subte

Los subterráneos de Nueva York, Paris o Londres, al igual que los de Buenos Aires, no solo constituyen los medios de transporte más utilizados por sus ciudadanos, sino que conforman verdaderos e inmensos ecosistemas culturales bajo tierra, que reúnen cada día a miles de artistas y creadores.

Pero a diferencia de lo que sucede en esas ciudades, y en la mayoría de las que cuentan con subterráneos de relevante actividad cultural, los subtes porteños carecen de una normativa específica que proteja y promueva su desarrollo, en consonancia con el marco constitucional que garantiza su ejercicio.

Y, justamente, en la búsqueda de saldar esta ausencia, el legislador porteño, Marcelo Guouman (Bloque Suma +) presentó a fines de 2016 un proyecto de Ley para la creación del Programa Arte Bajo Buenos Aires, ideado con el objetivo de promover y organizar los espectáculos culturales en los Subterráneos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

“Arte Bajo Buenos Aires (ABBA) surgió luego de una serie de reuniones que mantuve el año pasado con colectivos de artistas del subte, donde, entre otras cosas, me expresaron su preocupación por la falta de herramientas para ordenar su espacio de laburo. A partir de eso, desde el despacho comenzamos a estudiar la problemática buscando alternativas posibles, un proceso que se concretó, hacia fines de 2016, con la elaboración y presentación de esta propuesta que le da al Estado, a través del ministerio de Cultura de la Ciudad, presencia para el ordenamiento de espacios preferenciales para los artistas que desarrollan sus actividades en el subterráneo”, le explica a Palabras Guouman, sobre el proyecto de su autoría.

“Cuando hablamos de ordenamiento, y esto me parece central, nos referimos a la adecuación del espacio físico y a la protección de las condiciones de trabajo, contemplando asistencia en cuestiones como iluminación, sonido, cartelería, mobiliario, o tomas eléctricas adecuadas. Es decir, lejos de buscar censar a los artistas, el proyecto postula que el Estado tome un rol activo para la protección y promoción de su actividad”, enfatiza el legislador.

Junto a esas acciones, y dentro de la misma propuesta se plantea la creación de una aplicación para teléfonos móviles, ABBA App, para que los usuarios del subte, pero en su condición de espectadores de los distintos espectáculos, puedan participar  y opinar sobre el desempeño de los mismos, además de votar a sus artistas preferidos, para que ingresen al circuito oficial de propuestas culturales de la Ciudad.

“Desde la certeza que la cultura construye ciudadanía, el proyecto intenta dar respuesta a una situación real, con una propuesta en beneficio de los artistas y los usuarios, que, además, se acopla perfectamente con una política pública ya en marcha que busca mejorar la oferta cultural en algunos barrios de la ciudad, como el sur y el oeste porteño”, concluyó el legislador.

La situación en otras ciudades del mundo

A fines de 2015 la publicación Culturas. Revista de gestión cultural, iniciativa del Máster Interuniversitario en Gestión Cultural de la Universidad Politécnica de Valencia, publicó Análisis de normativas para artistas callejeros: el caso de los buskers, artículo donde se releva y compara la  normativa de diferentes ciudades sobre esa actividad.

Barcelona, Berlín, Dublín, Roma, Nueva York, Motreal, Londres y París son las ciudades que la investigación, que se puede leer completa aquí, releva y compara, determinando que:

Barcelona: existen dos tipos de permiso, uno para la calle y otro para las instalaciones de metro (Ajuntament de Barcelona 2012, Asociación de Músicos de la Calle y del Metro de Barcelona 2013). En el primero, los músicos reciben los permisos mediante la petición y posterior sorteo de las plazas que existen para tocar en la zona de Ciutat Vella.  Este sorteo es aleatorio y da el mayor número de oportunidades a los músicos para evitar favoritismos en cuanto a los mejores puntos de interpretación en la calle. En el segundo, los músicos realizan una prueba para verificar que realmente son músicos. Una vez aceptados se les proporciona un carnet de la correspondiente asociación de metro, con el cual se identifican en las reuniones quincenales para inscribirse en las estaciones habilitadas para tocar, en un orden aleatorio.

Berlín: se establece que antes de cuatro semanas del evento que se pretenda realizar, hay que pedir un permiso al ayuntamiento alegando: el distrito, una descripción de la actuación: lugar, hora, duración, número de participantes y desmantelamiento del trabajo, listas de posibles fuentes de ruido técnico, medidas de seguridad para adoptar y datos del solicitante para tener conocimiento de la actividad. Si esta actividad es al aire libre, se requiere de una licencia de conformidad emitida si existe una organización vecinal alrededor de la actividad. La solicitud se hace online (Berliner Rathaus 2013).

Roma: los artistas han de registrarse por la Oficina del Departamento de Cultura para obtener un permiso de una duración máxima de cinco días consecutivos. También existen dos clases de ocupación: una a largo plazo durante varios años sin renovación, y otra anual que se renueva cada año.

Nueva York: los interesados en toca en el metro han de enviar una solicitud con su actuación grabada a la MTA. Las solicitudes son examinadas y, finalmente, los 60 artistas escogidos presentan su trabajo en 5 minutos ante un tribunal compuesto por profesionales de la industria y representantes de MTA, en un día de audiciones públicas (Metropolitan Transportation Authority 2013).

Londres: se realiza un concurso llamado Rhythm of London, en el que selecciona a 70 artistas para  actuar al aire libre un día determinado, las filmaciones se cuelgan en la Web, y luego la gente vota online a sus diez favoritos, quienes, además de ganar premios, obtienen licencia para tocar durante un año en el subterráneo.

París: la RATP, la empresa transportista, creó en 1997 una estructura importante llamada EMA, una estructura que selecciona a los músicos para tocar en el metro. El jurado está compuesto por los propios empleados de la RATP y sólo se otorgan 350 permisos. Se evalúa la calidad musical, la presentación y la motivación del artista en audiciones cada seis meses. Para ello, es necesario haberse presentado a una de las dos audiciones anuales —primavera u otoño—, pasar el examen de admisión y pagar 16 euros por el expediente para tener una credencial que autoriza a amenizar a los viajeros.