El sábado 24 de febrero comenzó la liguilla del carnaval Montevideano, última instancia del tradicional Concurso Oficial de Agrupaciones, del cual surgirán, en la madrugada del 2 de marzo, las ganadoras de 2018.

24 agrupaciones repartidas en cinco categorías: Murgas, Parodistas, Revistas, Humoristas y Comparsas de negros y lubolos, serán parte de esta instancia final, y competirán por obtener el mejor puntaje en 5 rubros técnicos.

Para conocer más acerca de esta fiesta popular, Palabras dialogó con la investigadora uruguaya Milita Alfaro, una de las expertas más reconocidas y respetadas sobre temas de historia social y cultural, y centralmente sobre el carnaval montevideano.

¿Cuáles son hoy los rasgos distintivos del Carnaval de Montevideo?

El carnaval es una celebración que aquí, como en la mayoría de los países latinoamericanos llegó con la colonia, que es fruto de múltiples influencias, que tienen que ver con lo europeo, pero que después se fusionan con otras culturas y cosmovisiones, lo indígena, en algunos lugares, y la corriente afro, en el nuestro específicamente.

Así surge esta fiesta que tiene una raíz europea muy fuerte, pero fusionada con elementos propios, y que en estos 200 años ha ido evolucionando y adquiriendo características propias , dentro de las que ya desde fines del siglo19, la que creo más caracteriza al carnaval montevideano es la fuerte teatralización.

Nuestro carnaval tiene así una simbología que es un poco universal, esto de poner el mundo al revés, de convertir en protagonistas a los que habitualmente ocupan un lugar marginal en la vida cotidiana, etc. pero su componente diferencial es la teatralización. Nuestro carnaval es un gran festival de teatro, popular y callejero, que tiene además como cuestión asociada, también desde tiempos remotos, la competencia.

Entonces cuando muchas veces los uruguayos definimos nuestro carnaval por ser el más largo del mundo, estamos dejando de lado el rasgo que explica esa duración, y  que yo creo que es bastante más importante: es el más teatralizado del mundo, y como ese festival de teatro, también desde tiempos muy remotos ha estado asociado a la competencia, al hacerse esta cada vez más sofisticada, ha determinado que el carnaval dure mucho más de un mes.

Por otra parte, en esa evolución se han perdido otros componentes de la simbología carnavalesca, como el juego, el disfraz, o la participación masiva del conjunto de la sociedad, que en el carnaval montevideano tienen una presencia menor frente a lo que es su componente fundamental: una expresión teatral muy rica y con características propias, porque no es lo mismo ver una obra de teatro en el Solís, que un conjunto de carnaval en el Velódromo, o en el Teatro de Verano.

Así, aquel carnaval vívido del que habla Bajtin, entre nosotros poco a poco se fue convirtiendo en un carnaval bailado, cantado y sobre todo hablado, que pasa cada vez menos por hacer y más por decir. Nosotros vamos al tablado a ver lo que otros dicen, aquellos pocos que se suben al escenario, y ese es un proceso que viene desde hace muchísimos años, más de un siglo, y se ha ido profundizando, al punto de que ahora muchas veces lo vemos por televisión, lo cual supone mucha menos participación o vivencia real.

De todas maneras, vale aclarar, que esto comienza muy tempranamente, ya en los tablados vecinales de la década de 1890, donde solo algunos suben al escenario y la mayor parte se quedan abajo, algo que luego se irá profundizando, con medidas como apagar la luces por ejemplo, que en esos primeros tablados no se apagaban, mientras que hoy los espectáculos transcurren con las luces apagadas marcando aún más la frontera entre actores y espectadores.

Y todo este proceso que uno como investigador tiende a pensar que es manipulado desde el Estado, aun cuando algo de eso puede haber, las fuentes te demuestran que nace en los barrios, es la gente la que impulsa a partir de los tablados barriales este formato tan particular del carnaval montevideano. Luego el Estado, obviamente en base a ese esquema lo que hace es manipularlo y ponerlo a su servicio, pero en una articulación donde el fenómeno surge de abajo hacia arriba.

¿Y en esta articulación que ha pasado durante el último tiempo, cuando desde el Estado se han planteado cuestiones como la necesidad de hacer cambios en los textos por no vulnerar ciertos derechos?

 El humor es una categoría histórica, que cambia con el tiempo, las sociedades no siempre se ríen de las mismas cosas, ni admiten las mismas cosas, y por eso las cosas son risibles o no de acuerdo a pautas culturales que cambian. Esto obviamente afecta directamente al carnaval, porque lo que hoy consideramos incorrecto desde el punto de vista político fue la norma durante décadas y décadas.

Las murgas durante décadas han sido un ejemplo de la incorrección política, desplegando un humor muy machista, y homofóbico,  y el cambio de sensibilidad social respecto a estos temas claramente genera conflictos, porque hay ciertas minorías que se sienten discriminadas por esos discursos, aunque también debemos entender que existe el riesgo de que la corrección política se transforme en la censura de hoy.

¿Es posible en carnaval reírse de cualquier cosa?  ¿Es saludable que las sociedades dejen de lado normas y pautas, y durante determinado período se rían de sí mismas? ¿Hasta qué punto esto es viable si hiere la sensibilidad y los derechos de otra parte de la ciudadanía? Estos temas han generado mucho debate, y existen diferentes posturas: los que defienden que el carnaval sea este espacio de libertad en el cual las normas se suspenden, y quienes plantean que no hay que hacer un humor que estigmatice a determinadas minorías o prácticas.

Una murga muy importante, La Gran 7, el año pasado salió con un planteo muy fuerte en ese sentido, que fue interesante porque puso el tema sobre la mesa: “Que cada cual haga de su murga un pito, en la fiesta no hay delito más que la solemnidad”, decían. Yo creo que tomar postura en este tema es muy difícil porque no admiten una sola respuesta, en principio lo que cantan me gusta mucho, pero cuando lo veo aplicado en la práctica entiendo también a quienes le dicen basta a este tipo de humor.

Junto al tema del humor, la propiedad del Teatro de Verano y la participación femenina también han sido temas recurrentes en este 2018 

En relación a la polémica por la participación femenina en la murga,  yo creo que esa discusión tiene que ver más con lo artístico que con lo político, entiendo que allí no hay una censura a la participación femenina, sino más bien que se considera que la murga tiene determinados parámetros estéticos por los cuales a veces es difícil que un coro integrado por mujeres logre el sonido que supuestamente deben tener. Tanto aquí, como en el tema del humor, aun cuando sean polémicas diferentes, creo que tienen la virtud de reactualizar y mantener vivo al carnaval porque generan mucha pasión.

Ahora bien, la polémica sobre el teatro de verano es muy compleja. El teatro de verano es un teatro municipal, y por una situación muy excepcional, DAECPU (Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay) que es la gremial que reúne a los dueños de los conjuntos logró que la intendencia le ceda durante la realización del carnaval la explotación del espacio. Esa concesión desde el vamos muy excepcional para lo que son las normas con que se manejan este tipo de cosas, se otorgó durante la dictadura, para darle sustentabilidad económica al carnaval, cuando en los años 60, en el marco de la crisis, los premios del concurso comenzaron a hacerse cada vez más magros, y peligró la continuidad del festejo. Así,  el intendente de la dictadura, ante el dilema de que no se sabía si habría o no carnaval, le ofreció a DAECPU la concesión del teatro de verano durante el tiempo que dura el carnaval, y todo lo que allí se vende, y el pago de entradas, lo recauda DAECPU. Algo que se mantiene hasta el día de hoy, y que para algunos ciudadanos montevideanos que no son tan carnavaleros es simplemente excesivo.

Ahora, todo esto se complicó cuando DAECPU, no contento con lo que tiene empezó a reclamar a principios de este año poco menos que se le  entregue el teatro, y, curiosamente, más allá de que hubo voces que se escandalizaron, el presidente Tabaré Vázquez manifestó que había que discutir el tema, lo que causó bastante escándalo, que se cerró por ahora, pero no creo que definitivamente.

¿En medio de estas polémicas, cuáles crees fueron los puntos más fuertes o diferenciales del Concurso 2018?

Entre todo lo que pude ver me llamó mucho la atención Falta y Resto, que salió muy revolucionaria, integrada por mujeres y por hombres, lo que le ha dado un perfil muy particular, y causó mucho revuelo porque es un título muy tradicional animándose a un formato totalmente distinto.

También creo que ya está muy afirmada la murga joven y los nuevos lenguajes que trajo al carnaval mayor, dándole una forma distinta, que ya está un poco presente en todas las agrupaciones, porque los jóvenes conminaron a los viejos a repensarse.

Luego también me interesó la vuelta de ciertas murgas como Saltimbanquis, una murga que ha vuelto luego de 20 años, que se identifica con la tradición más rancia del carnaval montevideano,  y que volvió de la mano de Claudio Rojas, protagonista de cuplés históricos, que puso en escena esta cosa de la incorrección política que antes mencionábamos, generando un debate sobre cuáles deberían ser los caminos del carnaval en el futuro.

De los 37 conjuntos del Concurso Oficial, los 24 que clasificaron a la Liguilla son:

Murgas : Cayó la Cabra, Curtidores de Hongos, Doña Bastarda, La Clave,La Gran Muñeca, La Mojigata, La Trasnochada, Los Saltimbanquis, Momolandia, Patos Cabreros

Parodistas: Los Muchachos, Momosapiens, Nazarenos, Zíngaros

Revista: House, Madame Gótica, Tabú

Humoristas: Cyranos, Los Chobys, Sociedad Anónima

Negros y Lubolos: C1080, Sarabanda, Tronar de Tambores, Yambo Kenia