bauman

El pasado 9 de enero, a los 91 años falleció Zygmunt Bauman, sin duda, uno de los pensadores contemporáneos más lúcidos y controvertidos, que acuñó conceptos indispensables para comprender nuestro tiempo y el porvenir.

Para indagar en las características de su pensamiento, Palabras dialogó con Maxi Bongiovanni, Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Austral, Magister en Comunicación Institucional, profesor e investigador en la Universidad Nacional de La Matanza, y en la Universidad del Salvador, y “un lector atento” del gran humanista polaco.

¿Quién fue Zygmunt Bauman?

Bauman es primeramente un sociólogo. Así, en su primera etapa de trabajo, se dedicó como tal a entender la sociedad. De esa instancia, creo surgen tres libros fundamentales, tal vez los más crípticos y académicos, pero en los que de alguna manera reside toda su obra: Modernidad Líquida, En busca de la política y La sociedad sitiada. Tres obras que son los pilares de todo su pensamiento.

Después de la publicación de Modernidad Líquida, donde fundamenta y argumenta a lo largo de 300 páginas, de que se trata ese concepto, comienzan a aparecer una serie de textos donde desglosa la obra: vida líquida, amor líquido, cultura líquida, y todas esas cuestiones líquidas, por lo que muchos dicen que abundó demasiado en el concepto, pero que, en definitiva, son los textos que llegaron al gran público.

Sobre este punto me parece que la academia se pone siempre celosa con aquellos que llegan al gran público, criticando a quienes se hacen populares, más allá de su pensamiento, centrándose en esos rasgos que justamente los hacen populares.

Yo creo que con su pensamiento, Bauman logró realizar un excelente retrato de esta época. Cuando uno lee sus textos, encuentra que un polaco, que vive en Leeds, que tuvo que salir perseguido de su país natal, que pasó por Rusia y terminó escribiendo en inglés en Inglaterra, está contándote lo que ves por tu ventana. Cuenta las cosas de una manera tan sencilla, tan amena, y tan universal que te hace ver la realidad de otra forma. Me parece que es un gran fotógrafo de la época que nos tocó vivir.

Sobre ese concepto nodal de modernidad líquida, ¿qué nos podes decir en una breve aproximación?

El concepto de lo líquido me parece que representa bastante bien lo que estamos viviendo. Para entenderlo, Bauman hace un ejercicio interesante: luego de plantear que la modernidad llegó a su punto más alto, y que a partir de ahí se volvió líquida, que todo lo que creíamos que era sólido cambió de propiedad, ilustra esa modernidad líquida, contraponiendo dos paradigmas. Así se pregunta: ¿cuál es el paradigma de lo sólido? El acero, el ferrocarril, el petróleo, Rockefeller, etc. Empieza a nombrar todas las industrias relacionadas con el acero, y luego nos invita a hacer lo mismo con nuestro tiempo.

¿Y cuál es el paradigma de esta época? El software, por supuesto, ¿y quién es el Rockefeller? Bill Gates, y ¿qué hizo Bill Gates? Nada. Su industria está en un disco, no es nada, es líquido, se evapora.

Bauman señala a través de ese concepto que aquello que era sólido, que tenía una constancia real, casi física en la modernidad, pasó a tener otra propiedad. ¿Dónde están tus documentos? En la nube, y ¿qué es la nube? Vaya uno a saber.

Por otra parte empieza a trabajar sobre qué pasó con las certezas que teníamos durante la modernidad, y encuentra que hoy están todas puestas en discusión: ¿Los partidos políticos? No hay más: Trump, Macri, y miles de ejemplos más. ¿El dinero? El dinero era físico, hoy estamos hablando de bticoins. ¿La idea de comunidad?, hoy nos encerramos nosotros mismo en los countries y los barrios cerrados, lo que él denomina guetos voluntarios – antes al distinto se lo enviaba al gueto, ahora nosotros nos vamos al gueto por los distintos- y todo esto lo resume en la idea de la modernidad líquida.

¿Y a partir de esa caracterización cuáles eran sus preocupaciones principales?

Estaba muy preocupado por qué le pasa al hombre con todos estos cambios. Tiene un montón de libros, que no son tan conocidos, donde trabaja sobre qué pasa con la comunidad, la identidad, la cultura, preocupaciones que tienen que ver profundamente con el ser humano.

¿Qué pasa con la identidad cuando es lo mismo estar en New York o en Buenos Aires?, ¿Qué pasa con la comunidad cuando nos refugiamos y nos da miedo el distinto? ¿Qué pasa con los movimientos sociales cuando yo reclamo por mi quintita? Todo esto hace a esa vida líquida.

Sobre ese punto se interroga, entre otros fenómenos, por esas manifestaciones que se dieron en nuestro país, sobre todo en 2002, por el corralito. Plantea que en esas manifestaciones, donde había mucha gente, cada uno iba a reclamar por lo propio, y conforme lo propio se fue resolviendo, el movimiento social se diluyó. Entonces, concluye, no hubo movimiento social, hubo un movimiento personal, individual, donde todas las individualidades coincidieron en un momento y en un tiempo, pero no había un sentido de comunidad.

Por otra parte ¿quién las convocaba? ¿Quién era el líder? No lo había. Esa es una de las características de lo líquido, se expande por donde la superficie le permite

En el libro En busca de la política, él reflexiona, justamente, sobre cómo hacemos para recuperar la idea de política, de lo público, de lo que nos involucra a todos. Bauman estaba muy preocupado por recuperar lo colectivo frente al reino de lo individual, por eso frente a quienes lo caracterizan como sociólogo, filósofo, etc.  creo que lo que definía a Bauman es que era que era un humanista, estaba preocupado por qué le pasaba al hombre con todos estos cambios, qué pasaba con el sentido de humanidad en esta época sin certezas.

Junto a su aporte teórico, fue un gran polemista, y un severo crítico de políticas y medidas gubernamentales. 

En términos personales creo que ahí Bauman toma el rol del intelectual moderno, aquel que ve un problema y utiliza todos sus instrumentos para denunciarlo. Es como una recuperación de la función más original del intelectual.

Así, frente a la crisis de los refugiados se plantaba y decía: le tenemos miedo al otro. Y era una personalidad lo suficientemente intachable para poder decirlo. Fue un refugiado, vivió en el exilio, lo escuchabas hablar inglés, y era un polaco hablando inglés; la vida lo colocó en un lugar desde el que podía decir esas cosas políticamente incorrectas, que, sin embargo, no son las posiciones que más se rescatan, ya que en general tienen más eco sus impugnaciones a las redes sociales, ideas como las redes sociales son una trampa, por ejemplo, etc.

¿Cuál crees a la hora de hacer un rápido balance que fue su más importante legado?

Estoy seguro que no se puede pensar esta época, y lo que viene, sin pasar por la caracterización de la modernidad líquida, eso es un antes y un después, un concepto que superó la idea de la posmodernidad.

Creo que cuando tengamos que caracterizar la época en que vivimos, necesariamente vamos a tener que decir: hubo un tipo que se llamaba Bauman que habló de la modernidad líquida, y comenzar a explicarla, porque no se pueden pensar los problemas de la globalización, las redes, las democracias de débil intensidad, o la crisis de los partidos políticos, sin pasar, en algún momento, por su pensamiento.