Entre las novedades editoriales del mes de febrero Seix Barral presenta La caja Topper, novela de iniciación donde Nicolás Gadano recorre su infancia y su adolescencia marcada por la militancia revolucionaria de sus padres.

“Nací en junio de 1966, en el invierno porteño. Durante mi primer verano de vida, mi viejo se pasó cuatro meses de entrenamiento guerrillero en La Habana, mientras su esposa y sus dos hijos lo esperábamos en Buenos Aires. Ese comienzo lleva la marca que signaría el resto de mi infancia y adolescencia.”, cuenta Gadano en esta obra, donde reconstruye su pasado y el de su familia a partir de las cartas, postales, casetes y fotografías, que su madre había atesorado dentro de una vieja caja de zapatillas Topper, que llegó a sus manos cuando ella murió.

 Hijo de dos montoneros, su infancia tuvo el sello que le imprimieron los avatares políticos de los años setenta en el país: clandestinidad, separaciones, viajes, exilio, configurando a La Caja Toppercomo una obra que parte del testimonio de un hijo de militantes revolucionarios, pero desborda su historia personal para abarcar la historia de la Argentina reciente.

Para conocer algunos detalles sobre el libro, su historia, y las expectativas del autor frente a las lecturas que puede suscitar su mirada íntima sobre muchos sucesos míticos de aquella Argentina de los 70, Palabras dialogó con Nicolás Gadano.

¿Cómo surge el proyecto de escribir La caja Topper? 

De manera retrospectiva, ya que en realidad nunca tuve un plan para escribir la obra y publicarla como libro, entiendo que en el origen del proyecto, como punto de partida importante, hay una nota que publiqué en la sección Mundos íntimosdel diario Clarín, allí por 2014.

Obviamente, antes de eso, murió mi mamá y me entregaron la caja Topper con todos esos recuerdos que me pusieron en contacto de manera muy cruda con mi propia historia; pero en términos literarios fue después de escribir la nota de Clarín que me decidí a ir a un taller de escritura, me enganché con el de Santiago Llach, y encontré allí el tono para escribir, para procesar La caja Topper en ese tono, aunque inicialmente sin la idea de escribir un libro.

Ese proceso terminó confluyendo en la escritura del libro tanto dentro como fuera del taller, aunque en realidad fue un par de años después de hacerlo, que me di cuenta que esa reconstrucción literaria de todo lo que me había pasado era una novela, y le encontré un sentido y una unidad.

¿Y a días de su llegada a las librerías cuáles son tus sensaciones en torno al encuentro del otro con esta historia, que aunque en tono literario, no deja de ser tu historia?

 Exponer fragmentos de mi vida, de la vida de mi familia implica todo un vértigo, pero racionalizándolo hoy, ya que insisto, no lo pensé así cuando lo comencé a hacer, pero es cierto que el libro da cuenta de cosas que son bastante privadas y constituyen mi identidad.

De hecho, el otro día pensaba que otro título posible para el libro era “Este soy yo”, porque en la reconstrucción de todo lo que encontré en esa caja están las etapas más constitutivas de la vida de cualquier persona, como son la infancia y la adolescencia.

También entiendo que la exposición puede funcionar como un antídoto contra la clandestinidad, porque esa etapa fue muy cerrada, muy sofocante, y aquí hay un sacarla a la luz.

¿Cerrada, sofocante y en tránsito permanente? Porque uno tiene la sensación al pasar las páginas de que nunca estás definitivamente en ningún lado, y muchos momentos importantes, de hecho, se desarrollan en colectivos, aviones, autos, siempre en tránsito hacia otro lugar.  

Más allá de que el libro está escrito desde hoy, y aparezco yo hoy, la base es una etapa de mi vida que está muy marcada por los acontecimientos que se dieron alrededor de la militancia revolucionaria de mis viejos, por lo que hay un estadío permanente de estar de acá para allá, que no fue una decisión deliberada tomada para el libro. Igualmente, en La caja aparecen pasajes más calmos, como México sin duda, donde sentí eso de llegar a un lugar en paz, pero también otros marcados por mucho movimiento, y movimientos mucho más difíciles para mí. 

En relación a la militancia de tus viejos y a los acontecimientos que reconstruís- desde la masacre de Trelew, hasta el secuestro de Julio Born, pero también lo que implicó volver a la Argentina después del exilio, ¿sentís que pudiste correrte de cierta mirada mítica sobre esos hechos?

Yo tengo 52 años, he hablado mucho, y he discutido mucho con mi mamá, con mi viejo, y tengo mis ideas, pero el libro es una novela, no es un ensayo sobre los años 70, y estoy muy contento de haber llevado, en este caso, todas esas situaciones a una cuestión más literaria, totalmente subjetiva, sin ningún tipo de rigurosidad histórica.

Este es un libro sobre mí, no sobre la militancia, aunque todo eso aparece porque mi vida en esa etapa estuvo muy llena de todo eso, por la pasión con que mis viejos militaban, pero es mi visión de lo que me pasó, sin intención de dar una discusión sobre esos temas a partir de este libro, si bien entiendo que en la lectura tienen impacto.

Igualmente como el libro recién acaba de salir, dentro de tres meses veremos que pasa. Todos mis seres queridos ya lo leyeron, algunos vieron con simpatía y complicidad que se publique, y otros no lo pueden creer, como ya había pasado con aquella nota de Clarín, aunque era una cosa mucho más pequeña y concentrada, pero finalmente, tanto esa nota como este libro, son mi manera de manifestar lo que soy, y las cosas que me pasaron.

 ¿Crees que hay un corte generacional que determina tener o no la posibilidad de leer La caja en los términos en que vos te planteaste su escritura? 

Mi deseo es que lo lean personas de todas la generaciones, y tengo un diálogo afectuoso con muchas personas de la generación de mis padres, especialmente con quienes estuvieron muy involucrados en la militancia, aunque es cierto que naturalmente me identifico más con aquellas personas de mi generación que pueden tener una perspectiva más íntima o familiar sobre esos sucesos, tal vez porque pasaron por cosas similares.

De hecho eso también me pasa como lector, hace poco leí Hija de revolucionarios, de Laurence Debray, la hija del filósofo Régis Debray y la antropóloga Elizabeth Burgos, y pensé: yo también podría decir hijo de revolucionarios, pero en relación a La caja, afortunadamente fui educado en el diálogo, y estoy abierto y espero que genere todo tipo de reacciones.

¿A partir de La caja, qué?

Soy economista y siempre escribí mucho desde ese lugar, luego hice un libro de historia, Historia Del Petróleo En La Argentina, y  una novela, Tu Querida Presencia, mi primera novela, que debo reconocer no tuvo mucho impacto, aunque como primer ejercicio de correrme de lo profesional tiene cierta continuidad con La Cajay mis inquietudes, porque aunque me gusta escribir, no pienso que puedo escribir cualquier cosa, ni de cualquier cosa, y entiendo que, de una u otra manera, uno se va repitiendo en los mismos temas, en sus mismas obsesiones, así que a partir de La Cajaseguramente seguiré por aquí con algún nuevo proyecto.

Nicolás Gadano Nació en Buenos Aires en 1966. Vivió en Neuquén gran parte de su infancia, y en Brasil y México durante la última dictadura militar. Economista graduado en la Universidad de Buenos Aires, trabajó en finanzas públicas, banca pública y en la industria petrolera. En la actualidad es gerente general del Banco Central y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella. Además de textos y artículos económicos, publicó Historia del petróleo en Argentina (ensayo, 2006) y Tu querida presencia (novela, 2012). En 2011 editó Amorcito Corazón, un disco de canciones compuestas junto con Gabriela Portantiero. Tiene dos hijos: Dante, pronto a recibirse de ingeniero industrial, y Eva, alumna del colegio Nacional de Buenos Aires y jugadora de fútbol en la primera división de Excursionistas.