Por María Barbieri

“Al machismo no lo conozco, para nada. Porque a quien llegaba a mi vida y se ponía en machista yo le decía: “¡Raje, raje!”. Tita Merello

 

Nacido durante la década de 1880, el tango surgió de los barrios más pobres de Buenos Aires, siendo una fusión de las corrientes migratorias de la época: la herencia española, criolla y afro argentina de los siglos anteriores.

En sus inicios solamente se podía escuchar dentro de los burdeles o rancherías de los barrios orilleros e interpretado por marginales, resentidos y compadritos.

Por la década de 1920 se comenzaron a escuchar los tangos líricos, siempre interpretados por hombres, donde las letras eran banales y las mujeres burladas y sexualizadas. Pero, ¿Cuando aparecen las mujeres en la escena del tango?

Al día de hoy podemos hablar de muchas intérpretes de la escena tanguera, pero en su momento solo era signo de burla y banalización que una mujer quiera cantar y bailar libremente dentro de estos espacios. Las mujeres tuvieron que romper miles de paredes para ser reconocidas y glorificadas como los famosos cantantes y autores. Derrumbando el machismo de la época aparecieron nuestras grandes heroínas en búsqueda de respeto y atención.

Ellas no venían de las clases altas, provenían del barro, y eso mostraron en sus pensamientos, ideales y canciones.

La dama del tango

Si tuviéramos que hablar de las más icónicas, deberíamos comenzar con Mercedes Simone apodada “La dama del tango”, y conocida por romper la escena sobre la canción ciudadana. Brilló con luz propia en la escena del Buenos Aires de los años 30.

Casi por azar, debutó como cantante en 1926 en una gira por Bahía Blanca, cuando acompañaba al dúo que integraba su esposo, Pablo Rodríguez. El otro integrante, Longo, enfermó y para salir del paso alguien sugirió que lo reemplazara Mercedes. Los aplausos de la platea y los elogios recibidos dieron inicio a su camino en la historia de nuestra música.

Muchas de las canciones compuestas por ella y su marido hablan sobre la vida dentro del tango, la libertad del amor y su forma de ver la belleza interior de las mujeres de la década de los 20’.

Autora de grandes éxitos como Cantando, Milonga sentimental o Pena mulata se consagró como una de las cantantes de tango más relevantes para la época de los 30’ hasta el final de los años 60’ siendo participe de grandes obras junto a otros nombres memorables del ámbito tanguero.

La emperatriz del tango

Ada Falcón no solo fue una gran cantante de tango en su época dorada, sino también fue conocida por sus participaciones en el cine argentino.

Llamada “La emperatriz del Tango”, Ada comenzó su carrera a mediados de la década del 20’ cuando grabó su primer material musical junto a la orquesta de Osvaldo Fresedo, siendo así una de las pocas mujeres que pusieron su voz en un ámbito colonizado por hombres.

Tuvo una carrera breve pero imponente, ya que para la década de 1930 era una de las intérpretes mas influyentes de la escena del tango en Argentina. El público la admiraba por su sentir y cantar tan imponente.

Debido a sus escándalos amorosos con Francisco Canaro, con quien mantenía una relación en secreto ya que él estaba casado, Ada decide retirarse del ojo público y el escrutinio social sobre su vida privada en los años 40.

Abandonó todo y desapareció generando controversia por años, ya que las especulaciones con respecto a su desaparición eran extravagantes y hasta muchas veces exageradas. Sin embargo, unos años después, el bandoneonista Ciriaco Ortiz la encontró en un conventillo de monjas en Salsipuedes, Córdoba.

Reconocida por su canto y su belleza, Ada dejó este mundo un 4 de enero de 2002 dejando éxitos como Corazón de Oro, donde habla sobre el amor y la admiración hacia su madre; Destellos, con la participación de Canaro; y Jardín de amor.

Una mujer fuerte, multifacética, que rompió los esquemas del tango de los años 40’.

Se dice de mí

Tita Merello rompió la escena musical porteña con su gran carácter, su forma de pensar y su gran estilo de vida. Criada en un conventillo de San Telmo tuvo una vida llena de trabas, pero su fuerza la ayudó para abrirse camino a la reconocida época dorada que el tango estaba viviendo en Buenos Aires.

Comenzó como vedette y en algunas ocasiones como bailarina. Su voz tan fuerte y desmesurada la ayudó a consagrarse como una estrella en ese momento.

Su debut como cantante de tango comenzó con su primer disco que contenía dos canciones: Te acordás Reo y Volvé mi negra, que la posicionaron en la escena artística como una de las primeras cantantes de tango líricas de los años 20.

Tita tuvo un gran paso por el cine nacional e internacional sumando a su gran trayectoria papeles protagónicos de grandes producciones como La madre mía o La fuga, donde obtuvo su primer rol importante.

En 1940 se radica en México junto a su pareja, Luis Sandrini, donde filma Cinco rostros de mujer, actuación por la que obtuvo el premio Ariel a mejor actriz de reparto.

Para ella el tango era un lugar donde podía expresar sus problemas de vida, luchar por lo que creía y defender a las mujeres que en esos espacios eran constantemente agredidas. Se dice de mí y La milonga y yo son algunas de las canciones donde más remarcaba la problemática de las mujeres del tango y en el ámbito milonguero.

Durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, cabeza del golpe que derrocó a Juan Domingo Perón, se le acusó de delitos de contrabando y comenzó a tener restricciones laborales. Cada vez las producciones cinematográficas en las que trabajaba eran más caras y eso perjudicó a muchos actores a los que el gobierno acusó de peronistas, ubicándolos en la lista negra de aquella época. Debido estas persecuciones, Tita decide exiliarse en México con otros compañeros del ambiente cinematográfico.

Su vida llena de lujos, aventuras, amores y peligros termina el 24 de diciembre de 2002 en Buenos Aires. Recordada por ser la autora de Se dice de mí, Tita es un ejemplo a seguir y una mirada importante en el feminismo de los años 20.

Las historias de estas mujeres del tango nos inspiran y promueven que nuestra música ciudadana tenga otra “cara”, una más sorora, feminista e inclusiva.