Este domingo 1 de abril a las 19 hs se presenta Héroes con nombres, el documental de LN+ con dirección de Miguel Rodríguez Arias y producción, investigación periodística y entrevistas de Daniel Santa Cruz, que reconstruye e indaga en la historia del proceso por el que, 36 años después de la guerra, finalmente se logró identificar los cuerpos de 90 soldados argentinos que estaban enterrados en el cementerio de Darwin bajo la leyenda “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

Para saber los detalles de la acción humanitaria que permitió a 90 familias honrar a sus seres queridos Palabras dialogó con el periodista Daniel Santa Cruz, uno de los cronistas fundamentales de todo este proceso.

¿En qué instancia está actualmente el proceso de identificación de los soldados argentinos enterrados en el cementerio de Darwin sin reconocer?

En Darwin hay 246 cuerpos de soldados argentinos, 125 identificados, y hasta hace unos días 121 sin identificar, pero finalmente este 26 de marzo, luego de una década de mucho trabajo, se colocaron las placas con los nombres en 90 de las tumbas que hasta ese día tenían la leyenda: “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

Aún faltan 31, y se están buscando los elementos para realizar las pruebas de ADN, así que en todos los casos en que los familiares acuerden, estoy seguro que a lo largo del año se va a completar el proceso.

¿Cómo fue el proceso para llegar a este resultado?

El proceso se inició en 2008 movilizado por Julio Aro, un veterano de Malvinas, que tiene una fundación llamada No me olvides. Ese año Julio, que no había regresado a Malvinas desde 1982, decidió viajar porque sintió la necesidad de reencontrarse con el lugar donde había combatido, y donde había sepultado con sus propias manos a dos compañeros, que en ese primer viaje no logró encontrar.

Esa situación lo decidió a viajar a Inglaterra, donde conoció a Geoffrey Cardozo, un ex capitán británico que en 1982 tuvo la tarea de reunir los cuerpos que estaban esparcidos en las dos islas, y sepultarlos en el cementerio de Darwin, previa realización de un informe muy detallado, que justamente Julio logró conseguir, y a partir del que comenzó esta cruzada para que los gobiernos argentino y británico se pongan de acuerdo y envíen una misión humanitaria a identificarlos.

Algo que no fue nada fácil, porque más allá del gobierno, el tema de la soberanía de las islas nunca estaba en la agenda, y en ese momento, además, la situación diplomática con Gran Bretaña no era la mejor.

En ese contexto, aunque ya en 2012, la periodista Gabriela Coficci, que está muy comprometida con esta causa, contacta a Roger Waters que venía a la Argentina para ofrecer una serie de recitales con la idea de darle visibilidad al reclamo.  Pero él decide ir más allá, y cuando la presidenta Cristina Fernández lo recibe, como se hace habitualmente con figuras internacionales, le habla de la causa, y le pide que se comprometa a avanzar. Luego también Waters habla con David Cameron, y logra que se inicie un diálogo, que culminan Macri y Theresa May con la firma de un acuerdo en el que le solicitan a la Cruz Roja que encabece esta acción humanitaria de identificación de los cuerpos, junto a profesionales técnicos de cada uno de los países, que en nuestro caso fueron los miembros del equipo argentino de antropología forense.

Obviamente, durante todo este tiempo Aro había realizado una cruzada por todo el país buscando familiares directos para hacer las pruebas de sangre, y así se logró identificar a 90 de esos 121 soldados, que ahora ya tienen nombre apellido en su tumba, y a los que sus familiares pudieron ir el 26 de marzo a homenajear.

En una entrevista reciente que le realizaste Waters te explicó cuáles fueron sus razones personales para comprometerse

Exacto, me contó que él tiene una historia muy personal en relación a este tema, porque su abuelo que murió en la Primera Guerra está sepultado en el norte de Francia, aunque nunca pudieron saber dónde exactamente, y su papá también murió en la Segunda Guerra. Entonces, no solo es un militante antibelicista, sino que a nivel personal conocía de cerca lo que implica perder a un familiar en la guerra y no tener claro dónde se encuentra su cuerpo.

Por eso también no solo realizó el planteo que logró destrabar la relación entre los dos países, sino que continuó apoyando siempre activamente la causa, y el pasado 9 de marzo fue uno de los reconocidos en la Embajada de Argentina en Londres con Dos rosas por la paz, una condecoración que le entregaron también a Julio Aro, a Gabriela Coficci y a Geoffrey Cardozo, y que fue la ocasión donde pudimos charlar, y lo entrevisté para el documental.

La identificación se produce una década después del inicio de esta cruzada, pero 36 después de la guerra, ¿no se podría haber realizado antes?

Yo creo que efectivamente esto se podría haber hecho hace mucho tiempo, de hecho, los británicos le pidieron dos veces a la junta militar que haga algo con los cuerpos, no solo por una cuestión humanitaria sino también sanitaria, pero según pude ir reconstruyendo en la investigación desde aquí nunca se respondió. El pedido de los británicos era vengan a repatriar los cuerpos, y hay quienes plantean que la palabra repatriar era inadmisible.

Luego, hay que tener en cuenta que recién en 1987 hubo un vuelo especial que realizó la Cruz Roja, y fue el puntapié para una serie de viajes humanitarios de familiares, pero los argentinos pudimos empezar a viajar a las Islas, con pasaporte, recién en 1999, como tampoco podemos omitir el proceso de desmalvinización al pensar ¿por qué tanto tiempo? Parece que la sociedad necesitó que pasen 30 años para dejar de lado rencores y empezar a atender las cuestiones humanitarias que nos unen con las Islas.

¿Además de la identificación crees que este proceso tendrá otro tipo de impactos?

Yo creo que este proceso, este acuerdo humanitario entre Argentina y Gran Bretaña puede servir para que los argentinos nos acerquemos más a las islas, y para que los isleños quieran acercarse más a Argentina, algo que necesitan hasta por una cuestión geográfica.

Espero que esto permita que se empiecen a tratar cuestiones como la necesidad de que haya más vuelos, para conocerlas, para ir a visita a nuestros caídos, y tal vez así avanzando en cuestiones prácticas en algún momento tengamos una agenda compartida respecto a Malvinas, que creo es el camino más viable que hoy tenemos.

En 1982, cuando fue el desembarco en las islas, Argentina tenía allí una oficina de Líneas Aéreas del Estado, una de YPF, y el aeropuerto que tienen los isleños lo hicieron ingenieros militares argentinos, había una integración muy fuerte con las Islas y los isleños, que iban mucho a Río Gallegos o a Comodoro Rivadavia, la guerra puso esa relación como en el siglo 19, y ahora, por fin, tal vez podamos comenzar a avanzar.