Paraje Altamira es uno de los terroirs de moda. Ubicado en el Valle de Uco, los vinos que allí se producen obtuvieron su Indicación Geográfica (IG) en 2013. Pero después de un largo debate, entre quienes proponían ampliar significativamente la zona que la IG abarca a quienes defendían que se mantuviera el territorio original, hace cinco meses se fijaron los nuevos límites de los vinos que pueden llevar la identificación de Paraje Altamira. Varios pequeños productores de la zona se reunieron en Productores Independientes de Paraje Altamira (PIPA), una organización que busca mantener la calidad de los vinos de Altamira y unirse para su promoción. Hace algunas semanas hicieron una feria en Buenos Aires en la que se presentaron. Juanfa Suárez, de la bodega Finca Suárez, una de las más arraigadas en Altamira, oficia como vocero de PIPA. Y en la feria dialogó con Palabras qué distingue a Altamira de todos los otros terruños.

¿Esta es la primera presentación que hacen en Buenos Aires?

Esta es nuestra segunda presentación. Hicimos una el año pasado, pero en el medio se definieron los límites de la denominación geográfica que estaba en disputa. Ahora tenemos los límites firmes.

¿Y cómo quedaron?

Quedó en el medio. En una ampliación que es el mal menor. Lo que querían hacer era un desastre, querían hacer “Palermo Altamira”. Quedó un poco más grande de lo que considero que tenía que ser, pero ante el desastre que iban a hacer, lo festejé. Para nosotros ferias como éstas son muy importantes porque uno de los objetivos principales de PIPA que es la excelencia del producto, es emparentar Paraje Altamira con la excelencia del vino. Es muy bueno tener feedback de la gente y probar nosotros mismos los vinos de todos es clave para en una competición sana. El prestigio lo vamos a construir a través de hacer estas experiencias. Vamos a hacer en diciembre una cata a ciegas de todos nuestros vinos con gente de la industria invitada para charlar y descubrir la identidad de Altamira. Porque Altamira siempre fue una región exportadora de uvas, históricamente se usó para mejorar vinos de otras zonas. Hay muchos vinos de otros lugares que tienen uva de Altamira sin mencionarlo actualmente. A partir de la IG empiezan a haber vinos que hablen del lugar, de Paraje Altamira. Pero esto es de 2013, así que tenemos cuatro años nada más. Nuestro laburo, que es otro de los objetivos centrales de PIPA, es descubrir la identidad de Altamira, qué es un vino de Paraje Altamira. Y emparentarlo con la excelencia.

¿Cuántos productores integran PIPA?

Somos once, todos propietarios de finca. Hacemos vinos de nuestras uvas. Las reglas para pertenecer a PIPA son tener finca en Altamira y hacer un vino con tus propias uvas. Para mí es un tema central de PIPA el ser propietarios de finca, porque eso garantiza un desarrollo y garantiza una evolución. Si yo la misma finca la vinifico y la vinifico, si no aprendo es porque me faltan dos dedos de frente. En cambio, los que compran uva pueden hacer grandes productos, pero están mucho más librados al azar. Les cambia el proveedor y ¿qué hacen? Muchos son mis amigos, hacen vinos que me encantan. Pero si viene Trapiche y dice “me llevo todo”, se quedan sin vino. O van a tener que hacerlo de otra manera. A nosotros nos une el lugar, somos vecinos. Así nos conocimos y así surgió PIPA: de comer asados y decir “che, nos tenemos que juntar”. Tenemos algo sólido y que es para siempre. Ninguno de nosotros se imagina vendiendo su finca a un grupo empresario, a una bodega más grande. Todos queremos persistir en el territorio y ese instinto de supervivencia nos hizo juntarnos. Eso es central.

Hablabas de que los vinos de Altamira tienen que definir una identidad. ¿Cuál crees que esa esa identidad?

Yo tengo una idea, pero puedo estar equivocado. Para mí, hay dos palabras que definen a Altamira: frescura y textura. Los vinos son frescos, con madurez. Podés tener un vino fresco y maduro a la vez, eso es lo lindo de Altamira. Y los vinos son muy texturados, tienen un tanino marca Altamira, presente, pero no astringente. Eso se llama textura.

¿Cuáles son las uvas que mejor se dan?

Y, Malbec. El nombre es Malbec, Altamira es el apellido. Pero hay muchas uvas que se dan muy bien: el Cabernet Franc, el Cabernet Sauvignon, en blancas Chardonnay y Semillón.

¿Es el terroir que se puso más de moda?

Hay varios lugares que se pusieron de moda, podemos nombrar tres o cuatro que están más en boca porque son de Valle de Uco, los que están más a la montaña. Hay como una cintura que dibuja que es Gualtallary, San Pablo, Chacayes y Altamira. Son cuatro terroirs que son los más altos y tienen los suelos más interesantes, sobre todo Gualtallary, San Pablo y Altamira, que tienen mucho calcáreo.

¿Y eso qué te posibilita?

El calcáreo es la textura. Para mí la textura de Altamira está muy marcada por el calcáreo y hay muchos grandes vinos del mundo que tienen suelo calcáreo: Borgoña, Champaña, Rioja, Barolo, Jerez… Son los vinos que más me gusta. Es un denominador común, nosotros lo tenemos y eso se nota: los vinos tienen un carácter y una identidad.

¿Qué diferencias hay entre Altamira y los otros terroirs?

Son distintos. Gualtallary y San Pablo son más altos, entonces los vinos pueden ser más frescos, pero a veces no logran la madurez que logra Altamira… No puedo decir que uno es mejor que otro, son simplemente distintos y eso es también algo interesante de PIPA. Nosotros estamos defendiendo nuestra identidad y nuestra identidad no es en detrimento de las otras sino en favor de la diversidad. Sería buenísimo que haya asociaciones de productores de los otros lugares. Va a ser difícil, porque ésa es también una de las características de Altamira: por estar pegado a La Consulta, que es uno de los lugares con más tradición de Valle de Uco, hay un montón de productores pequeños y familias que están hace varias generaciones como la mía. En Gualtallary o San Pablo hay emprendimientos de 100 hectáreas de empresas grandes, no les va a interesar juntarse. En Gualtallary está Catena, Zuccardi, Tupungato Wines que provee a casi todos de la uva de Gualtallary, es un consorcio empresario con inversores de afuera… No los veo juntándose para desarrollar una identidad común. En Altamira eso pasa porque somos muchos pequeños juntos.

Esa diferencia entre el productor pequeño y el grande, ¿cómo se traduce en el producto?

La calidad no está relacionada con eso. Hay grandes empresas que hacen vinos increíbles en microvinificación, y hay productores chicos que hacen las cosas mal. El productor chico no te garantiza la calidad. Sí nuestro grupo tiene un interés particular en la calidad porque si no, nos juntaríamos para desarrollarlo y comunicarlo, ya el solo hecho de que nos juntemos, nos importe y la identidad sea una pregunta que tenemos todos picando en nuestra cabeza, nos hace más interesantes. Tenemos un horizonte, no es que hacemos el vino y lo vendemos como podemos. Todos estamos comprometidos con el lugar y el producto.

¿Cuántas etiquetas producen?

43 tintos, 5 blancos, 2 espumantes y 2 rosados.

¿Y cuáles son los próximos pasos de PIPA? ¿Van a hacer más acciones de difusión, salir juntos a ferias?

Los objetivos son lograr la excelencia en la calidad y emparentarla con Paraje Altamira, facilitar acciones de comunicación y comerciales, y tenemos esta pregunta para resolver de la identidad. Ayer tuvimos una reunión antes de la feria y estuvimos toda la noche hablando de eso, de cómo hacer para encontrar una identidad respetando la diversidad de estilos. No sé, a mí me gusta que la madera siempre esté atrás de la uva, pero por ahí algunos hacen vinos más basados en la madera. No es que queremos que todos los vinos sean sin madera o con madera, pero hay cosas de estilo que podemos ir definiendo. Es un proceso muy a largo plazo, pensá que la DOCG (NdR: Denominación de Origen Controlada y Garantizada) Barolo o Borgoña, ¿cuántos años tienen? Nosotros tenemos cuatro meses de saber cuál es el límite, somos unos bebés que no estamos ni de pie. Esa pregunta de la identidad la estamos empezando a transitar y me parece el camino más interesante. Y sobre todo, porque no hay otros haciéndolo. Por eso estamos aportando pertenencia, innovación, hay muchas cosas positivas que están pasando. En febrero vienen 45 Masters of Wine a recorrer Argentina. Van a visitar a Trapiche, Zuccardi, Catena, Rutini, y a nosotros. Es algo que ninguno de nosotros sueltos iba a poder lograr. Vamos a hacer una feria similar a ésta en una finca.

¿Cómo le está yendo a Altamira en proyección y presencia internacional?

Se está empezando a reconocer. Decanter, la revista más importante, acaba de sacar una nota de vinos de Sudamérica y uno de los temas de desarrolló es tintos de Altamira y Gualtallary. Wines of Argentina, en Vinexpo, tuvo una charla de Paz Levinson de los vinos de Paraje Altamira. El desarrollo es muy reciente y todavía muy chico, pero está empezando. Y eso es muy interesante de este momento, que tenés todo por hacer. Está la pelota picando y tenemos ganas de patearla. Es un momento muy lindo. Lo sentimos, con una energía y una responsabilidad, porque esto es para siempre. Lo que nosotros hagamos y comuniquemos va a quedar.