Ciudad Universitaria, el Hospital de Clínicas, la Facultad de Derecho, la Manzana de las Luces, son solo algunos de los edificios emblemáticos que cristalizan parte de la historia arquitectónica de la Universidad de Buenos Aires, pero también de su relación con la ciudad que la alberga.

La reconstrucción de ese itinerario institucional para la presentación de una historia arquitectónica y urbana de la UBA, describiendo sus diversas unidades académicas y administrativas en sus sucesivos emplazamientos urbanos es el eje de Historia urbana y arquitectónica de la Universidad de Buenos Aires, una obra recientemente lanzada por Eudeba.

Resultado de una investigación de más de cuatro años realizada por los destacados arquitectos y urbanistas Mario Sabugo, Horacio Caride Bartrons, Daniel Schávelzon, Daniela Natalia Fernández, Juan José Gutiérrez y Gabriel Sazbón. la obra, que da cuenta de los aspectos específicamente arquitectónicos de los edificios universitarios en términos utilitarios, tecnológicos, estéticos y simbólicos forma parte del Programa de Historia y Memoria de la Universidad de Buenos Aires,  un espacio de reflexión de la comunidad universitaria en torno a la trayectoria de la Institución, su presente y su futuro, creado en el año 2011, que se propone generar estudios sistemáticos sobre su trascendencia en la vida intelectual, científica, social y política de la Argentina, de cara a los 200 años que cumplirá la UBA en 2021.

Para conocer algunos detalles más de esta obra, que da cuenta por primera vez de manera sistemática y profunda de un aspecto esencial pero inexplorado de la historia de la principal universidad de la Argentina, Palabrasdialogó con el Arquitecto Mario Sabugo, director de la investigación,docente de la carrera de Arquitectura de la UBA y Director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas Mario J. Buschiazzo. 

¿Cómo nace el proyecto de investigación que da origen a este libro?

Historia urbana y arquitectónica de la Universidad de Buenos Aires es el resultado de un proyecto de investigación que comenzó en el año 2014, que se inscribe dentro de una línea especial de proyectos denominados Historia y Memoria de la UBA, que promueve la Secretaría Académica, con el objetivo de tener en 2021, cuando se cumplirán los 200 años de la fundación de la Universidad, una colección importante de publicaciones dando cuenta de esa historia.

Sobre esa base, en nuestro caso trabajamos en la construcción de una historia urbana, que es la de los lugares en qué se instaló la Universidad, y una historia arquitectónica, que es la de los edificios que la fueron alojando, aunque también tuvimos que reconstruir parte de la historia institucional, que es la que le da soporte a nuestro objeto, porque cuando comenzamos a investigar encontramos que no había una historia institucional completa de estos 200 años, y solo teníamos como aproximación una obra que realizó Tulio Halperín Donghi, pero que solo llega hasta el año 62.

¿Y en ese reconstruir qué etapas fueron delineando?

En términos urbanístico y arquitectónicos la historia de la UBA comprende unas 6 o 7 etapas, desde sus orígenes en La Manzana de las Luces, que es la cuna; luego todo el gran paquete de Medicina, Económicas, etc. que está alrededor de la Plaza Houssay, donde también estaba el antiguo Hospital de Clínicas, y ahora está el nuevo.

A eso le sigue todo el desarrollo de Agronomía y Veterinaria, que es muy importante, en todo el noroeste de la Ciudad; luego el gran proyecto inconcluso de Ciudad Universitaria, para llegar a la política de las últimas épocas, centrada en el reciclaje de edificios industriales desactivados, como es el caso de Puán, por ejemplo.

¿Hay un denominador común o un modelo en ese desarrollo histórico?

En principio no, y justamente, hacia adelante sería interesante desarrollarlo. Lo cierto es que hay un núcleo problemático, muy difícil de resolver, y que trasciende a nuestro objeto, en torno a si la Universidad es una institución, o una federación de facultades.

Sobre ese problema institucional no resuelto, ya en términos de su arquitectura, da la impresión, sobre todo en los últimos años, que la universidad no ha tenido políticas propias, que se ha entregado a los arquitectos, con excepciones como las dos últimas facultades de Derecho, la gótica y la neoclásica, donde la Facultad sí exigió a los arquitectos ese tipo de edificios.

También es cierto que la Universidad no tiene fondos propios para esas cosas, por eso antes que un plan de desarrollo suele tener planes parciales. Por ejemplo, hace unas semanas, el Rector y el Jefe de Gobierno de la Ciudad firmaron un acuerdo para vincular el desarrollo del Parque de la Innovación, allí donde estaba el Tiro Federal, con la Ciudad Universitaria, y construir un nuevo pabellón para el rectorado y trasladar algunas dependencias, como la secretaría de Ciencia y Técnica; y en la misma línea hace dos años hubo un anuncio de desactivación del Hospital de Clínicas y la construcción de uno nuevo, de diferente categoría, en la manzana que está libre en Uriburu, Paraguay y Marcelo T de Alvear. De todas maneras, reitero: la Universidad no tiene fondos propios para esas cosas, y siempre está dependiendo de la benevolencia circunstancial de cada gobierno.

Recién hablabas de Ciudad Universitaria de este proyecto de vinculación y traspaso del rectorado, pero volviendo al origen ¿qué nos podés decir cómo se vincula la idea de creación de ese polo con la tradición urbanística que la UBA ha tenido desde sus orígenes?

Por un lado, desde su origen en la Manzana de las Luces, o cuando hace la primera Facultad de Derecho en la calle Moreno, donde ahora está el Museo Etnográfico, y en la mayor parte de sus operaciones urbanas, la UBA nunca se pensó en un recinto ajeno a la ciudad.

Por otro lado, también es cierto que el modelo de Ciudad Universitaria, es un proyecto sobre el que se venía debatiendo por lo menos 40 años antes de su concreción, tal vez porque comporta algo ambiguo, al punto de que algunos consideran que es un proyecto revolucionario y otros que es reaccionario.

Halperín Donghi, por ejemplo, afirma que la Ciudad Universitaria es buena, porque conectar las facultades en un mismo sitio ayudaría a recomponer la unidad perdida de las disciplinas y las carreras. Como que el médico y el abogado van a empezar a pensar juntos por estar cerca, lo que es un poco ingenuo francamente.

Pero realmente, Ciudad Universitaria es un tema aparte porque implica la salida del    modelo universitario clásico europeo, el italiano, el francés, donde la universidad es parte de la ciudad, y está metida en medio de ella, en función de un modelo anglosajón donde la universidad es una comunidad separada, donde se preparan las elites, y donde los estudiantes van a vivir.

Finalmente, la nuestra como mucho es un campus, pero no una ciudad completa. Igualmente, el proyecto que comenzó con mucha fuerza para resolver el viejo problema de la facultad de Ciencias exactas, a fines de la década del 60 ya había perdido todo su impulso, y hoy la opinión general en urbanismo es que es un modelo muy inconveniente, por una cuestión hasta de saturación del lugar, algo que ya pasa con dos o tres facultades, y trae problemas de todo tipo: de estacionamiento, de transporte público, de seguridad etc.

¿En algún punto entonces parece que esta historia habla también de una yuxtaposición de ideas, debates y modelos?

En términos arquitectónicos tenés todas las instancias yuxtapuestas, con casos emblemáticos como el del rectorado de la calle Viamonte, que es un edificio totalmente obsoleto, que todos los últimos rectores se han planteado rehacer de cero o conseguir uno nuevo, pero no se ha podido hacer.

Por otra parte, en las últimas décadas las velocidades de crecimiento de las carreras comenzaron a ser muy distintas: las carreras humanísticas crecieron muchísimo, y otras como ingeniería se redujeron también muchísimo, generando un desbalance entre los edificios y las poblaciones que no se puede resolver tan rápidamente.

Finalmente, si bien es un problema que supera un poco los límites de nuestro estudio, también tenemos que tener en cuenta que en los últimos años la UBA paso de ser excluyente en el área Metropolitana, a tener un conjunto de interlocutores muy diferente, como son las nuevas universidades del Conurbano, un área donde la UBA también ha abierto sedes académicas, entonces ahí hay un cambio de modelo que también debe ser gravitante y pensado.