Una mirada sobre uno de los sectores de la economía con más rápida expansión y la palabra de Enrique Avogadro, Subsecretario de Economía Creativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

Mientras que en los claustros universitarios aún se discute  la pertinencia del concepto de industria cultural, un nuevo término ha empezado a surgir y a tomar cada vez más fuerza en informes de coyuntura económica, papers y estudios urbanos: la  economía creativa.

Si bien para los expertos no es una novedad, el uso masivo de la idea para referirse a  la producción de bienes y consumos culturales no tiene más de una década y su definición precisa genera las controversias esperables para un término que, en definitiva, sugiere una aproximación económica al ámbito cultural.

En 2014 la UNESCO publicó la primera versión en español de su informe sobre la Economía Creativa, donde reconoce que esta “representa uno de los sectores de la economía con más rápida expansión” y destaca el “rol de la creatividad y de la cultura como motores de un desarrollo sostenible e inclusivo”.

El BID, en tanto, ha publicado “La economía naranja, una oportunidad infinita”, un original manual sobre la temática, con definiciones, discusiones y gran cantidad de datos precisos sobre el fenómeno.

En el informe, el BID establece que “el 6,1% de la economía mundial depende de creaciones intelectuales”, y explica que si esa cifra se traslada a un país conformaría “la cuarta economía más grande del mundo”.

Enrique Avogadro, Subsecretario de Economía Creativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, define a la economía creativa como “un modelo económico basado en la creatividad y el valor intelectual de las personas.”  “En ese sentido, agrega,   incluye a todas las actividades que asociamos naturalmente con el talento creativo – música, diseño, moda, sector audiovisual, industria editorial, entre muchas otras-, y también a  las nuevas tecnologías, los emprendimientos innovadores y la ciencia aplicada a mejorar la vida de las personas”.

Bajo esa lógica, muchos gobierno locales, con las ciudades como protagonistas, están promoviendo al sector “naranja” como puntal para el desarrollo de modelos económicos alternativos basados en el conocimiento y la creatividad.

Ese protagonismo de las ciudades, donde se estima que en una década va a vivir el 70% de la población mundial, se relaciona con la impronta fuertemente urbana que posee la economía creativa, ya que es en éstas donde se concentran emprendedores, creativos e innovadores, que a su vez tienden a agruparse en redes de trabajo y colaboración cuyos alcances los trascienden y se desparraman en el resto del entorno urbano.

“Además, explica Avogadro, como consecuencia de la concentración de población, hay una realidad concreta que es la falta de espacio físico en las ciudades para albergar grandes conglomerados industriales -como ocurría en el pasado-, por lo que empiezan a ganar cada vez más relevancia las así llamadas ‘industrias sin chimeneas´, que son justamente todas aquellas que conforman el conjunto de la economía creativa”.

En Buenos Aires, ciudad a la que el Subsecretario caracteriza como “creativa por naturaleza, en la que constantemente surgen ideas e iniciativas exitosas que se plantean como respuesta a muchos de los problemas cotidianos”, los números de la economía creativa son más que auspiciosos e indican que actualmente 1 de cada 10 empleos depende de un sector que en conjunto ya representa el 10% de la economía de la Ciudad, obviamente, en un contexto que, según datos de la Unesco, ubica a Argentina como líder de la región en la industria editorial y cinematográfica.

Junto a esas dos ramas  fuertemente establecidas, la mayor parte de las industrias creativas en nuestro país poseen una dinámica con fuerte presencia de sectores emergentes,  “pensemos en la música, señala Avogadro, que es una industria en la que la dialéctica entre los artistas consagrados y los emergentes forma parte del espíritu mismo del sector y genera, de hecho, que haya una dinámica de transformación permanente, de innovación, de adaptación a los cambios y búsqueda de nuevos formatos y formas de hacer las cosas. Lo mismo se puede decir de la industria de la moda, por ejemplo, o de muchas otras en las que conviven un sector muy establecido y con una identidad muy marcada con otro emergente igualmente fuerte y determinante para el sector”.

Y aunque creatividad y talento son dos conceptos íntimamente ligados a este fenómeno los expertos aseguran que el sector naranja es profundamente democrático e igualador. “Todos tenemos la capacidad y la oportunidad de ser creativos; no es un atributo exclusivo de una “elite”, y mucho menos con una “elite creadora”, sino que tiene que ver con explorar las posibilidades creativas de cada uno en todos los niveles en los que sea posible, y esto a su vez tiene que ver tanto con el desarrollo personal como con generar oportunidades de trabajo y mejorar la vida de todas las personas”, dice Avogadro.

En la Ciudad de Buenos Aires, la tarea de promoción del sector desde el Estado local tiene a los distritos creativos como una de las principales líneas de trabajo. Estos enclaves, responden a un modelo que se ha mostrado exitoso en diversas ciudades del mundo y que combina políticas territoriales para el desarrollo de zonas postergadas -en el caso de Buenos Aires, los barrios del sur-, con la promoción, mediante incentivos fiscales y económicos, para la radicación de empresas de sectores específicos de la economía creativa.

“Hoy tenemos cuatro Distritos: De las artes en La Boca, Tecnológico en Parque Patricios, Audiovisual en Palermo, Chacarita y Colegiales, y de Diseño en Barracas, enumera Avogadro, y en cada uno hemos visto y vemos constantemente grandes cambios y repercusiones”.

“Además trabajamos en varios frentes al mismo tiempo porque creemos que el trabajo más efectivo siempre es el que se hace en forma transversal, y es por eso que tenemos para cada sector iniciativas tales como programas de capacitación en gestión de negocios creativos, seminarios de apoyo, incubación y financiamiento de proyectos en desarrollo y organización de eventos de relacionamiento apuntados a consolidar el ecosistema creativo y emprendedor”.

Academia Emprende, un programa de capacitación para emprendedores que tuvo excelentes repercusión y más de 10.000 alumnos en su primer año de vida, y el plan de co-inversión, que junto con aceleradoras e inversoras financia proyectos de alto impacto tecnológico y social, son las iniciativas más prometedoras en términos de promoción local para un sector que apoyado en  la revolución digital está llamado a liderar la economía de las  grandes ciudades en la próxima década.