Por Alba Piotto

La imagen es lamentable, triste, pero no es única. Se repite más de lo pensado, aunque esta vez, impactó por la cantidad. En Los Molles, en el departamento mendocino de Malargüe, zona de montaña, a unos 3000 metros de altura, se hallaron 34 cóndores muertos. La mayoría adultos: 20 machos y 14 hembras, según se especificó por la coloración de sus plumas. Estaban apilados, medio chamuscados, producto de que alguien quiso borrar la evidencia de su acto con una fogata que no alcanzó a devorarlo todo. Por el estado de los mismos, se sabe los ejemplares murieron en distintos momentos. Y que llegaron hasta ahí, atraídos por la comida: carroña. Aunque en realidad se trataba de un cebo envenenado de carne de vaca o cabra, que alguien había esparcido por el lugar. Por la cantidad, se presume que el lugar podría ser un “dormidero” o bien estar dentro de las rutas que estos gigantes de las montañas usan en su vuelo, en medio de zonas inhóspitas. Aunque lo más probable es que uno a uno hayan sido atraído por una comida que resultó mortal. Los cóndores por lo general viven en colonias que comparten dormideros y cuando uno detecta comida pueden seguirlo otras decenas de ejemplares de la zona. Por otro lado, la exposición al aire libre de el presunto veneno es un peligro para la salud de las personas que entran en contacto con estos animales muertos, para la tierra y el agua.

Detrás de estos ejemplares muertos hay un perpetrador, el Hombre, que por ignorancia, por desaprensión, y con una notable falta de cuidado hacia sí, hacia los demás y hacia las especies, decidió que para deshacerse de los depredadores de la zona -como pueden ser el puma y los zorros- había que dejar una carnada envenenada. Y para eso usó, se presume, un agroquímico altamente tóxico, de venta libre, de los que se usan en la agricultura. Los estudios determinarán cuál fue. Pero los antecedentes idénticos, como el que ocurrió el año pasado en Jujuy, donde murieron 19 ejemplares, hablan de carbofurano, un pesticida usado para el control de plagas en cultivos de papas, cebolla, maíz, soja. Prohibido en Canadá y la Unión Europea por su altísima toxicidad se suele usar en sistemas cerrados porque es un potente neurotóxico.

Los investigadores tampoco descartan la estricnina, un veneno que podría matar a quien lo manipula.

Algo que el depredador, el Hombre, no tuvo en cuenta, por ignorancia o desaprensión, es que su accionar, lejos de ahuyentar a los pumas o zorros, le está abriendo las puertas a que aumente su población. Los cóndores, que son las víctimas, son carroñeros que van a la carne podrida (y en este caso envenenada): no así los animales que pretenden ahuyentar o matar, que son cazadores. Una ignorancia supina y criminal.

Dicho de otro modo: matando al individuo que es carroñero -una suerte de “daño colateral”- no soluciona el problema que tienen los ganaderos o crianceros con el puma y el zorro. Existe el mito de que los cóndores cazan a las crías del ganado como si fueran aves rapaces, pero esto no ocurre. Los cóndores son el último eslabón de la cadena: come la carroña.

En la escena del crimen, con la que un grupo de andinistas que hacían trekking se toparon el martes pasado, además de los cóndores, había restos de un puma, corderos y ovejas. Esto refuerza la teoría del envenenamiento. Se hallaban amontonados y achicharrados en tres grupos. Pero la fogata no terminó de eliminar las pruebas y todo quedó al descubierto.

Para llegar hasta el lugar es necesario meterse en una propiedad privada y hacer 4 horas de caminata. Las necropsias se hicieron en Ecoparque Mendoza, los rayos X en la Fundación Cullunche y muestras para estudios toxicológicos viajaron a Buenos Aires.

En un comunicado oficial del gobierno mendocino se apunta a los “agroquímicos”  y se refuerza la necesidad de “generar leyes que garanticen la trazabilidad de los mismos para evitar este tipo de casos”. Además, en Mendoza, el cóndor andino (Vultur gryphus) fue declarado Monumento Natural Provincial (ley 6599/98) y protegido por una ley provincial. En caso de afectar a esta especie se prevén multas que llegan hasta los 200.000 pesos.

Palabras entrevistó a Luis Jacome, presidente de la Fundación Bioandina Argentina y coordinador del Programa del Cóndor Andino, quien lanzó una advertencia: “Esta situación que se repite, puede ser irreversible. No sabemos en qué medida naturalmente la población de cóndores puede mantenerse”.

¿Por qué?

Porque se trata de una especie con una tasa de reproducción baja. Llegan a la edad fértil a los 10, 12 años y tienen una sola cría cada 2 o 3 años. Es decir que para mantener estable una población tiene que haber una baja tasa de mortalidad. Por otro lado, para tener magnitud de lo que sucede, en 26 años, Argentina tuvo el récord mundial al obtener 64 pichones, incubados y criados. Y en sólo trece meses, mataron a 66 ejemplares adultos: en 2017 fueron 32 los individuos muertos. Y en solo tres semanas de este año, ya tenemos 34. Y Sólo son números de los casos denunciados. No sabemos si hay más que no están detectados.

¿Es una especie en peligro?

Los cóndores no están amenazados. Pero este tipo de situaciones no dejan de poner un alerta. En Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela hay poblaciones que se vieron amenazadas al modificar su ambiente, entre otras cosas. Venezuela tiene 12 cóndores; en Colombia se calcula que hay una población de 200 y Ecuador un poco más de 100. En Argentina, tenemos en Córdoba, San Luis, y a lo largo de todos los Andes. No hay un número preciso. Pero los que murieron en el último año es casi la mitad de todos los que tiene Ecuador.

Siendo que es una situación que se repite, ¿qué pasa con las denuncias realizadas?

Nosotros el año pasado presentamos denuncias ante la Unidad Fiscal en Materia Ambiental (UFEMA) y en el Ministerio de Ambiente, por los cebos tóxicos que se estaban usando y que son la causa de la mortandad de los cóndores . Pero lo que hace falta es tener una ley de trazabilidad respecto de los agrotóxicos que se usan en la agricultura. Su uso año a año se agrava,  porque son de venta libre y se venden toneladas y toneladas, sin que se sepa adónde van a parar. La ley de trazabilidad permitiría saber en manos de quiénes están y quiénes manipulan esos agrotóxicos.

La ley de Mendoza prevé multas dado que el cóndor es una especie protegida. ¿Alcanza?

No sirve de nada sancionar a un paisano que con estas prácticas supone que está protegiendo a sus ovejas o al ganado de los animales cazadores y termina matando a los cóndores. Hay que implicar a la multinacional que lo produce y al mayorista que lo vende sin responsabilidad como si fuera dulce de leche. El paisano opera desde la desesperación y la ignorancia. Encima, ni siquiera le sirve el agrotóxico para lo que él se propone.

Sin saberlo, está favoreciendo a la especie que quiere alejar.

Exacto. El cazador sigue cazando. Por ejemplo, el puma: si muere uno, deja un lugar que va a ser ocupado por sus crías que son cazadoras. Entonces, cuando uno le pregunta a los paisanos sobre esto, la respuesta es “hay cada vez más”. Lo que no sabe es que al aplicar el veneno está seleccionando al carnívoro cazador, en detrimento de los cóndores que son carroñeros y no cazan. Como dije antes: ni siquiera le sirve para lo que se propone.

Un impacto regional

Gracias a los estudios de transmisión satelital del Programa de Conservación de Cóndores Andinos (PCCA), se sabe que la provincia de Mendoza funciona como un corredor biológico para esta especie. Cada individuo vuela a 120 kilómetros por hora y puede hacer unos 300 kilómetros por día. Sus vuelos llegaan incluso hasta Chile, donde sucede lo mismo que en Argentina respecto de los cebos tóxicos. “Por eso, la situación de Los Molles impacta en toda la población de cóndores de la región”, asevera Jacome.

¿Qué hay que hacer en estos casos para cualquiera que pudiera llegar a encontrarse con una situación como esta?

No tocar nada, ni siquiera tener la intención de llevarse una plumita de un cóndor muerto de recuerdo, porque seguramente está envenenado. Hay que salir del lugar y denunciar el caso ante las autoridades inmediatamente. Esto es importante, dar aviso, entre otras cosas porque si se usó veneno, puede morir gente. Además de contaminar el suelo y las napas de agua.

¿Cómo revertir esta situación?

Si no hay una ley de trazabilidad en agrotóxicos, no habrá manera de revertirlo por más que nos pongamos a criar cóndores. Porque aún la gente más informada, reacciona como si no pasara nada, aun cuando los agrotóxicos están presentes en los alimentos que consumimos.