Hasta el 8 de septiembre se desarrolla en San Salvador de Jujuy la quinta edición del Festival Internacional de Cine de las Alturas, organizado por el Gobierno de  Jujuy y  la  Municipalidad  de  la  capital  provincial,  con   el  objetivo  de  integrar  las  cinematografías  de  los  países  andinos y promover el intercambio  cultural.

Más de 77 películas provenientes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela competirán por el galardón en las categorías: ficción, cortos y documental, las tres secciones competitivas de este encuentro, consolidado definitivamente como el tercero más importante de nuestro país, después del Festival de Cine de Mar del Plata y del BAFICI.

Para conocer su evaluación sobre la edición en curso, sus recomendaciones para quienes puedan acercarse al festival, e indagar en torno a las claves del rápido crecimiento de este encuentro Palabras dialogó con Daniel Desaloms, director artístico junto a Marcelo Pont de este imperdible encuentro cinematográfico.

Promediando el desarrollo de esta quinta edición ¿cuál es tu evaluación en torno a lo que está pasando con el Festival?

Creo que estamos transitando la edición más exitosa desde la creación del festival, con todas las funciones a sala llena, los talleres al tope, y un entusiasmo inusitado por parte de todas las personalidades del universo del cine de la región que están participando activamente de este encuentro que comenzó en 2014 en el puesto 97 en la clasificación de festivales de nuestro país y actualmente ocupa tercer lugar después del Festival de Cine de Mar del Plata y del BAFICI, algo que realmente nos llena de orgullo y nos desafía a seguir mejorando.

¿Cuáles crees que han sido las claves de ese crecimiento?  

Yo creo que el avance sostenido que ha tenido la propuesta año tras año se debe a la fortaleza del proyecto en sí mismo, porque un festival no se sostiene en el tiempo solo por el apoyo económico que consigue, ni por los auspicios, o lo que sea, se sostiene si el proyecto en sí mismo es sólido.

Este festival nació bajo el halo de una originalidad que es la que le da sustento: es el único festival de Latinoamérica dedicado a los países andinos, es el único festival del NOA internacional, y actualmente el tercer festival internacional de la Argentina, justamente, debido a este desarrollo.

En ese sentido, en estos años se fueron dando hitos esperables, pero que nunca creímos iban a ocurrir tan rápido, que dan cuenta de que la propuesta identificó necesidades claras: la de los chicos del NOA de poder presentar sus proyectos, y que se exhiban en el marco de un festival, como lo hacen en el marco de la competencia de cortos NOA, la de los directores de los países andinos, que encontraron un ámbito de concurrencia que antes no existía, y que los identifica, etc.

Obviamente, también es un festival que está bien organizado, que es serio, riguroso, que tiene una capacidad de convocatoria importante, y donde nada se deja librado al azar, porque un festival es un gran mecanismo donde te falla un rulemán y se te va todo al demonio.

Recién mencionabas el impacto regional de esta propuesta ¿se conecta esa línea con el Foro Internacional para un Mercado del Cine Andino que organizaron asociado al festival?   

Claramente, porque en 2016 cuando lanzamos el Foro lo hicimos para darle organicidad a esa exitosa inserción internacional del Festival mediante la generación de un espacio con capacidad de consensuar políticas de promoción de nuestro cine,  una mesa donde nos pudiéramos sentar con los organismos cinematográficos de los países andinos para idear mecanismos de difusión del cine de la región.

Igualmente debo admitir que inicialmente nosotros pensábamos que la ajenidad respecto a la filmografía de la región andina era un fenómeno que solo se daba en Argentina, pero no es así esto sucede en todos los países que la integran, y el Foro, entonces, nos da una plataforma para revertir esa situación a partir de la planificación de acciones concretas y políticas de mediano y largo plazo.

Dentro del primer conjunto ya hace dos años estamos promoviendo un ciclo itinerante, con películas del festival que rotan por las capitales de los países andinos. Algo que puede parecer pequeño pero está llamado a hacer historia porque no hay antecedentes de este tipo de acciones.

¿En ese recorrido cuáles son hoy las características que definen la identidad del cine andino?

En principio frente a la tendencia general de pensar el cine andino como algo folklórico, o relacionado a películas de montañas, de andes etc., es importante entender que la clasificación no es temática, y que no existe ninguna restricción en cuanto a ese universo. Cuando nosotros hablamos de cine andino nos referimos específicamente al cine producido por los países del bloque, películas que recorren la más amplia variedad de géneros, thrillers, comedias, dramas sociales, películas como Wiñaypacha, que este año se proyectó en la apertura, que es un film de Óscar Catacora, director de origen aymara, que nació en Perú,  que cuenta la historia de dos ancianos abandonados a 5000 metros de altura en una choza en los Andes que le partió el corazón y dejó sin aliento a todo el público.

¿Cuáles son tus recomendaciones para quienes puedan aún acercarse al Festival? 

Como director artístico realmente creo que todas las películas que se exhiben en las secciones competitivas son excelentes y tienen condiciones para ganar. En ese sentido, mi recomendación es ingresar a la web: http://www.cinedelasalturas.com.ar/2018/programacion y elegir con tranquilidad y la seguridad de que todas son excelentes.  En torno a los eventos asociados, en tanto, creo que Mi obra maestra, de Gastón Duprat, la película que cierra la semana, y cuyo final se filmó en Jujuy, es muy recomendable, y también me parece imperdible la celebración por los 20 años del Programa Nacional de Cine Móvil que se celebrará el 8 de agosto desde las 19 hs. en la ciudad cultural con un concierto de bocinas ideado y dirigido por la compositora de música experimental Carmen Baliero.