Teatro Callejón, la mítica sala de teatro alternativo del barrio del Abasto, que alguna vez conocimos como El Callejón de los deseos cumplió este 2018 sus primeros 25 años, un aniversario que la encontró renovada artística y ediliciamente, bajo la dirección del director y dramaturgo Javier Daulte, quien hace tres años asumió el desafío de conducir el espacio.

Para conocer la historia detrás de la decisión de comprar la sala, los criterios que guían su trabajo, y las propuestas que presentará “el Calle” en 2018, Palabras dialogó con Javier Daulte.

¿Cómo llegaste a ser el propietario y director de este espacio?

Al Callejón lo conocía de antes, de hecho, hace 25 años, vi el primer espectáculo que aquí se hizo, y con el que se inauguró la sala, que era una obra escrita y dirigida por Esther Goris, que se llamaba El otro sacrificio, y desde ese momento mantuve, desde mi lugar de teatrista, pero también de espectador, una relación muy cercana con esta sala, que con el tiempo se fue convirtiendo en emblemática, por la que pasaron montones de obras significativas para el teatro alternativo de Buenos Aires, como Máquina Hamlet, Todos Contentos, o La escala humana, donde yo era uno de los autores y directores, junto Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian; y también aquí monté obras como Faros de color, Fuera de cuadro, Proyecto vestuarios Personitas.

Igualmente, la compra de Callejón llegó casi por casualidad, no es que lo venía pensando, pero cuando me enteré, hace unos tres años, que los propietarios anteriores habían decidido venderlo, pensé: bueno tal vez esta pueda ser la ocasión para tener una sala.

¿Y una vez al mando cómo fuiste ideando el proyecto en torno a la identidad del espacio?

 En el momento de tomar la gestión de “el Calle” mi idea fue dar una continuidad a lo que aquí se venía haciendo, pero también darle espacio a algunas personas que había podido conocer y me interesaba mucho que pudieran hacer sus espectáculos aquí. Además, en relación al espacio en sí, y partiendo de que esta es una sala realmente muy linda, lo que intenté fue hacerla más confortable para los espectadores y los artistas, entonces habilitamos un bar, mejoramos los camarines, y les agregamos baño, que hasta hace unos años no tenían.

Creo que, con esa doble línea de trabajo, en contenidos y programación, pero también sobre el espacio físico, hemos logrado hacer del Callejón un espacio emocionalmente confortable para todos, y plasmar esa idea inicial de continuidad y renovación.

En una etapa nada fácil para el teatro alternativo, además…

Si uno tiene que esperar que las cosas mejoren para hacer algo, lo más probable es que el momento de hacer nunca llegue, y, en definitiva, ¿cuándo es un buen momento para poner un teatro alternativo? Yo creo que más allá de las circunstancias, y en base a un equipo muy pequeño, pero con mucha complicidad y compromiso estamos trabajando muy bien.

¿Ya en relación a 2018 que nos podés contar de la propuesta central que presentará el teatro?

Durante el verano, mirando un poco la programación que habíamos planteado para este año con Alejandro Zárate, que maneja cuestiones de comunicación y prensa, me decía que sentía que la propuesta global tenía una coherencia, un hilo que la enlazaba. Y pensando en ese hecho, que parecía casual, tomamos la decisión de hacer una presentación global, pero también de hacer algo consciente y con un propósito con esa potencialidad, y entonces allí nació Teatro líquido, que es una de las propuestas centrales de 2018, que son 5 obras, escritas por Silvia Gómez Giusto, Paula y María Marull y Héctor Díaz y yo de manera individual pero bajo una dinámica colaborativa, con la certeza de que algo se filtrará en el otro del trabajo colectivo, por eso la idea de líquido.

Yo estoy convencido que las creaciones que tienen fuerza en el teatro de Buenos Aires, y sobre todo en el teatro alternativo, no son hechos artísticos aislados, porque esos, por mejores que sean, no tienen eficacia, o la tienen demasiado acotada. Y esa es la idea de Teatro líquido: decir aquí no hay elencos sueltos, porque un teatro alternativo no es una góndola de supermercado donde encontrás muchos espectáculos, es un movimiento donde hay muchos espectáculos, pero también, y siempre, un marco.

Junto a las creaciones de Teatro líquido, ¿como fue el proceso de selección de las obras que componen la programación anual?

El Callejón tiene prestigio, y en general muchas propuestas llegan a nosotros directamente, luego hay personas que ya trabajaron aquí y en las que confío, que si tienen propuestas no me siento ni a preguntarles qué es lo que tienen, les digo sí directamente, porque confío en sus riesgos, y porque trato de replicar aquello que me pasó cuando empecé, fui al Teatro del pueblo y Tito Cosa dijo: “Javier puede hacer lo que quiera, no le pregunten ni el nombre de la obra”.

Luego, con aquellas personas que no conocemos, evaluamos, leemos y buscamos referencias para ver si encaja dentro de lo que a nosotros nos parece interesante, siempre con foco en los artistas que tienen una búsqueda poética clara, que no se tiene que parecer a la mía ni mucho menos, pero sí me interesa la claridad en las apuestas.

Y así, para este 2018 tenemos un conjunto de obras nuevas, y otra que ya han sido probadas, además de las 5 de Teatro líquido, que se estrenarán entre julio y agosto, y en este corto tiempo desde el inicio estamos funcionando muy bien, con obras que van de martes a domingos, y títulos que me encantan como Bardo, un lugar entre nosotros, de Maximiliano Chiprut, Anahí Dratman, Grisel Galli y Gabriel Pez; Ni con perros ni con chicos, de Fernando Albinarrete; Clarividentes, de Javier Daulte; El inestimable hermano, de Heidi Steinhardt; Lo único que hice fue jugar, de Sebastián Irigo; Yo no duermo la siesta, de Paula Marull, y La fiesta del viejo, de Fernando Ferrer, entre más de 30 títulos que se presentarán a lo largo del año.

La Cartelera de Callejón:

Para consultar las obras, días y horarios se puede ingresar a http://espaciocallejon.com/.