Descubrir instantáneas en que se plasman luchas y reivindicaciones, pero también un impulso artístico que toma por asalto paredes y muros, es la propuesta de “Huellas en la piel de la ciudad. Esténciles de Paraná”una obra de Pablo Russo, Manuel Siri y Franco Giorda,que reúne grafitis y leyendas de la capital entrerriana, editada con el aporte del Fondo Económico de Incentivo a las Culturas, las Artes y las Ciencias (Feicac) municipal.

Para conocer algunos detalles de este libro, un compilado del mejor arte urbano paranaense, Palabras dialogó con Franco Giorda, periodista y coautor la obra.

¿Cómo surge el proyecto de editar este libro?

Huellas en la piel de la ciudad. Esténciles de Paranánace a partir de una de las secciones de 170 escalones, la revista digital que realizamos con Pablo Russo y Manuel Siri, coautores del libro, que se llama Paraná esténcil, donde hace un tiempo venimos publicando fotos de diferentes obras, que entendemos tienen cierta potencia, junto a un texto breve, casi una suerte de suelto, que acompaña cada imagen.

En paralelo al desarrollo de esa sección, que hoy continuamos realizando, surgió una convocatoria del Fondo Económico de Incentivo a las Culturas, las Artes y las Ciencias (Feicac) de la Municipalidad de Paraná, donde presentamos un proyecto para generar en formato libro una compilación de esos esténciles, que conviven en la superficie urbana de la capital entrerriana, y  salimos seleccionados, lo que nos permitió imprimir, y estar en la calle con la obra hacia fines del año pasado.

¿Por qué entre las diferentes expresiones del arte urbano eligieron el esténcil?

En general nosotros estamos muy atentos a todas las intervenciones urbanas, a lo que el espacio público dice y muestra, y durante el último año fuimos testigos de una explosión en la producción de esténciles, tanto por parte de movimientos políticos con demandas relativas a cuestiones de género, vinculadas al movimiento de estudiantes secundarios, etc. pero también de otros con una impronta eminentemente artística y estética, realizados por artistas y colectivos que salen a la calle y plasman en los paredones desde una figura muy pequeñita a un solo color, en un rinconcito, hasta figuras de 2 o 3 metros de gran complejidad.

Fue esa explosión y esa variedad la que nos llevó a seleccionar esta modalidad de expresión artística típicamente urbana.

¿Y cómo realizaron la selección para conformar la obra?

Aun antes de comenzar a elaborar el libro comenzamos a recopilar imágenes, algo que se fue convirtiendo en una suerte de obsesión, como decimos en el prólogo de Huellas, que nos ha llevado a buscar y encontrar esténciles en los lugares más inverosímiles : el interior de algunos edificios públicos, el suelo, columnas, o casillas. También las marchas docentes y estudiantiles, han sido un escenario de búsqueda y encuentro, ya que en general a lo largo de sus recorridos van produciendo esténciles que funcionan como huellas y testimonio de sus reivindicaciones.

Esos y otros lugares han sido los escenarios para hacer esta selección, que intentamos reflejara de la manera lo más exhaustiva posible los temas que trabajan quienes andan con el aerosol y la plantilla en la mano, y que también sirva como memoria, porque al ser un texto vivo, que va mutando con la propia dinámica de la vida ciudadana, retratamos esténciles que tal vez están hace años, y otros que solo permanecieron un rato.

En línea con lo anterior en el libro aparecen dos grandes corrientes, una eminentemente artística, y otra eminentemente política, donde es importante diferencia aquella más relacionada a temas como el género, la educación pública, la ecología, el ambientalismo, y algunos otros derechos como la despenalización del consumo de marihuana, de otra más electoralista, ligada a la campaña electoral.

¿Y dentro de esos universos de obras cuáles son las que considerás más impactantes?

A mí los esténciles que más me interesan son aquellos donde se nota la impronta local, desde los retratos que recuerdan a una serie de jóvenes de Paraná desaparecidos durante los 90 a manos de la policía, hasta los que dan cuenta de las reivindicaciones específicas de las universidades, que cada una con sus cuestiones políticas le dan una impronta propia del lugar.

Luego, específicamente, me encanta una obra que está en el parque Marcelino Román, un pequeño jardín atravesado por un pequeño arroyo, que está como hundido, ya que se ubica en una línea más baja que la de las calles y la construcción en general, que tiene un paredón donde aparece un rostro cubierto con un pañuelo que es impresionante, tiene grandes dimensiones, cinco colores, la trama del pañuelo son esténciles pequeñitos, hay un trabajo notable en él; y también todo lo que han hecho desde el movimiento feminista, travesti y trans, que han estampado besos, muchos besos por todas partes, obras donde veo un signo de amor y de resistencia, que en lo personal me encanta.

¿Cómo viene funcionando la obra hasta ahora y cómo se puede conseguir?

La posibilidad de hacer este libro ya fue para nosotros algo genial porque encontramos la posibilidad de llevar mucho de lo que hacemos en la web al papel, que más allá de que puede tener algo de fetiche, en lo particular me interesa, y le permite a las personas tener el material allí, verlo en diferentes momentos, y resignificar lo que ve.

Afortunadamente, además, hasta ahora hay mucho interés, la gente lo pide por la web o las redes de 170 escalones, y se acerca a las ferias donde lo llevamos, lo que nos ha permitido entablar un diálogo a partir de la obra con personas de diversas formaciones, ámbitos y edades, así que además de un libro Huellases una buena excusa para entablar charlas entretenidas e interesantes.