Director de teatro, dramaturgo, guionista, Javier Daulte es un generador de historias por excelencia. Acaba de estrenar en Espacio Callejón Clarividentes, a la que próximamente sumará La cita (aún en proceso de ensayo), mientras continúa acompañando El circuito escalera, su primera novela lanzada en marzo por Alfaguara, y dirigiendo a Florencia Peña y Diego Peretti en Los vecinos de arriba, del catalán Cesc Gay en el teatro Metropolitan.

Unas horas antes de la segunda función de Clarividentes, que se puede ver los lunes y martes a las 21:00 hs y los sábados a las 16:30 en la sala que además dirige, Daulte dialogó con Palabras sobre la obra y su pasión por contar historias en distintos formatos y lenguajes.

¿Cómo fue el estreno de Clarividentes?   

Realmente estoy muy contento, y  aunque es una obra que venimos ensayando hace tiempo, toda primera función es especial, y en un espacio como Callejón, que es pequeño, con una sala para 60 espectadores, la sensación de estrenar se prolongará seguramente durante toda esta semana.

¿Qué va a encontrar el público que venga a verla?   

En principio se va a encontrar con un espectáculo muy entretenido, muy intenso, y fuerte también. La obra cuenta la historia de un grupo de personas, que en un momento sumamente crítico a nivel mundial, le quieren vender el servicio de una mujer clarividente a un empresario al borde la quiebra. Y aunque el tipo está desesperado y dispuesto a comprar, porque piensa usar ese poder para intervenir en la bolsa y salvarse, primero les pide que le demuestren que ese supuesto poder es real, lo que deviene en una especie de desastre, plagado de cuestiones que no puedo adelantar, en las que están involucrados tres personajes que son utilizados como conejillos de indias.

¿Cómo fue el proceso de selección del elenco?

Hace un tiempo, cuando comencé a programar en espacio Callejón, se me abrió la oportunidad de volver también a dar seminarios, algo que me encanta, hace mucho no hacía, y me permitió conocer a toda una nueva generación de actores con los que empaticé mucho. En ese proceso, un día entendí que estaba todo dado para entregarnos a una aventura que nos podía resultar interesante, algo que no es fácil, porque encontrar nueve actores para armar un proyecto como este, ensayar gratis, y todas esas cosas, requiere que el grupo realmente esté a punto caramelo.

A raíz de eso, de hecho ponemos las funciones lunes y martes, para que los actores no tengan que renunciar a la obra frente a otros trabajos donde tal vez les paguen. Aquí el beneficio es tener un espacio de indagación, y poder trabajar en el mismo Callejón, un lujo que sentí que me podía dar, y me lo di, de la mano de un grupo que se entregó a la aventura, que comenzó a ensayar la obra sin tenerla terminada, lo que generó mucho entusiasmo, pero también incertidumbre, y no es fácil encontrar gente que tenga ganas de pasar por estos extraños niveles de estrés.

¿Cómo describís a esta nueva generación de actores, y cómo influyen sus búsquedas en la forma de pensar el teatro y la actuación?

Yo creo que este es un momento que se define por la variedad, realmente hay de todo. Por supuesto, quienes comulgan con mi visión necesariamente abrazan una forma de entender el trabajo actoral muy ligada a lo emocional, ya que ese es el entrenamiento que doy, pero realmente hay de todo, gente formada en la dramaturgia del actor, o en estéticas o propuestas más clownescas, y mucho más.

Igualmente, como punto en común, por la manera en que se desarrollaron ciertos aspectos de la industria en este país, con la cantidad de cortos, series web y publicidades que hay, la mayor parte de los actores jóvenes tienen mucho contacto con lo audiovisual y han realizado muchas jornadas de filmaciones, pero tienen poco teatro. Esto hace 20 años era al revés, porque muy pocos tenían la oportunidad de hacer cine o tele, y ese contacto con el universo audiovisual produce un tipo de actor diferente, ni peor ni mejor, pero sin duda distinto.

Volviendo a la historia, en principio, por tu relato, uno puede intuir que de alguna manera pones en escena una obra  de ciencia ficción pero también hablas de la actualidad 

Eso fue muy loco realmente porque el año pasado, cuando ya estaba la obra avanzada, asumió Trump, y  todos nos miramos, ya que parte de esta historia muestra como los momentos de crisis son los ideales para que ciertos payasos asuman el poder, entre muchas otras cosas, que parecen dar cuenta de la actualidad, aunque a mí me interesa la realidad, y la actualidad no tanto.

Igualmente, estamos en un momento en el que lamentablemente el mundo es un polvorín, y todas las cosas que suceden nos atraviesan. El otro día, cuando se cayó whatsapp a nivel global, estábamos en medio de un ensayo y pensábamos: tal vez comenzó la tercera guerra mundial, o Corea del Norte atacó Washington, cosas con las jugábamos pero que lamentablemente son más que verosímiles.

Antes decías que por las características espaciales de Callejón la adrenalina del estreno se mantiene, ¿cómo haces para conjugar sin confundirte la diversidad de ámbitos en que se desarrollan tus historias?

Yo creo que los diferentes ámbitos te permiten contar cosas diferentes. El teatro comercial, la televisión, el teatro independiente, o la narrativa, son distintos territorios que a mí me permiten contar cosas, pero siempre diferentes, porque nunca contaría en el Callejón lo que voy a contar en la calle Corrientes y viceversa.

En ese sentido, Clarividentes es para acá porque es un trabajo experimental, de riesgo en forma y contenido, que es para lo que me parece existe el teatro alternativo y para lo que hay que usarlo. Por otra parte, esta posibilidad de abordar distintos caminos y formatos para contar historias creo que es lo que finalmente me define a mí y a mí trabajo.

Obviamente, es importante no confundirse, y para eso es importante recordar que uno también es muchos espectadores, ves teatro alternativo, comercial, televisión, lees una novela, y en cada ámbito se trata de saber apreciar aquello que nos gusta, somos distintos espectadores y también podemos ser distintos narradores.

Finalmente, a mí me gusta mucho trabajar, y si no lo hago me aburro, hacer una cosa por vez no va conmigo, disfruto mucho el espacio de los ensayos, disfruto todo el proceso, y no me agobia porque trato de no mirarme desde afuera, ni me dejo llevar por quienes se detienen frente a la crisis.

¿Pero la crisis, finalmente, influye?   

Yo creo que son épocas, y que el impacto de las crisis económicas es muy relativo, por esto la economía es una ciencia social y no exacta. En el año 2001, de hecho, las salas de teatro se llenaban y nadie se explicaba por qué, si no había un peso en la calle; y esta temporada contra todos los pronósticos arrancó realmente bien. A mí lo que más me preocupa, especialmente en el teatro comercial, es que la crisis pase la boletería a los contenidos, me altera escuchar cosas como “ojo, viene poca gente, programemos cosas livianas”, eso es lo que más me preocupa.

En la presentación de la obra hay una frase que dice: “El futuro es tan obvio; siempre caótico y fúnebre. En cambio, el pasado es impredecible, y nos acecha de la manera más inesperada.”, Contanos para finalizar por qué la elegiste?  

Fue una verdad que surgió en el proceso de trabajo de la obra, en la que realmente creo, ya que, aunque es cierto que hay un momento en la vida en que el pasado es indiferente y lo único que parece existir es el futuro, luego hay otro, seguramente más prolongado y profundo, en el que para poder mirar hacia adelante es preciso que atrás estén todas las cosas medianamente en orden. No se trata de quedarse en el pasado sino de asumir que para poder mirar hacia adelante hay que poder lidiar con el pasado, saber dónde estamos parados, y desde ahí ver hacia donde aspirar.