Más de 2 millones de espectadores, 12 mil artistas, 900 conciertos, 150 producciones audiovisuales son solo algunas de las cifras que cristalizan el intenso 2017 que vivió el Centro Cultural Kirchner, la casa de los contenidos públicos, que se consolida definitivamente como el centro cultural más importante de América Latina.

Música, artes visuales, infancia, arte digital, divulgación, actividades especiales y pensamiento, fueron los ejes para el desarrollo de una programación repleta de momentos memorables como las visitas de Bill Frisell, Ravi Coltrane, Mischa Maisky, Mariza, Martin Haselböck, Phil Manzanera, João Bosco, Barry Harris, Michael Formanek, Dulce Pontes, Totó la Momposina, Misia, Terry Riley, Egberto Gismonti, Susana Baca, Moreno Veloso y Leo Brouwer; los homenajes  a Astor Piazzolla, Atahualpa Yupanqui y  Gustavo “Cuchi” Leguizamón, o la formidable “Les Visitants”, que permite ver la obra seleccionada por Guillermo Kuitca de prestigiosos artistas de la Fondation Cartier pour l´Art Contemporain como David Lynch, Agnès Varda, Patti Smith, Wolfgang Tillmans y Nobuyoshi Araki.

Gustavo Mozzi, el director del Centro, dialogó con Palabras acerca de los objetivos alcanzados este año, y adelantando las metas que guiarán la gestión 2018.

¿En términos de desafíos y logros que balance haces de lo realizado este año?

Desde que asumimos el compromiso de trabajar en esta instancia refundacional del CCK entendimos que debíamos concentrarnos en generar una construcción institucional que asuma una perspectiva moderna y de cara al futuro, porque la enorme escala del centro así lo exige, y también porque el hecho de formar parte del sistema de medios públicos implica desde el vamos una mirada y una definición sobre la escena contemporánea.

En ese sentido este año entendemos que este el CCK se consolidó como una caja de resonancia de la cultura federal, y al mismo tiempo como una herramienta de proyección internacional privilegiada, en base a una programación muy exuberante y nutrida, que contó con artistas emergentes y también de gran trayectoria, que hizo dialogar a las tradiciones con la vanguardia, configurando un espacio plural e inclusivo llamado a ser un faro, aquí en el sur, para el diálogo con otras instituciones de todo el mundo.

¿A la hora de plantear ese modelo de construcción institucional que espacios, experiencias o países rescatás como referencias?

Si bien los modelos institucionales no son trasladables directamente, porque tienen que ver con la idiosincrasia y la historia de cada país, Francia, por ejemplo, constituye un referente en términos de la posibilidad de generar un desarrollo articulado e integrado de los medios y la cultura, que para nosotros es un imperativo, ya que pertenecemos al sistema de medios públicos, pero también una herramienta que nos permite encontrar un punto de equilibrio presupuestario.

El CCK invierte muchísimo en la programación, en la realización de producciones especiales, y en la contratación de artistas, entonces tener el derecho de imagen, y que esos contenidos pasen a ser públicos, le da otro sentido y otro equilibrio a la inversión.

Tenemos una sala con capacidad para 1700 personas, y normalmente convocamos a  artistas que fácilmente pueden hacer 4 o 5 salas, por lo tanto el contenido audiovisual nos brinda un punto de equilibrio y, además, da cuenta de una necesidad del sector como es generar memoria, porque lamentablemente muchas instituciones con mucho trabajo y mucha historia no tienen memoria.

Entonces nos entusiasma mucho esta posibilidad de ir dejando registro para las generaciones posteriores, y también en lo inmediato darle más visibilidad a producciones que muchas veces no la tienen, ampliando la divulgación y la formación de nuevos públicos, otro eje importante para nosotros.

¿Qué temáticas o ejes dentro de las actividades crees que dieron cuenta de planteos emergentes o novedosos en términos de la programación cultural o la proyección del CCK? 

La pluralidad y la inclusión son parte del ADN de la propuesta institucional del CCK, y el arte, en general, plantea siempre una cierta tensión con el sistema. Bajo esos parámetros, el eje naturaleza, que implicó el desarrollo reflexiones en torno al medioambiente o la exposición, y Formas de violencia creo fueron puntos altos en esa línea.

Por otra parte Les Visitants, la muestra de la Fondation Cartier pour l’Art Contemporain de París, curada por Guillermo Kuitka, o el ciclo Residencias Jazz, que propició diálogos entre diferentes músicos norteamericanos con Ernesto Jodos y músicos del Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla generaron una proyección internacional que queremos profundizar en 2018, fortaleciendo esos lazos para generar un circuito donde los artistas que pasan por el CCK también puedan pasar por Brasil, por Chile, Uruguay, Colombia etc; y los artistas argentinos también proyectarse internacionalmente con más fuerza.

¿Junto a las anteriores, qué momentos de la programación 2017 en el área música que es tu lugar de pertenencia inicial te parece importante destacar?

Creo que hubo muchos grandes momentos, pero entre las producciones especiales, la vuelta del compositor Osvaldo Golijov, que no había estrenado aquí dos obras fundamentales de su carrera como Aire y Azul, a pesar de tener un éxito rotundo en todo el mundo, creo que fue muy ambiciosa y compleja. Ese retorno me pareció uno de los momentos más lindos de la programación.

¿Ya hacia 2018 qué líneas te interesa comenzar a desarrollar?

Una de las pendientes para el año que viene es intensificar el diálogo con los emprendedores culturales privados, para encontrar mecanismos tendientes a   fortalecer esa red, que corre riesgos, asume desafíos creativos, y en definitiva, es de la que en gran medida depende el futuro artístico, ya que es garantía de tener una escena vibrante fuerte y sustentable.

Debemos encontrar formas para que el CCK los beneficie encontrando nuevos públicos, fortaleciendo ese mercado, y no planteándose como una competencia, sino trabajando con ellos para fortalecerlos.