Economía solidaria, creativa, social, del bien común, cosmovisión del buen vivir, procesos p2p. Distintos enfoques para una búsqueda común: un cambio de paradigma que modifique los parámetros actuales de la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios incorporando, además de la variable financiera, variables culturales, ambientales y sociales a la economía.

Bajo estos principios, y con la “red” como comunidad, modelo y lógica de organización, las experiencias concretas de prácticas económicas colaborativas han crecido exponencialmente durante los últimos años.

En nuestro país, la ciudad de Chascomús es sede de dos instituciones pioneras en la materia, “La Usina”, que propone el desarrollo cultural en esa ciudad y en la región del Salado, “desde una mirada ‘glocal”, con foco en el desarrollo de proyectos de artes escénicas, plásticas, diseño y comunicación social; y “Akapacha” un espacio holístico, integral, pensado para vivenciar “formas alternativas de hacer, pensar y sentir”, que cuenta con eco cabañas, energías alternativas,  huerta orgánica, jardín comestible, un almacén orgánico de barro y un restaurant;  y al que se puede acceder como voluntario, turista o asistiendo a los talleres de cocina, bioarquitectura, autoconocimiento y huerta que allí se dictan.

A partir del sistema “real” de economía colaborativa que configuran esas dos organizaciones, la Cátedra Wolkowicz de Diseño Gráfico de Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA  viene desarrollando ya hace dos años “convivencias de economía colaborativa”, que con foco en un proceso de formación libre, proponen a los alumnos una puerta de ingreso diferente al ejercicio profesional, marcado por lo colectivo y complementario en el mundo del diseño.

La experiencia fundacional de este proyecto surgió en 2013, cuando desde “La Usina” abordaron la campaña de comunicación del  “Festival Internacional de Teatro y Títeres de la Ciudad de Chascomús”, como una campaña de diseño social, sumando actores para resolver qué y cómo comunicar.

“Los recursos se multiplicaron, porque entonces ya no éramos un diseñador y una comunicadora, sino muchos comunicadores y diseñadores y fotógrafos y periodistas y alumnos de escuelas primarias, secundarias y terciarias, trabajando y activando una inteligencia colectiva”, recuerda Fernando Jeger, diseñador gráfico, jefe de trabajos prácticos de la Cátedra, e integrante de “La Usina”.

Actualmente, las “convivencias” como prácticas sistemáticas implican para los futuros diseñadores la posibilidad de viajar,  conocer estos espacios e interactuar con un equipo docente interdisciplinario de economistas, permacultores, comunicadores, diseñadores,  y artistas que les proponen espacios teóricos sobre economía colaborativa, experimentación con cocina natural, construcción en barro, teatro, clown y dinámicas grupales. Como contrapartida, los alumnos ofrecen el diseño de diferentes productos: libros temáticos relacionados con la cocina, la construcción natural, el diseño y la producción orgánica, folletería para el restaurant, sistemas de señalética y materiales audiovisuales de difusión.

“El intercambio que se da durante las convivencias permite entender que un contenido específico puede partir de un proceso complejo y rico como éste”, señala Soledad Giannetti, licenciada en periodismo y miembro del equipo de La Usina. “Además, el cruce de un modelo formal y uno no formal de educación superior con continuidad en el tiempo implica, por parte de ambos espacios, una apuesta fuerte para instalar nuevos modelos desde los que mirar la realidad”.

Para Nanne Lotzkat, licenciada en Economía de la Universidad de Frankfurt, radicada en Chascomús hace más de 20 años “El feedback  de los alumnos es impresionante”,  y vincular y articular dos espacios de formación con reglas de juego muy distintas es todo un desafío.

“Por un lado tenemos un modelo  de competencia y por otro uno de colaboración; uno donde las calificaciones determinan el rendimiento del alumno y otro donde no hay calificaciones, donde el error no es excluyente sino que es parte del aprendizaje y una oportunidad para la innovación. Si bien no suponemos que uno es mejor que otro, sino que son contextos muy distintos, construir puentes, donde haya un flujo de intercambio de recursos, tomando lo mejor de uno y otro, es una experiencia que nos gusta transitar”, señala.

“Abriendo el código, mostrando las costuras, poniendo nuestros recursos a disposición vemos que los alumnos logran empoderarse del espacio sintiendo la libertad necesaria para el hacer, sintetiza Jeger, uno no puede saber todo, pero todos sabemos algo y si eso lo compartimos ganamos todos. Invertimos muchas energías para intentar que esto suceda en cada convivencia. Los grupos son siempre distintos y por lo tanto las experiencias también, todas son una excusa para encontrarnos, intercambiar conocimientos, modificar prácticas, probar, equivocarse, arriesgar y aprender”.

Para contactarse con Akapacha y La Usina se puede enviar un mail a las siguientes direcciones: lausinacultura@gmail.com y akapachachascomus@gmail.com