es engrasarme las manos, meterme en el taller y meterle mano a mis autos viejos.

También en este trabajo uno puede meter la pata en cualquier momento, por eso, en el caso de los discos, lo importante es pensar siempre qué es lo mejor para la música, para la canción, y para el artista.

La experiencia te da claves y trucos, pero siempre uno camina en una fina línea entre lo que puede ser genial y lo que, tal vez, no le guste a nadie. Siempre al probar algo aviso: puede ser mierda o miel.

Como productor una de las claves es que el material sobre el que estás trabajando te emocione y te guste. Esto es una industria, cobramos, y somos parte de la maquinaria, pero la idea siempre es focalizarse en lo artístico, no tanto en lo comercial, porque creo que si lográs hacer algo lindo, que te guste, es más probable que eventualmente sea un éxito comercial también.

¿Qué sentís que te falta, qué no hiciste todavía?

Por suerte, luego de 30 años de estar en esto uno regula la ansiedad. Al principio siempre tenés  la sensación de que te faltan muchas cosas, por ejemplo, cuando llegué a Los Ángeles todos queríamos trabajar con Michael Jackson, estar en esas sesiones, o con U2, o Sting, pero con el tiempo, y más aún cuando hacés cosas cercanas a esos sueños, vas bajando la ansiedad.

Mi idea es seguir surfeando la ola, e intentar tomarme todo lo que va llegando con la misma sorpresa y alegría, como cuando me llamó Andrés para hacer su último disco, o cuando hice lo de Soda con el Cirque du Soleil, que fueron momentos muy emotivos, porque son las cosas con que las que crecí.