Raúl Barrios es Licenciado en Psicología y profesor adjunto a cargo de la Cátedra de Psicología del Deporte de la Facultad de Psicología de la UBA. Tiene una amplia trayectoria en el campo del papel que juega el aspecto psicológico en el alto rendimiento deportivo. Para conocer algo más sobre la real incidencia de lo mental en el deporte y cuánto explica el papel de nuestra selección en el Mundial de Fútbol, Palabras dialogó con él.

¿Cuál es la gravitación real de los factores psicológicos en el rendimiento deportivo?

El rendimiento deportivo es un concepto íntimamente vinculado al desarrollo y entrenamiento de 4 grandes factores: las capacidades coordinativas; las capacidades condicionales, que se relacionan con la fuerza la velocidad, la potencia, la resistencia, etc., las capacidades táctico estratégicas, y las capacidades mentales, dentro de las que encontramos factores vinculados a la motivación, la concentración, el manejo de las situaciones potencialmente estresantes, la regulación de la ansiedad, la tolerancia al dolor, al esfuerzo, etc. y todas deben trabajarse.

Del aspecto físico, de las capacidades condicionales, se encarga el preparador físico que entrena a los deportistas en función de un plan elaborado con una metodología de entrenamiento deportivo; de las condiciones coordinativas y de las capacidades técnicas y las táctico estratégicas, en tanto, se encarga el entrenador en jefe; finalmente, de las mentales nos ocupamos nosotros, los psicólogos del deporte,  haciendo, en principio, una evaluación para llegar a un buen diagnóstico de las capacidades psicológicas de cada deportista, que luego vinculamos a la cuestión grupal observando si cada capacidad se pone en juego y al servicio del equipo. Porque no alcanza con tenerlas, sino que en instancias colectivas lo importante es ponerlas en juego en función del grupo.

¿Pero realmente, en una competencia de este tipo, puede ser determinante el factor psicológico?

Claro, principalmente en este tipo de competencias es donde el factor mental es el principal generador de desequilibrios porque, en general,  todos los deportistas que llegan a un mundial están en buenas condiciones físicas; tampoco vamos a discutir las capacidades tácticas y estratégicas de estos jugadores porque son buenos deportistas y todos llegan jugando en roles muy definidos, y muy marcados, entonces, claramente la diferencia se hace en la cuestión mental, en el manejo de las emociones, la concentración, la agresividad, que son cosas que no están trabajadas en este plantel.

¿Y que explican, en parte, porque todos nos hemos convertido en intérpretes de las caras y la gestualidad de Messi?

Sí, porque todas estas manifestaciones psicológicas en el deporte se ven a nivel corporal, porque es un universo donde el 80 % de la comunicación es no verbal, lo que nos lleva todo el tiempo a mirar las caras, el movimiento de los brazos, la actitud corporal, y a darnos cuenta que hay cierta impotencia, que no se están encontrando recursos para hacer frente a una situación potencialmente estresante, y amenazante.

En nuestra vida cotidiana, cuando se nos presenta una situación amenazante tenemos 3 opciones posibles: si consideramos que tenemos los recursos, o la estrategia de enfrentamiento adecuadas, atacamos; si consideramos que no, huimos; y la tercera posibilidad es paralizarse, justamente, por no saber si los tenemos o no. Yo creo que la selección no tiene recursos  mentales o emocionales para hacer frente a una situación que en principio se presenta como adversa, y lo que le pasa al jugador es que se va desgastando, derrumbando, desmoronando, porque no va encontrando los recursos que le permiten resolver satisfactoriamente.

¿Y en la selección no existen profesionales para trabajar estos temas?

Lamentablemente en la selección argentina hoy no hay nadie que se ocupe, y en esta instancia ya no se puede hacer nada, porque nuestro trabajo no es magia. Muchas veces confundimos psicología con magia, con prácticas esotéricas. Si uno viene trabajando con el plantel y se da una situación adversa, como puede pasar en una competencia, sí se puede ayudar, pero intervenir sin proceso previo es imposible.

El otro día empatamos con Islandia, una selección aparentemente de menor jerarquía, y con menos recursos, pero aunque muchos no lo saben, Islandia tiene una psicóloga que viene trabajando hace tres años con el plantel, al igual que México, que tiene una colega trabajando hace rato.

Los psicólogos podemos insertarnos en el deporte de varias maneras: como asesores externos, o como asesores del cuerpo técnico, y estar metidos allí en la cocina. Ahora bien, si el líder de un proceso desestima el recurso, y tiene la omnipotencia para decir: “de esto me ocupo yo”, y además escribe un libro diciendo que odia la planificación, el resultado que se puede esperar es este, porque cuando no hay planificación hay improvisación, y cuando pasa eso las cosas salen mal, en cualquier ámbito de la vida. Los equipos son lo que son en función de cómo son conducidos, y aquí claramente no existe una conducción, y la disciplina, obviamente, forma parte de todo este entramado.

¿Y qué pasa en este esquema con la cohesión del grupo, un elemento que también muchos indican está quebrado? 

La cohesión grupal pasa por dos cuestiones: la social, que implica los vínculos que se dan fuera del campo de juego, que puede existir o no;  y la cohesión de tareas que es la que involucra lo que sucede dentro del campo de juego, y se tiene que dar sí o sí. Y ahí te metés con la táctica, con la técnica, con la cuestión emocional, etc. Vos podés tener equipos donde haya una alta cohesión de tarea, y no una social, y tengan un alto grado de eficacia, y podés tener equipos donde la cohesión social es alta, la de tarea no tanto, pero también son eficaces. Si comparamos, por ejemplo, la selección de Bielsa y la de Bilardo por sus estilos de conducción, podemos suponer que había más de tarea que social en la de Bielsa, y que la cosa era al revés en la de Bilardo. Igualmente ambas eran eficaces, mientras que en esta selección yo no veo ni una cosa ni la otra.

¿Entonces, ahora…nuevamente el milagro?

Lamentablemente estamos muy atados a cuestiones mágico fenoménicas, de hecho, el presidente de la AFA reivindicó al brujo Manuel como responsable de la clasificación para el mundial. Realmente fuimos a competir a Quito con un brujo, que hasta dio una conferencia de prensa. Igualmente, esto no pasa solo en el fútbol, son situaciones muy propias del argentino y del latino en general, hasta el punto de que si uno tiene un familiar enfermo que requiere una operación a corazón abierto, y va a un cirujano y la realiza exitosamente, es muy probable que luego haga 800 km hasta Mercedes para agradecerle al gauchito Gil.

Ojo, tal vez podemos salir campeones del mundo, pero más allá de que como hincha quiero ganar a toda costa, en términos profesionales entiendo que eso no nos haría bien, porque la consecuencia lógica de este proceso, por la manera en qué se encaró, es quedar afuera en primera ronda. Nadie puede pensar en el desarrollo de algo a futuro sin contemplar las cuatro patas que te llevan a ser exitoso en ese futuro: lo físico, lo técnico, lo táctico y estratégico y lo mental. Hoy todos hablan de la importancia de lo mental, todos se dan cuenta que es un factor determinante, pero lamentablemente no se trabajó con la misma determinación sobre ese factor en ninguna instancia de este proceso.