Este jueves 19 de septiembre se estrenó Magalí, opera prima deJuan Pablo Di Bitonto, protagonizada por Eva Bianco, la reconocida actriz cordobesa que con los Los labios, de Santiago Loza e Iván Fund, fue galardonada enCannes con el premio a la mejor interpretación.

Filmada íntegramente en Susques, un pueblo ubicado en plena puna jujeña a casi 4000 metros de altura a nivel del mar, el Film de Bitondo, con una extensa trayectoria como editor y montajista, cuenta la historia de Magalí, una mujer del norte, que vive en Buenos Aires y tras la muerte de su madre debe regresar a su pueblo natal, donde la esperan su hijo de 10 años, para quien es solo una ausencia, y una comunidad en la que las viejas tradiciones, de las que ella descree, aún tienen sentido.

Para conocer algunos detalles más del film, que explora los desafíos de a revinculación entre una madre y un hijo, luego de años de alejamiento, pero también la particular idiosincrasia del universo andino, ese manto que desconoce y borra las fronteras entre los países, Palabrasdialogó con el director del film.

¿Por qué luego de años como productor y montajista, con un trabajo muy reconocido decidiste dar el salto a la dirección?

Soy egresado de Imagen y Sonido, así que vengo con una formación integral, y siempre tuve la inquietud de dirigir, pero no encontraba el espacio. Trabajé en sonido mucho tiempo, luego en edición en Cuatro Cabezas, y de allí al montaje de cine, un camino donde aprendí muchísimo. Luego vino la producción de documentales, un universo donde pude profundizar en todo lo referido al movimiento de las películas, una dinámica que requiere un trabajo intenso, con procesos muy largos, aunque si uno persiste llega, pero ese bichito de dirigir siempre siguió allí.

En ese camino, comencé a escribir un proyecto y junto a Sandra Gugliotta, en el rol de productora, aplicamos a Ibermedia, donde ganamos el primer fondito. Así pudimos contratar a Daniela Seggiaro, laguionista, completar algunas fichas y seguir avanzando, así que fue un salto largo, pero muy natural finalmente.

¿Y cómo surge la historia que nos cuenta Magalí?   

Mi trabajo de montajista me llevó a editar muchas pelis en Bolivia, unas 8 o 9. En ese momento vivía en Salta y me trasladaba en avión, pero de pronto la compañía aérea quiebra, y tuve que comenzar a ir por tierra, y fue toda una revelación: por la ruta es impactante ver como el manto de la cultura andina no reconoce las fronteras políticas y está en todos los países, y me empecé a enganchar con esa idea de una cultura ancestral que está muy presente, que fue el eje de lo primero que escribimos.

Luego, al año de vivir en el norte me separo, y tengo que decidir si me quedo viviendo allí o vuelvo a Buenos Aires, con lo que empecé a pensar y a imaginarme cómo eran los procesos de crianza a la distancia. Pensar en ese alejamiento y no verlos crecer, no compartir sus vivencias diarias me llevó a imaginarme cómo podría ser esta relación luego de años de distanciamiento y de no verlos diariamente. Cuáles serían sus reacciones y cómo me podría vincular en los encuentros con ellos, toda una serie de cuestiones que son eje de la otra parte de la película que es la relación de Magalí con Félix, su hijo.

¿Cómo fue cruzar en una misma historia estos dos disparadores tan fuertes, mixturarlos y que no hagan ruido?

Esa fue una gran tarea de la guionista, que tiene un talento impresionante, y con quien trabajamos en conjunto para encontrar las claves para que esas fuerzas jueguen y se contrapongan, buscando la historia, el corazón y las fuerzas que se oponían.

Todo ese proceso tuvo mucho de intuición, pero también mucho de trabajo técnico, para que cada cosa quede en su lugar, es como que uno va poniendo semillitas, semillitas, y las va cosechando luego.

Yo doy clases en montaje en Tucumán y suelo usar mucho esa metáfora de la semilla y la cosecha, porque muchas veces los relatos no funcionan porque uno no encuentra donde está la semilla de la historia, algo que puede suceder porque no sembró nada, o porque sembró y no cosechó.

¿Y en ese cruce, plantar y cosechar qué le cuenta Magalí al espectador?

Sintéticamente cuenta la historia de una mujer del norte que vive en Buenos Aires, en una pensión con su perro, y que se entera que su madre, que estaba al cuidado de Félix, su hijo, acaba de morir. Frente a eso ella tiene que volver, ir a su pueblo, a 4000 metros sobre el nivel del mar, para buscarlo y hacerse cargo.

Obviamente cuando llega se encuentra con un hijo que no la conoce, que no le habla, para quien no existe, pero que además quiere fervientemente participar en un ritual, en el que ella no cree, que consiste en llevar hasta un cerro cercano una ofrenda para detener a un puma, que anda por ahí comiéndose el ganado.  Así que mientras ella quiere regresar para no perder su trabajo a Buenos Aires, Félix quiere participar del ritual, y en esas tensiones es donde se mueve la película.

Entiendo que por la temática Susques no es solo una locación sino un condensador de sentidos, ¿cómo fue que llegaron allí y a elegirlo para filmar Magalí?

En esta búsqueda de las fronteras y la cultura estábamos tratando de llegar a Paso de Jama un pueblo que es el punto tripartito más cercano a las fronteras entre Argentina, Bolivia y Chile. Camino allí, el punto anterior al que se llega por ruta de asfalto es Susques, donde está la última estación de servicio, tiene algo de hospedaje, porque tiene minas de litio que se están explotando.

Nos quedamos una noche allí, investigando, viendo otros pueblos cercanos, y terminamos por elegir Susques, porque nos daba todo lo que estábamos buscando: la amplitud, los paisajes casi lunares, muchos de los elementos que estábamos buscando y más.

Obviamente la lejanía, era todo un tema, que nos enfrentaba a pensar qué pasa si pasa algo, cómo lo resolvemos, algo técnico o con la gente. Había un hospital, así que estábamos cubiertos, y llevamos dos cuerpos de cámaras iguales, que afortunadamente no utilizamos.

Luego obviamente había que respetar la altura, el riesgo constante de que alguien se apune, que de hecho nos pasó en la previa, por lo que terminamos con LucioBonelli, el director de fotografía, en el hospital con oxígeno.

Fue feo pero nos sirvió para tomar real dimensión de que pese a que habíamos ido mil veces, coqueamos, etc. no se podía correr demasiado porque correr era arriesgarte a terminar con un jugador caído.

¿Luego de todo ese proceso cuál es tu evaluación sobre el film?

Realmente estoy muy contento, las críticas han sido buenísimas, así que estoy muy conforme con la película, porque luego de haber trabajado mucho de técnico, me tocó conocer a mucha gente que se enamoraba tanto un proyecto que no podía ver las fallas, así que traté de evitar que eso me pase, y afortunadamente las devoluciones han sido muy buenas. El relato está muy bien armado, porque viene del guion que es muy sólido, y la actuación de Eva, es indescriptible, realmente la rompe.

¿Cómo fue que la eligieron a ella y al resto del elenco?

A Eva, que tiene la camiseta número 10 en la espalda, la elegimos a partir de una serie de entrevistas que realizamos, luego de las que surgió naturalmente que debía ser ella, tiene una habilidad increíble, se deja llevar, se mete en la aventura, y obviamente, tiene como antecedente insoslayable su premio en Cannes por Los Labios, donde trabajaba con actores no profesionales, un ejercicio que no es nada fácil, y que le permitió a vincularse sin dificultades.

Además, no es porteña, algo que para nosotros era muy importante ya que, aunque no nos demos cuenta, los porteños tenemos un acento muy fuerte, y queda muy caricaturesco cuando hacemos a alguien del interior. A Cristian Nieva, que es Félix, lo elegimos a partir de un casting que hicimos en Susques, al igual que al resto del elenco. Por eso nuestra idea es llevarla allí, que puedan verla, que es algo que tenemos que coordinar con Jujuy seguramente para el verano.

¿A horas de la llegada a las salas cuáles son ahora tus expectativas?

Pasada la instancia de los críticos, ahora el desafío es que Magalí encuentre su público. Realmente creo que hay público para todas las películas, a mí me gustan, de hecho, películas de todo tipo. Obviamente, estamos frente a una invasión global pochoclera, que no estimula el gusto por otras cosas, pero afortunadamente el lanzamiento que logró Cinetren es más que auspicioso, casi inigualable: Son  casi 20 salas de todo el país, así que estamos contentos y muy expectantes.

 

Magalí. Ópera prima de Juan Pablo Di Bitonto. Estreno 19 de septiembre.
Salas: 1 – Cine Gaumont, 2 – Village Recoleta, 3 – Village Caballito, 4 – Showcase Norte, 5 – Showcase Haedo, 6  – Village Avellaneda, 7 – Espacio Incaa Quilmes – Cine Teatro Municipal, 8 -Espacio Incaa La Plata – Eco Select, 9 – Village Rosario, 10 – Showcase Córdoba, 11 – Cinemark Salta, 12 – Espacio Incaa Tafí Viejo – Cine teatro Sociedad Española, 13 – Espacio Incaa San Salvador de Jujuy – Cine AudItorium, 14 – Espacio Incaa Tilcara – CAPEC, 15 – Espacio Incaa La Rioja – Espacio 73.