El 19 de febrero pasado, a los 84 años, falleció el reconocido escritor, filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco, y como homenaje a su figura la novel editorial independiente “La Nave di Teseo” decidió adelantar para el próximo viernes el lanzamiento de la última obra del gran intelectual, “un libro de ensayos sobre la actualidad, de 470 páginas con muchos materiales, algunos de los cuales son las “Bustine di Minerva”, sección de una página que Eco escribía habitualmente en el semanario italiano L’Espresso desde el año 2000”, explicó Mario Andreose, curador de gran parte de sus obras.

Ese libro, pero también la editorial fueron dos de los últimos grandes proyectos de “il professore”, quien fundó “La Nave di Teseo”,  junto a Elisabetta Sgarbi-ex directora de la editorial Bompiani- y los editores Mario Andreose y Eugenio Lio, también de esa firma, cuando Bompiani, pertenciente a RCS Libri, donde Eco venía publicando desde sus comienzos en la narrativa, fue adquirida por Modadori, propiedad de Silvio Berlusconi, como gesto concreto de oposición ante una  fusión que implicó, allí por octubre de 2015, el nacimiento de un gigante que hoy controla más del 40 por ciento del mercado editorial italiano.

“Pape Satàn Aleppe (Padre Satán Cuidado), crónicas de una sociedad líquida”, libro en cuyo título Eco juega con las tres primeras palabras con que comienza el canto VII del Infierno de La Divina Comedia, de Dante Ailghieri, “una citación dantesca que no quiere decir nada de preciso y por lo tanto lo suficientemente “líquida” como para estar en sintonía con nuestros tiempos”, había explicado el autor, es también según las palabras que el propio Eco escribió para el resumen de Amazon,  una obra que  “intenta reflejar la confusión de nuestro tiempo: costumbres, política y vida cotidiana de los últimos quince años, “el hundimiento de las ideologías, de la memoria y el énfasis de aparentar”.

Según Andreose, otra de las características de la obra es  la “diversión y la comicidad” con que Eco  habla de “temas de la historia y de la sociedad de los últimos 15 años”, aspecto que el editor ejemplificó recordando algunos fragmentos donde el autor “examina la identidad de Papa Francisco, por quien tenía “un gran aprecio” y que, según recordó Andreose, para Eco no era un jesuita argentino sino paraguayo, visto que los jesuitas fueron en el 1600 a Paraguay como consultores de los guaraníes para sustraerlos de la esclavitud de los colonizadores”.

Hasta tanto se confirme la llegada de “Pape Satan Aleppe” a nuestro país, el autor nos ha dejado una inmensa obra que abarca, para los interesados en el ensayo académico, una gran cantidad de títulos, con paradas obligatorias para los interesados en la comunicación, el arte y la cultura de masas en “”Arte y estética medieval”, “Obra abierta” y en el “Tratado de Semiótica General”, pero también en el paradigmático “Apocalípticos e integrados”, que a mediados de la década del 60 renovó las perspectivas de investigación de  las relaciones entre cultura popular y alta cultura.

Junto a esas obras, desde la década del 80 Eco cultivó una exitosa producción narrativa que con “El nombre de la rosa” como obra pionera y fundamental, incluye:  “El péndulo de Foucault”, de 1988, “La isla del día de antes”, 1994; “Baudolino”, del año  2000,  “La misteriosa llama de la Reina Loana”, de 2004, “El cementerio de Praga”, 2010, y  “Número cero”, de 2015, un thriller contemporáneo centrado en el mundo de la prensa.

“Desde hace más de diez años tenía esta novela en mi cabeza. Siempre he querido hablar de los problemas del periodismo, y ahora también de internet, donde se puede mentir mucho”, decía Eco en la presentación de ese libro, que cuenta la historia de “Mañana” un periódico popular  con “un estilo muy cercano al público lector: frases simples, resultonas, que atrapen la atención de quien quiere enterarse de las cosas pero no está dispuesto a pensar”,  creado en la Italia de los 90, en pleno “Mani Pulite”, para crear presión, desacreditar a políticos y rivales, crear informes, dosieres, noticias falsas y complots, una historia interesante, también, para leer a la luz de algunos debates, aún no resueltos que protagoniza el periodismo de estas latitudes, y, sin lugar a dudas, el  mejor método para despedir a todo gran escritor.