En un año marcado por un inusitado movimiento de la escena de las artes visuales, con grandes muestras en instituciones públicas y privadas que convocaron cifras récord de público, presencia de artistas locales en las principales plazas internacionales y un gran movimiento colaborativo entre los museos argentinos y del exterior, la figura y el rol del curador comenzó a tomar también mayor relevancia.

Signo de profesionalización de la escena para algunos, peligrosa señal de una futura subordinación de los artistas a manos de una “excéntrica elite ilustrada” para otros, los nombres de los principales referentes de esa práctica se suceden en notas y artículos periodísticos sin un abordaje crítico en torno a la magnitud y lógica de su tarea.

Para conocer los fundamentos de esa práctica y tener un panorama sobre lo que 2017 dejó en términos de avances en la escena local Palabras dialogó con Javier Villa, curador senior del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

¿Cómo definís la curaduría como profesión y cuáles son las características concretas de la curaduría institucional?

La curaduría es una práctica autoral; una narrativa espacial y discursiva que produce sentido y ofrece experiencias acerca de nuestra contemporaneidad, tanto a nivel cultural, como político y social. La curaduría trabaja con materiales, documentos, imágenes, artistas y obras tanto del pasado como de nuestro presente.

La curaduría institucional en un museo público te abre la cabeza como profesional. Por un lado, se amplía el espectro de audiencia de manera increíble y, con ello, se amplía la responsabilidad en términos de inclusión, de rigor en los contenidos históricos, de experimentación contemporánea y de uso del presupuesto en relación a la experiencia que se le ofrece a esa audiencia. Además de investigar y organizar exposiciones es estimulante pensar también al trabajo del curador/a institucional como un aporte al saneamiento, a la profesionalización, el crecimiento o las mejoras dentro de nuestras instituciones.

Por otro lado, la curaduría institucional es un proceso mucho más colectivo en el día a día que la curaduría independiente; el museo es una maquinaria donde trabajan –en el caso del Moderno- un centenar de personas, que de una u otra manera están involucradas en llevar a buen puerto los proyectos de nuestra programación.

Por último, un curador/a institucional, sobre todo en el museo público, debe defender la autonomía e independencia de los contenidos ofrecidos. Una institución como el Moderno tiene 60 años de existencia, tiene una densidad histórica y una importancia enorme en la construcción de nuestra identidad cultural y en la preservación del patrimonio de “tod@s l@s ciudadan@s”, que supera sin dudas a la importancia de cualquier gobierno.

¿Existen diferencias entre el camino de desarrollo local en relación al mundo?

Creo que a un nivel institucional estamos en un momento muy inicial de la práctica curatorial. No hay una comunicación precisa al público sobre nuestra práctica, sobre su desarrollo experimental o discursivo. No hay una práctica de discusión o de mirar curadurías en nuestra  escena en la Argentina. Muchos y muchas artistas, galerías e incluso instituciones denigran o han denigrado el rol. Esto tiene sus pros y sus contras, la curaduría no llegó por suerte a tener el poder absurdo que tiene en ciertos países o instituciones, sino que se desarrolla con mucho trabajo casi anónimo.

Cuando se dice que no existe la curaduría en la Argentina quiere decir, por un lado, que estaríamos haciendo bien nuestro trabajo ya que no ponemos nuestra agenda por sobre la de “l@s” artistas o las obras, pero a su vez quiere decir que estamos en un inicio de lo que potencialmente podría ser una herramienta que sume sentido y cultura, experimentación y estímulo. Es una paradoja, claro está.

¿Qué países o  instituciones consideras modelos de desarrollo en el área y por qué?

No me gusta pensar en otros países o instituciones como modelo, creo que uno va construyendo en base a las necesidades de su escena. En mi opinión, no podés pretender que el Moderno sea el Moma porque Buenos Aires no es Nueva York. Somos distintos, ni mejores ni peores. La curaduría es sobre todo diagnóstico: sobre la escena, sobre la temperatura social, sobre lo que es necesario ver en un momento determinado en un lugar preciso, sobre lo que hay que generar o construir en términos de espacios e instituciones, sobre el momento en la carrera del artista o la pertinencia de una obra.

No creo en la llamada curaduría internacional, en ese tipo de curador/a que llega una semana antes de la inauguración, monta una muestra, al día siguiente va al aeropuerto y luego de pasar inmigraciones googlea sobre el siguiente destino donde montará la próxima muestra. No creo en la curaduría que no es una construcción específica para un público, una escena, un momento. Está bien que exista, todo suma,  pero no creo en ese tipo de curadurías para mi desarrollo profesional.

¿Cómo ha influido en el desarrollo local el creciente trabajo colaborativo con museos de otros países?

En el caso particular del Moderno, el plan que está desarrollando Victoria Noorthoorn es interesante, ya que plantea la importancia de crear lazos con instituciones de diverso calibre, misiones o públicos. Por ejemplo, entre 2016 y 2017 entablamos relaciones con el Museo Picasso de París, que se dedica al estudio de un único artista, con el Museo de Arte Moderno de Frankfurt que tienen una colección canónica de arte europeo y norteamericano de los años 60 y 70,  y con Betonsalon – Villa Vassilieff, un centro de investigación y producción curatorial experimental y contemporánea. Con todos ellos no sólo desarrollamos proyectos en los cuales pudimos presentar a nuestro público obras como las de Picasso, algo que antes parecía impensado, sino también presentar a artistas “argentin@s y latinoamerican@s” a públicos y escenas de otros lugares.

Creo que estas colaboraciones no sólo son importantes por los proyectos específicos que se hacen, sino porque al trabajar con otros profesionales provoca constantes intercambiamos de referencias, les contamos sobre obras y proyectos, les presentamos artistas, recomendamos a alguien para un premio o una residencia, ponemos a gente en contacto. Creo que es parte del trabajo del curador/a y que está buenísimo para “tod@s” conocer artistas de otros lugares con los cuales dialogar, o exhibir en otros países y poner en jaque las propias miradas y conceptos.

En el texto curatorial para la muestra de Diego Bianchi El presente está encantador planteas: “Los espacios neutros de exhibición y los esfuerzos que generalmente hacen las instituciones por detener el tiempo son siempre una amenaza de domesticación estética que los artistas, los curadores y el público deben desandar”, te pido nos expliques las características más notorias de estos dispositivos de domesticación estética y algunas de las claves posibles para “desandarla” desde la curaduría, pero también desde el espacio del público de arte?

Si mostrás la misma obra de la colección bajo la misma narrativa canonizada, con las mismas relaciones de época y movimientos, ponés un cuadro tras otro en una relato lineal colgado a 155 cm del piso, no sólo estás buscando domesticar la mirada y el pensamiento, sino que no estás relacionándote con nuevas formas de ver, nuevos códigos y estructuras narrativas. Hoy la imagen es una herramienta de comunicación tanto o más usada que la palabra. Hay que ser inteligente con respecto a eso, ofrecer una experiencia nueva y reveladora, algo distinto a nivel físico, sensorial, mental, si no los museos van a seguir vacíos.

Si hacés una búsqueda de imágenes por google te encontrás con un mosaico de informaciones de distintos tiempos, de distintas personas, formas, apropiaciones, etc. La velocidad con que un adolescente mira imágenes en instagram y se comunica a través de ellas no podés desconocerla. No sólo es aburrido no agitar a las imágenes, si no irresponsable y sin pertinencia. Creo que las claves para desandarlas están a la vista en las muestras que producimos, en la idea de la curaduría como experiencia, en búsquedas que no solo sean contemplativas, en el rol del curador/a como alguien que pueda romper los preconceptos sobre lo que debe ser una exposición, sobre cómo es la correcta manera de ver o sentir algo.

¿Crees que estamos en una etapa de reformulación de la misión y función de los museos y, en todo caso, por donde crees deben pasar las líneas de desarrollo de cara al futuro?

Creo que sí, estamos en una etapa de mayor profesionalización y eso es un buen camino. Se necesita instituciones con gente capacitada para poder responder a la enorme riqueza de “nuestr@s” artistas. Y una vez que se pueda responder con altura, comenzar a crecer, ayudar a construir diálogos internacionales, educar a “niñ@s” y grandes en la producción contemporánea, crecer en el estudio e investigación de nuestras colecciones históricas. Siento que falta muchísimo por hacer, pero que cada vez somos más profesionales “capacitad@s” en la materia.

Creo que hubo primero que ocuparse de recuperar, escribir, analizar nuestra historia del arte, para recién poder involucrarnos de lleno con la curaduría y las instituciones. Creo que es algo muy nuevo en nuestra escena, pero se va avanzando rápido. Me parece, a su vez, que es importante garantizar cierta estabilidad de “l@s profesionales idóne@s” en diversos puestos de trabajo, sin estabilidad institucional es como empezar siempre de nuevo. Creo que las direcciones y “l@s” curadores deberían rotar cada cierta cantidad de años para pluralizar las miradas, discusiones y sentidos, pero se deben mantener otros puestos, como los que estudian el patrimonio, hacen conservación, coordinan y gestionan exposiciones.

Sobre Javier Villa

Es Curador Senior del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Es Licenciado en Artes por la Universidad de Buenos Aires. Ha realizado un posgrado en curaduría en De Appel Arts Centre, Ámsterdam. Como curador independiente ha desarrollado numerosas exhibiciones tanto en el país como en el extranjero. Como crítico trabajó en medios nacionales como ADN CulturaLa NaciónOtra Parte Los Inrockuptibles, e internacionales como Latin Art y Extra Extra. Entre 2009 y 2013 fue profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, dictando en 2014 el Programa de Artistas. Forma parte del colectivo de artistas Rosa Chancho.