Hasta el 18 de agosto en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín se presenta Hamlet, el clásico de William Shakespeare, con traducción de Lautaro Vilo y dirección de Rubén Szuchmacher, protagonizado por Joaquín Furriel, que se ha convertido, no solo en uno de los sucesos teatrales del año, sino en uno de los espectáculos más convocantes en la historia del Teatro.

El elenco que acompaña a Furriel, está integrado por Luis Ziembrowski, Belén Blanco, Marcelo Subiotto, Claudio Da Passano, Eugenia Alonso, Agustín Rittano, Germán Rodríguez, Mauricio Minetti, Pablo Palavecino, Agustín Vásquez, Lalo Rotavería, Marcos Ferrante, Fernando Sayago, Nicolás Balcone y Francisco Benvenuti.

Para conocer algunos detalles más de la obra y la puesta, Palabras dialogó con Rubén Szuchmacher.

¿Cuáles crees son las claves del suceso que ha tenido Hamlet desde su estreno, en un ámbito como el teatro dónde nunca 1 +1 es 2?

Si tuviera esa clave, realmente sería millonario, lo único que puedo afirmar es que trabajamos a conciencia, intensamente, rigurosamente, pero esas son todas generalidades.

Sí, es cierto, que hoy por hoy no es tan frecuente que en un teatro público se haga un clásico, y mucho menos siguiendo las líneas de ese clásico. Vivimos en una época donde todo se versiona, donde todo es pura subjetividad, y nosotros lo que intentamos hacer aquí, es que Shakespeare se exprese.

En esa línea, una clave profunda puede estar en que hemos desromantizado la obra, una decisión que surgió luego de analizar qué era lo que la cultura le había hecho a Hamlet, y darnos cuenta que definitivamente la había ocultado al extremo de que se habla mucho más sobre ella, de lo que realmente se la conoce.

Lautaro Vilo, mi coequiper en la versión, siempre decía: «Que bárbaro hubiera sido que la gente no conociera nada sobre esto, y pudiera verla aquí por primera vez». Creo que esa frase resume este deseo de hacer visible una obra que todo el mundo cree conocer pero en realidad está oculta.

¿Junto a la desromantización que antes mencionabas entiendo que también se plantearon hacer un Hamlet inclusivo?

Efectivamente, y ese fue el motor de todo este movimiento: Hacer un Hamlet que pueda ver un espectador que jamás fue al teatro, intelectuales de fuste que ya han visto muchísimas versiones, y también gente que tenga una relación con la obra muy intensa. Por eso una de las cuestiones fundamentales que nos propusimos fue hacer un Hamlet comprensible a primera escucha. Hacer una traducción y una versión que respete la idea de que frente al texto había un espectador, no un lector. Una diferencia fundamental, que muchas veces es ignorada por las personas que dirigen teatro.

El lector puede hacer lo que quiere con su versión, pero el espectador no: Siempre tiene que esperar a recibir, y nunca tiene forma de contestar. No puede plantear: ¿Me podés explicar nuevamente qué pasó?  Entonces, volver la obra comprensible todo el tiempo fue la premisa que nos condujo y, volviendo a aquello que hablábamos al inicio, también creo es una de las claves del éxito que estamos teniendo.

¿Situar la puesta en la primera posguerra también fue una decisión que tuvo que ver con ese imperativo de la comprensibilidad?

En realidad esa decisión tuvo más que ver con la búsqueda por desromantizar la obra, que fue un camino donde encontré como compañero de ruta a Kafka, y en primer lugar a El Castillo, un autor y un texto que me permitían entender lo absurdo del mundo. Así, a través de la idea de ese castillo, de ese lugar al que no se podía acceder, fue que llegué a los años finales de la primera posguerra.

En la obra, de hecho, se habla de una posguerra, entonces pensando cuál podía ser entendimos que la segunda no era adecuada, porque había principios tecnológicos fuertes, era complicado justificar la opresión de Ofelia… Cuanto más lejano fuera, sin irnos tan atrás como para quedar desconectados, era mejor, y allí vimos que la época ideal eran los años 20.

Junto a Kafka en ese recorrido que relatabas entiendo que Furriel fue la piedra fundamental para la construcción del proyecto

Uno como director no puede concebirse de manera solitaria y plantearse hacer un Hamlet sino tiene al Hamlet a su disposición. Es un rol tan excluyente, que tiene que haber un cuerpo previamente. El cuerpo y la personalidad deben estar antes que el proyecto, porque finalmente van a ser los que van a regir la construcción del espectáculo.

En ese sentido, mi encuentro con este proyecto es indisociable de un encuentro que mantuve con Furriel, donde recuerdo que le dije: “Tenés que hacer Hamlet”, casi sin darme cuenta que me estaba asumiendo en ese consejo ya como director de la propuesta.

Definitivamente, entonces, la idea de tener este Hamlet, y la forma que tiene este Hamlet, es porque está Furriel. Es Furriel con su cuerpo y su energía.

Quizás con otra obra de Shakespeare no hubiera sido así. Tal vez, si en vez de Hamlet hubiera surgido la posibilidad de hacer Romeo y Julieta, hubiera realizado un casting con pautas como quiero una Julieta así, y un Romeo de tal manera; pero en Hamlet la puesta depende demasiado de quien sea el Hamlet.

Por eso yo creo que está mal decir que este es un Hamlet Szuchmacher, es un Hamlet, Szuchmacher, Furriel, o Furriel, Szuchmacher. El teatro, por su parte, dice Shakespeare Szuchmacher, pero estoy convencido que en la historia esta obra va a quedar como el Hamlet de Furriel, lo cual me parece totalmente justo.

¿Finalmente, como fue para vos regresar al San Martín?

Lo sentí como una vuelta al hogar, parafraseando a Harold Pinter, porque de alguna manera el San Martín es mi casa, el lugar donde a los 19 años bailé por primera vez, y donde hice muchas de mis puestas, y este escenario en particular es donde hice Galileo Galilei, o mi último trabajo con Alfredo Alcón, que fue Enrique IV.

Realmente, siento aquí una sensación de mucho bienestar, me produce placer abrir puertas, entrar, como cuando uno siente que está en el lugar que le pertenece.

Para mí haber estado tanto tiempo afuera no fue lo mejor que me pasó en la vida, si bien en los 15 años que no trabajé en el teatro, y estuve afuera, hice muchísimas cosas, sigo pensando que en otra organización de la cultura, del arte, yo sería un director totalmente estable de este teatro, porque me llevo muy bien con el lugar y el lugar se lleva muy bien conmigo.

    Hamlet se presenta de miércoles a domingos a las 20 hs. en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530.

 

Sobre el director

Rubén Szuchmacher es actor, director, docente, dramaturgo y gestor en artes performáticas. Se formó en diversas disciplinas tales como el teatro, la música, la dirección escénica de ópera, la danza y la psicología social. Su producción artística incluye actuaciones y direcciones en obras de teatro en ámbitos oficiales, comerciales e independientes. Su trabajo docente, tanto en el campo de la actuación como de la puesta en escena, se ha ido desarrollando en Argentina, Brasil, Uruguay, México, Chile, Alemania, España. Realiza proyectos de gestión cultural en diversas instituciones y fue fundador de Elkafka espacio teatral. Su labor escénica ha sido reconocida por todas las entidades que otorgan premios en Argentina.