El pasado miércoles 26 de septiembre, en el Patio de Presidencia de la Universidad Nacional de La Plata se realizó la presentación de “La guerra de los 100 años”, obra del periodista y escritor Oscar Muiño, que recopila la historia de la Federación Universitaria Argentina (FUA) desde su creación y hasta el presente.

Más de 800 páginas, distribuidas en 15 capítulos, con entrevistas inéditas a Julio Bárbaro, Domingo Cavallo, Enrique Nosiglia, Gerardo Morales, Luis Alberto Romero, Federico Storani, Hugo Varsky, entre otros protagonistas de las distintas etapas de construcción de la FUA, configuran a la obra como uno de los documentos históricos más completos que se hayan realizado hasta ahora sobre el movimiento estudiantil argentino.

Para conocer algunos detalles más de este trabajo, que llegará en octubre a las librerías, Palabrasdialogó con el autor.

¿Cómo surge el proyecto de realizar esta obra y cuál fue el principal foco para ordenar la indagación histórica?

La obra empezó de una manera y terminó de otra, ya que la idea inicial era realizar una historia por los 50 años de la creación de Franja Morada, dando cuenta de los cambios que se dieron en el movimiento estudiantil en esa etapa.

Lo cierto es que cuando comencé a estructurar la idea entendí que para dar cuenta de ese proceso de los años 67-68 era importante entender la universidad reformista de la etapa 58-66, esa que todos evocan como la más gloriosa de la historia de la reforma. Entonces, luego de un par de idas y vueltas, frente a la alternativa de comenzar el libro en el golpe 43 decidí recorrer un tramo más y comenzar en el 18, cuando empieza realmente a conformarse el movimiento estudiantil.

En ese extenso período el libro intenta trazar una historia del movimiento estudiantil -un principio de historia porque una completa es imposible como diría Borges- bastante federal, con las voces de todas las organizaciones relevantes, y siempre poniendo foco en la relación entre el movimiento estudiantil y el poder, o la gran política.

¿Por qué la guerra de los 100 años como figura para dar cuenta de esta historia?

Porque el conflicto, ese que comenzó en el 18, continúa hasta hoy, y creo que nunca terminará, porque la política, y el movimiento estudiantil como parte de ella, finalmente no terminan, y siempre tienen una relación conflictiva, o más benevolente, o más compleja con el Estado.

No olvidemos que la reforma Universitaria la comienzan unas pocas personas, que la pueden llevar a la práctica porque Yrigoyen decide intervenir la universidad. Allí comienza el movimiento, que a los pocos años empieza a decaer, la FUA medio que se diluye, y los estudiantes, que habían sido tan solícitos con Yrigoyen, terminan siendo parte fundamental de su desestabilización.

Esa ambigüedad en la relación entre el movimiento estudiantil y la política va a ser una constante: se puede ver en el 43, con un golpe que todo el movimiento estudiantil apoya, pero que a poco de andar se produce un nuevo enfrentamiento que se va a prolongar hasta el 55, o más adelante, cuando votan masivamente a Frondizi y luego lo repudian también masivamente.

¿Y por qué a la hora de caracterizar estos 100 años de guerra escogiste las ideas de Revolución, Martirio y Resurrección?

Revoluciónporque siempre en el movimiento estudiantil anida la idea de favorecer a los más débiles, lo que lo convierte en uno de los más generosos de todos los estamentos, porque mientras todas las demás organizaciones defienden intereses materiales muy concretos el movimiento estudiantil, en general, defiende sus sueños, que son sueños centralmente para las mayorías más desposeídas de la sociedad. Mayorías que no son precisamente de donde provienen en general sus miembros, por esto también el movimiento estudiantil es mucho más generoso que el resto.

El Martirio claramente está planteado en términos de lo que sucede en la dictadura militar, donde el número de estudiantes asesinados es altísimo, el más alto en relación a cualquier otro grupo en la Argentina.

Y, finalmente, en términos de Resurrecciónpienso la etapa que se abre con Alfonsín cuando se da una fuerte institucionalización del movimiento, que por un lado debilita la idea de cambiar todo, pero donde también se da un proceso por el que después de mucho tiempo todas las organizaciones políticas relevantes están en los centros de estudiantes, en las federaciones regionales y en la FUA, y más allá de los conflictos, de las peleas, se comienzan a encontrar mecanismos de convivencia, al punto de que hoy no existe ningún sector estudiantil que esté planteando irse de la FUA, o de los centros de estudiantes, al revés, la pelea es por ver quién los controla.

¿Y en ese devenir además de la terrible etapa de la última dictadura cuáles fueron los grandes momentos de quiebre?

Creo que el golpe de Onganía que rompe toda idea de institucionalidad, que implica la muerte del humanismo y el reformismo, y el surgimiento de  las nuevas corrientes en el peronismo, el radicalismo y la izquierda es central, porque a partir de allí se van a suscitar, por primera vez, discusiones sobre la lucha armada, un debate sobre si los centros de estudiantes debían o no ser reemplazados por cuerpos de delegados; y hasta voces que van a plantear que la actividad estudiantil es secundaria, que se debe combatir por la vuelta de Perón, con una crítica a lo que era la “isla democrática”.

Es un debate de principios extraordinario, donde hay ideas distintas sobre si es la paz o es la guerra, y donde los que quieren la guerra van a comenzar a ir al movimiento estudiantil solo para reclutar cuadros para eso.

Todo un debate que se salda de manera brutal con la victoria de la dictadura del 76, y el fracaso material de la lucha armada, que, finalmente, también deja de ser un valor teórico, por eso la democracia del 83, la etapa de la resurrección, admite, desde el vamos, solo la vía pacífica. Fue tan brutal el martirio, que se da una revalorización de la democracia y la convivencia que desde el 83 hasta hoy rigen como eje central.

¿Y qué pasó en ese pasaje con aquel compromiso con las mayorías más desposeídas?

Creo que aquí el problema es el empobrecimiento de la sociedad, un problema que trasciende a la universidad, que es estructural, y donde, con sus más y con sus menos, el movimiento estudiantil sigue dando la pelea. Obviamente, sí creo que es toda una novedad que por primera vez estamos frente a un gobierno conformado por personas que en su gran mayoría provienen de escuelas pagas y universidades privadas, algo que a la luz de los resultados no parece ser mucho mejor.

¿Antes de analizar el presente y meternos con esa última reflexión, qué crees que pasó con la universidad durante el kirchnerismo?

El kirchnerismo nunca tuvo claro qué hacer con la universidad. Tenía una vocación muy hegemónica, de quedarse con la universidad, y de hecho aumentó muchísimo los fondos y la cantidad de investigadores, que es algo favorable, pero no pudo separar eso de su intento de acumulación política. Entonces no sabía si pelear la FUA o si romperla, y de hecho primero la peleó, y cuando perdió la rompió, pero luego todo se recompuso, con lo que se generó un aprendizaje. Hoy me parece que es un buen dato que la gente de La Cámpora que se había ido de la FUA haya vuelto

¿Ahora bien, volviendo al presente, qué crees va a pasar con la FUA, y con los sectores de Franja Morada, especialmente, si el gobierno nacional avanza aun con más recortes en el área?

Yo creo que ese momento se va a atravesar de manera similar a como se atravesó el gobierno de la Alianza, donde se acompañó al llegar, pero cuando comenzaron con los recortes se pararon decididamente en la vereda de enfrente, porque entiendo que una de las razones del éxito y la pervivencia de la Franja Morada y la FUA en el movimiento estudiantil es que hay un momento donde no conceden.

De hecho, el año pasado, cuando al armar el sumario del libro y organizarlo en etapas tuve que pensar cómo evaluar esta etapa decidí llamar a ese capítulo Sobreviviendo a Mauricio, creo que fue correcto, porque la duda es qué hacemos con este hombre que ayudamos a llegar, pero que no nos gusta como piensa, entre muchas otras cosas que creo aún están dentro del cubilete.

¿Implica esto un retroceso en torno a los debates que debería estar planteándose hoy la Universidad?

Yo creo que en todos estos temas no hay victoria final, que solo hay victorias parciales, y, afortunadamente, también derrotas parciales, por eso, en definitiva, hablo de la guerra de los 100 años, y entiendo, como planteo hacia el final del libro: “la lucha continúa”, porque como te decía antes mientras Los sindicatos, las empresas, los financistas, los profesionales, defienden sus intereses, su salario, la renta. Los estudiantes suelen luchar por sus sueños. Y esos sueños casi siempre imaginan la idea de una sociedad más justa. Ese debe ser el compromiso para siempre del movimiento estudiantil.