Para los fanáticos del reggae, Kingston, la capital de Jamaica, está repleta de lugares sagrados. Los entusiastas seguidores de Bob Marley llegan a la isla para rememorar cada lugar que marco su vida.

Bob Marley ha sido una persona extraordinaria, tanto en lo que concierne a su vida personal como en el ámbito de la música. Personas de todo el mundo pasan días o incluso semanas siguiendo los rastros de la leyenda en la ciudad donde nació el reggae. Kingston es la «piedra angular del reggae», a pesar que sus sonidos y colores se hacen presentes a lo largo de toda la isla.

Por supuesto, lugares representativos de aquellos días de finales de los 60’s y la década del 70 hay a montones por donde pasear. Greenwich Park Road es donde Marley puso su tienda de discos Wail ‘N’ Soul ‘M en 1967; los Studio One de “Coxsone” Dodd, en Brentford Road, donde los Wailers hicieron algunas de sus primeras y más famosas grabaciones; y el estudio Black Ark de Lee “Scratch” Perry.

Cerca de Irish Town, sobre las colinas de Strawberry Hill, está la antigua residencia de Chris Blackwell, el famoso productor de Island Records. Un lugar que hoy es un elegante resort y donde Marley pudo refugiarse después del atentado de diciembre de 1976 que más adelante relatamos. También está el Estadio Nacional, donde se celebró el gran concierto por la paz «One Love» en 1978, y la cercana National Arena, donde se llevó a cabo el funeral de Marley en 1981.

Todos estos lugares son legendarios para la historia del reggae, pero hay dos en los que vale la pena detenerse en detalle. Allá vamos!

 Lugares notables para la historia del reggae

Dos de los lugares más destacados, y que conservan con mayor fuerza el espíritu de Bob Marley en Kingston, son las viviendas en 1st Street en Trench Town, donde realmente comenzó su carrera musical; y su casa en el 56 de Hope Road, una de las más visitada en todo el Caribe.

Probablemente si te gusta el reggae habrás escuchado una de sus canciones más famosas que comienza con la cita «Recuerdo cuando solíamos sentarnos en los jardines gubernamentales de Trench Town”. En la parte noroeste del centro de Kingston a finales de la década de 1950 se trazó la cuadricula de calles estrechas de este suburbio. Anteriormente en esta zona se ubicaba el principal vertedero de basura de la ciudad, conocido como el «Dungle», y que estaba rodeado de viviendas muy pobres y ocupadas ilegalmente, similar a nuestras villas. Estas casas fueron destruidas por un huracán y fue cuando el gobierno de Jamaica proyectó la construcción del nuevo vecindario. La zona consta de edificaciones de una o dos plantas levantadas alrededor de patios centrales comunes, con cocinas comunes, que eran habitadas por varias familias. Era, y es aún hoy, uno de los más pobres.

La madre de Marley, Cedella Booker, había llegado a la capital desde el barrio de Nine Miles en St. Ann, donde había crecido. En busca de una oportunidad, en 1957 se instaló en uno de los edificios en la 2dn Street, en la parte sur de Trench Town. A pesar que había llegado con grandes esperanzas fueron tiempos difíciles para ambos, al mismo tiempo que Jamaica luchaba por independizarse.

En este contexto el joven Bob pasaba de escuela en escuela, de baile en baile y junto con su amigo «Bunny» Livingstone comenzaron a relacionarse con la doctrina rastafari. Apenas unos años después, en 1960, comenzó a tomar clases de música que impartía Joe Higgs en la 3rd Street.  Fue justamente Higgs quien le presentó a Peter Tosh y lo animó a cantar.

En 1962 su madre decidió mudarse a Estados Unidos y Bob se quedó en Jamaica a la espera que ella pueda juntar el dinero suficiente para su viaje. El problema era que siendo soltero y joven, el no calificaba para seguir en la vivienda de Trench Town y tuvo que dejarla. Fue entonces cuando Vincent Ford lo ayudó. Marley había conocido a Vincent cuando éste cocinaba y vendía comida que hacía en la cocina común en 1st Street. Era su compañía y apoyo mientras el músico practicaba con su guitarra por aquellos días.

Ford no tenía una habitación libre pero se ocupó de arreglarle un rincón para que durmiera en la cocina común. En el patio, Marley y sus amigos practicaban con su música, aprendían armonías y a su vez iban ganando fama en el vecindario en gran parte gracias a su habilidad vocal.

En aquellos días, George Headley Robinson, un pescador que vivía en el vecindario, encendía fogatas e intentaba instruir a Marley y sus amigos en las doctrinas rastafaris. Parte de esos momentos han quedado inmortalizados en la famosa No Woman, No Cry: «… In the government yard in Trench town, And then Georgie would make the fire lights…» – Y luego Georgie encendía el fuego, dice traducida.

De estos vecinos que se reunían para escuchar y tocar música surgiría el sonido que cambiaría la música mundial.

 Muchas décadas después, los edificios de 1st. Street, a la sombra de árboles de mango, fueron restaurados y rebautizados como Trench Town Culture Yard. Es un pequeño museo que retrata los primeros días de Bob Marley, el reggae y la formación de esta comunidad.

El Culture Yard no era muy frecuentado por turistas, ni locales, debido la mala reputación del barrio, pero la Oficina de Turismo de Jamaica, junto con otras empresas, hay ayudado y  organizado visitas a las calles de West Kingston. Ahora se exhiben objetos, hay música en vivo y visitas guiadas con residentes del lugar. Es realmente revelador el poder entrar  en uno de los pequeños cuartos o apartamentos, pensando que eran habitados por toda la familia.

Entre las reliquias está una de las guitarras con las que Bob aprendió a tocar y la vieja silla, con el respaldo roto, donde solía sentarse. Además de su biblia, la cama que compartiría más tarde con su esposa Rita en la cocina del fondo, y la vieja y oxidada furgoneta Volkswagen que usaban los Wailers para sus giras en Jamaica.

La última casa, hoy su museo

En la ciudad podrás visitar los museos dedicados a Bob Marley y a Peter Tosh. El primero de ellos alojado en la que fuese la última casa del músico y el sitio de tantos eventos importantes en su vida, inclusive escenario del intento de asesinato. Este hecho ocurrió en 1976 cuando Bob, quien se mostraba cada vez más radicalizado en su defensa contra la violencia política en Jamaica, resultó herido junto a su esposa tras una ráfaga de disparos de personas anónimas. Pese a esa situación, y recuperado de algunas heridas, realizó un histórico concierto en señal de protesta. Sin embargo, más tarde, tuvo que viajar a Bahamas para recuperarse, desde donde viajaría a Inglaterra para pasar dos años en un exilio autoimpuesto.

Marley fue propietario de la casa hasta su muerte en 1981. Diagnosticado con cáncer en 1977, pasó su último año en tratamiento en Alemania antes de sucumbir a su enfermedad en Miami de camino a su hogar en Jamaica.

La casa en 56 Hope Road fue finalmente convertida en el Museo Bob Marley. Está a solo unos 5 kilómetros en línea recta de su primer hogar en Trench Town, pero mucho más lejana en cuanto a mundos sociales. La pobreza de Trench Town es lo opuesto al vecindario donde está el museo, con solo imaginar que a la vuelta de esquina está la King’s House, la residencia gubernamental y zona de los restaurantes y tiendas más exclusivas de la ciudad.

La Fundación Bob Marley tiene su sede en este lugar, y aún sobrevive parte de la atmósfera de la década de 1970, cuando grupos con grandes rastas, músicos, periodistas internacionales y ejecutivos discográficos lo habían convertido en el punto de reunión.

Primero fue la casa del propietario y fundador de Island Records, Chris Blackwell, pero en 1974 se la cedió como parte de un contrato entre ambos. Marley también mantuvo otras casas en otros lugares de Kingston, pero el 56 de Hope Road fue su lugar principal en la isla. Finalmente, construyó en el lugar el estudio de grabación Tuff Gong, junto a una pequeña tienda de discos.

El museo hoy mezcla lo mejor de la tecnología, con hologramas del músico y objetos únicos de su vida personal y cotidiana, en cuartos más modestos que tratan de mantenerse como en aquellos años. En la cocina de arriba se exhibe hasta la licuadora con la que solía preparar su jugo favorito de zanahoria y remolacha. En la cocina de la planta baja, aún se pueden ver los agujeros de bala de la noche del atentado de 1976.

Es claro ver como muchos de los visitantes, fanáticos, quedan abrumados por la emoción. Especialmente cuando los guías cuenta historias que ocurrieron en cada una de las habitaciones ligadas a muchos de los objetos presentes. Por ejemplo, la chaqueta de jean favorita de Marley, guitarras, los vestidos que usaban las I-Threes (sus coristas). El dormitorio de Marley se conserva como cuando él lo ocupó, con sus muebles e inclusive alguna de las ropas de cama. Otra sala está repleta de recortes de prensa internacional: entrevistas, reseñas de conciertos y álbumes.

Por último, en el patio exterior a la sombra de los árboles, hay un pequeño y bien cuidado jardín. Entre la hierba se levanta una estatua de Marley que parece contemplar su legado. Es el lugar perfecto donde los admiradores y sus discípulos, más jóvenes y más viejos, la mayoría con rastas, se reúnen para recordarlo, como aquellos días en que tocaban la guitarra en el viejo patio de Trench Town.