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Martín Bauer es compositor y uno de los gestores culturales más reconocidos de nuestro país. Con una trayectoria amplia que incluye la gestión de los ciclos Colón Contemporáneo y de música contemporánea del Complejo Teatral de Buenos Aires, este año asumió como director del Teatro Argentino de La Plata, en el que ya había dirigido el TACEC, su centro de experimentación.

En un contexto marcado por una grave crisis edilicia, producto de 17 años de falta de mantenimiento, que motivó la  puesta en marcha de un ambicioso plan de obras para su puesta en valor, el Argentino tuvo este 2016, bajo la gestión de Bauer, un gran año, con una programación que incluyó la presentación de óperas clásicas y contemporáneas, grandes conciertos, y la reconstrucción de su ballet estable, entre otros hitos.

Para conocer en profundidad la tarea realizada, y parte de las apuestas 2017 Palabras dialogó con Martín Bauer director del imponente coliseo platense.

Contanos cuál era tu idea rectora al asumir frente a la dirección del Teatro Argentino de La Plata   

Cuando asumí como director del Teatro Argentino contaba con una idea bastante clara de su dinámica,  por mi experiencia frente al TACEC, su centro de experimentación, que dirigí entre 2009 y 2013. Igualmente, al iniciar esta gestión encontré que el Teatro estaba mucho más ordenado desde el punto de vista gremial, con menos conflicto que en aquel momento, pero que tenía muy poco rigor artístico.Frente a eso, mi idea inicial fue tratar de generar una atmósfera de concentración, que me permitiese tener un diálogo donde lo artístico vuelva a ser prioridad para el teatro.

¿Y cuál era la situación estructural del coliseo?

Ediliciamente el Teatro estaba en muy mal estado, con falta de mantenimiento, filtraciones, máquinas obsoletas, etc. Además, en lo personal, me chocaron muchísimo las rejas que lo rodean, que me parecieron una cosa muy agresiva y violenta, y no sabía que estaban.

Frente a ese panorama imagino que tuviste que modificar bastante tus planes

Mis planes iniciales no los tuve que modificar, o no del todo, porque tampoco tuve mucho tiempo para tenerlos, entre que me invitaron a dirigir el teatro y asumí, no pasaron más de dos semanas, así que tuvimos que armar un programa artístico muy rápido, y felizmente pudimos plasmarlo en la temporada de este año.

En ópera, específicamente, tomamos la decisión de hacer dos obras contemporáneas: De Materie, y Written On Skin. Además, pudimos estrenar La Bohème con régie de Mario Pontiggia,  que estaba programada para la temporada anterior, y no se había podido hacer, y Cosi Fan Tutte. También tuvimos un interesantísimo programa de conciertos, y de ballet, que estaba prácticamente diezmado, y tuvimos que plantearnos un programa desde cero cuando asumió la nueva directora Maricel Dimitri.

Dentro de este amplio panorama cuáles consideras son los hitos que marcan el rumbo del argentino hacia 2017

Creo que 2016 tuvo varios hitos, sin duda el estreno de las dos obras contemporáneas que antes mencioné: la presentación de Heiner Goebbels como director de escena  con De Materie, de Louis Andriessen; y  la presentación de la ópera de George Benjamin  Written On Skin, que para mí fue sumamente importante; también hubo momentos memorables en los conciertos, y, finalmente, la reapertura del TACEC, que desde 2013, cuando yo me fui, no había tenido actividad.

Siendo una figura íntimamente ligada a lo experimental ¿cuál es tu balance personal en torno al desafío que implica la dirección de un teatro abocado a un repertorio clásico?

Es cierto que mi actividad está ligada sobre todo a lo experimental y a la música nueva, pero tengo una formación clásica, fui alumno del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón en la década del 80, y conozco el repertorio clásico absolutamente bien, por lo que no me resultó difícil la tarea.

Por otra parte, yo no hago una diferenciación entre lo nuevo y lo de repertorio, para mí hay una continuidad; y frente a eso, lo que siempre intento es imprimir una visión diferente o una singularidad a cada obra. En esa línea, por ejemplo, creo que este año, cuando presentamos Così Fan Tutte, de Mozart, que es un clásico absoluto, logramos singularizarlo a través de la puesta de Rubén Szuchmacher.

 ¿Cuáles son tus expectativas para el próximo año?

Espero que en 2017 podamos hacer una temporada en un clima de trabajo concentrado y de respeto, que muchas veces en contextos tan complejos como los que atraviesa el país es algo difícil,  pero tengo la expectativa de que lo logremos, y que los espectáculos tengan la calidad que el público se merece.

Además, estoy particularmente entusiasmado con el estreno de El Gran Macabro de György Ligeti, que es una ópera que se intentó hacer en el Colón, y finalmente se presentó con una versión a medias, solo con piano y percusión. Nosotros la vamos a presentar con la orquesta entera, algo para lo que estamos trabajando muchísimo, y que sinceramente espero que funcione.