La cantante salteña Nadia Szachniuk pertenece a una rama de artistas con tradición folklórica que, con diferentes propuestas, llevan la música popular por todo el país.

Su formación musical comenzó desde temprana edad influenciada por Gustavo “Cuchi” Leguizamón, el dúo Hermanos Nuñez, Eduardo Falú, Mercedes Sosa y toda una generación de cantores, compositores y poetas norteños. A los 8 años inició un largo recorrido coral que continuó hasta la actualidad en el Coro Nacional de Jóvenes. “Siento que la música me inició a mí porque no puedo, ni quiero, evitar hacerla o escucharla y eso atravesó toda mi vida”, afirmó Nadia en relación a su vocación.

Reside en Buenos Aires desde 2001, donde estudió musicoterapia, música antigua y canto lírico. También se dedicó a realizar composiciones para obras de teatro y participó como solista en diversas producciones de ópera.

A lo largo de su trayectoria, ha trabajado junto a Juan Falú, Facundo Guevara, Didi Gutman, Diego Rolón, Marcelo Moguilevsky, Nuria Martínez, Tonolec, Cuti y Roberto Carabajal, María Paula Godoy, La bomba de tiempo y la Orquesta Sinfónica de Salta, entre otros.

En sociedad con la cantante y violonchelista Eva Sola, editó “Vidala”, trabajo con el que obtuvieron el Premio Gardel “Mejor Artista Nuevo de Folklore 2012”. En el mismo año participó del álbum Criollo, un proyecto de folklore electrónico llevado adelante con los músicos Martín Bruhn y Lisandro Aristimuño.

Próximamente la cantante lanzará Luna Atrás, un disco con un atractivo repertorio integrado por canciones de cuna. Este nuevo material lo presentará en el norte del país, donde también dará talleres de canto, piano y composición. Estará el miércoles 27 de julio en Humahuaca (Don Heriberto Resto Bar) y el jueves 28 de julio en Purmamarca (Aisito Nomás Bar), luego de su paso por Tucumán y Salta.

En su gira norteña, Nadia Szachniuk charló con Palabras sobre su nuevo trabajo discográfico y sus próximos recitales.

¿Cómo combinás la ópera y el folclore en tu carrera?

No busco una fusión o una combinación de una música con otra sino, más bien, creo que busco naturalmente potenciar los puntos de encuentro entre lo académico y lo popular. Me interesa quedarme con lo más honesto de cada música, más allá de los géneros o de un estilo. Para eso hay que estudiarlos, curtirlos, vivirlos. Y después canto. Las experiencias que voy acumulando sabrán integrarse en una manera propia, supongo. Hay un poco de búsqueda y otro poco de intuición. Hace un tiempo entendí que lo que uno hace es eso nomás. Trato de no identificarme tanto con lo que hago, por no confundir mi ser con lo que hago para ser. Aunque, por supuesto, lo que uno hace va transformando al ser, y a otros seres. Ahí está la responsabilidad que implica lo que uno hace y, a veces más importante, cómo uno lo hace.

¿Qué cambió en vos y tu música cuando viniste a vivir a Buenos Aires?

Muchas veces sufro de nostalgia por el paisaje salteño, la gente, los ritmos, el sol, por algunas palabras que se apagan en la memoria. Sin embargo, Buenos Aires me dio y me da tanto que aquí estoy. Y agradecida.
En Buenos Aires tuve la posibilidad de conocer de cerca a muchos de mis referentes músicos, artistas y docentes, de mi generación y de las que me preceden. Aprender de ellos e intercambiar experiencias.
La pluralidad de oportunidades y personas de la gran ciudad, a costa de la desfederalización de la cultura y las artes en nuestro país, nos hace confluir aquí a todos los que buscamos en el arte una forma de vida. Por suerte el paisaje es algo que se imprime en el cuerpo y en la memoria y se transmite involuntariamente en las expresiones personales. Así es que ya llevo las montañas y el cemento como un tatuaje adonde quiera que vaya.

¿Cómo fue la experiencia de hacer folklore electrónico junto con Martín Bruhn y Lisandro Aristimuño?

Soy amiga de Martín hace muchos años y siempre compartimos el gusto por los ritmos andinos y folklóricos del norte. Así que cuando grabó su disco me invitó a participar con una copla. Después me invitó a la gira, fue muy divertido y muy lindo compartir con excelentes músicos algo distinto a lo que hago usualmente.

¿Cómo fue el proceso de creación de tu último disco? ¿Por qué se llama Luna atrás?

Luna atrás se llama el disco que está a punto de salir y que condensa, por un lado, un trabajo de recopilación de canciones de cuna de diversos autores y procedencias. Y por otro, es una necesidad personal de plasmar en canciones un estado, un momento en mi vida mucho más cercano a lo nocturno que a lo diurno.
Quiso ser una obra de títeres con música en vivo, después un libro y finalmente hace dos años retomé el material con la idea de hacer un disco con canciones de la noche. Armé un repertorio con canciones que abren las “aguas nocturnas”, como dice Octavio Paz. Canciones desveladas, nanas, melodías que calan la noche de las entrañas, los días que son noche, las ausencias que son una gran noche, el mar en la noche, la luna y su luz única. Luna atrás es una imagen poética que intenta resumir un poco todo lo que es la noche en mí. Tuve la suerte de encontrarme con Bruno Moguilevsky y Alejandro Starosielski, quienes además de ser increíbles músicos, desde el principio se sumaron a la travesía con todo el amor y la entrega necesarios.

Contanos sobre tu gira por el norte argentino. ¿Qué esperás que se lleve el público?

La gira será compartida con el conjunto Seraarrebol, con quienes compartimos la música muy de cerca y también nuestros días. Ellos también están a punto de sacar su disco, así que la idea fue unificar esfuerzos, los de la autogestión y los pulmones, y salir a hacer rodar nuestros cantos.
Son conciertos compartidos en Tucuman, Salta y Jujuy, y estamos muy contentos de poder hacerlo porque el proceso de composición, creación e interpretación completa el círculo cuando otras personas lo reciben. Ahí corroboramos nuestra condición humana más pura, cuando mi noche se parece a tu noche y cuando mi canto alivia algo de tu canto y viceversa. Esa es toda la expectativa que tenemos con la música: el encuentro. La magia la hacemos entre todos.